Sed

Por Emanuel Peña

El perro estaba enfrente de mí y no daba indicios de que detendría sus ladridos, estaba dispuesto a atacar en cualquier momento. Más que aterrado, estaba nervioso y sabía que si seguía así, el perro atacaría, pero eso no ayudaba a calmarme.

Soy alguien muy nervioso pero no le tengo miedo a los perros, sin embargo, cada ladrido y gruñido hacían que mi nerviosismo aumentara. Por supuesto, noté que el animal estaba más aterrado que nervioso, cosa que lo hacía más peligroso y podría lanzarse contra mi sin más preámbulos. La calle era oscura y tenía poca luz, pues era mitad de la noche. Es curioso como en momentos así, generalmente, no piensas cómo llegaste ahí, sino como salir; en mi caso, no podía pensar en nada más, sólo en la sed que tenía.

A pesar de las advertencias que siempre he escuchado, decidí salir a escondidas y contemplar la bella luna en la noche oscura, pues hoy era uno de los días donde más grande e imponente se veía. Por supuesto, mi caminata nocturna se vería mermada por los constantes ladridos de un perro encadenado a un poste. Me sobresalté cuando los escuché, pero al dirigir mi atención a la dirección en la que provenían y darme cuenta que dicho animal estaba sujeto al poste, pude tranquilizarme brevemente. El ladrido constante y el jaloneo que empleaba dicho animal era cada vez más molesto y aumentaba gradualmente, por lo que decidí alejarme del lugar, sin dejar de poner atención al perro y a la cadena que lo sostenía.

Como es de esperarse en situaciones así y con la insistencia desmedida del animal, la cadena finalmente cedió, soltando al perro, quien comenzó una carrera frenética para alcanzarme. Ya llevaba una ligera ventaja contra mi perseguidor, por lo que, al notar que se había soltado, comencé a correr, tratando de escapar de su feroz mordida. Corrí lo más rápido que mis atrofiadas y deformes piernas me permitieron pero eso no impidió a la bestia acorralarme en una esquina cerrada de la cuadra (como he dicho, no estaba aterrado pero si muy nervioso y el inminente ataque del animal aumentaba mi nerviosismo). Finalmente, la bestia se abalanzó feroz y la sangre comenzó a brotar. No puedo negar que sentí una culposa satisfacción cuando mis tentáculos atraparon a la bestia y le arrancaban la vida gota a gota succionada. También mi boca abdominal quería probar la carne, por lo que la liberé y se unió al festín carnal. No podía hacer más que mirar el espectáculo con cierto miedo y repugnancia, que a la vez era tan familiar y sereno. Cuando el horror concluyó y no quedó mas que un charco de sangre de lo que una vez fue un perro, me dirigí a mi hogar.

Caminé más aprisa hasta llegar, en donde me recibió mi gorda y alvina madre. Me conduje al estudio de mi abuelo, el cual estaba atestado de repisas repletas de libros de ciencia y magia. Lo encontré, como era costumbre, devorando un tomo bastante antiguo de un lenguaje que era desconocido para mí. Le conté lo sucedido con detalle, mientras me daba cuenta que el animal no había muerto sin dar una ligera lucha final, pues había mordido uno de mis tentáculos y éste empezaba a supurar esa podrida sangre verdosa. Mi abuelo se acerco y comenzó a limpiar y vendar la herida. Cada que mi abuelo acariciaba uno de mis tentáculos, parecía que éstos tenían vida propia, pues cada uno se movía independiente a mis pensamientos y órdenes mentales, cual mascota pasiva en los brazos de su amo. Son en total 6 tentáculos, todos de color verdoso amarillento, esparcidos aleatoriamente en mi abdomen, alrededor de mi gran boca en el estómago, la cual está atestada de afilados dientes, mismos que aparecen sin algún orden en esas encías deformes.

Mi abuelo comenzó a hablar.

—Will, sabemos que la carne y sangre humana son mejores para ti y tu hermano que la carne y sangre animal; pero no podemos delatarnos aún, pues la humanidad no está lista para saber la verdad. Su fin como especie dominante se acerca y tú y tu hermano serán los responsables de su fin inminente. Aísla tus dudas y actúa como el descendiente que eres. Por lo que te exijo, que olvides tus marchas y escapes nocturnos. El tiempo perdido no se recupera y bien puedes utilizarlo estudiando o ayudando con la reconstrucción de la casa. Los dioses proveerán y al final tendrás todo lo que desees. Ahora ve a descansar y pensar en el porvenir que te depara. —

Me marché del estudio y sin mirar a mi madre me dirigí a mi alcoba. No tardé en desnudarme y pensar, al mirar mi horrenda piel peluda de mis piernas amorfas, ¿acaso estaré listo? ¿Qué soy? ¿Cuál es mi propósito?

No encontré respuesta ni la inminente sabiduría que mi abuelo prometía. Miraba mi ventana completamente entablada sin poder contemplar la hermosa luna que se alzaba esta noche, por lo que traté de dormir. Al lograrlo, sueños de muerte y fuego inundaron mi descanso, sin embargo, lejos de sentir molestia alguna, estaba completamente sereno y tranquilo, pues la silueta gigante del monstruo en la cima de la montaña de cadáveres me calmaba, imponente, con sus 6 tentáculos moviéndolos al unísono, con la luna cubriendo su imagen, hermosa en el cielo rojo.


Imagen: http://img.wallpaperfolder.com/f/53128EC487B5/red-moon-1042×768-endlessmasqueradewall-wall.jpg

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