Se trata de ti

Por Jimena Cerón

 

Dejaré de hablar de mi porque entre la tedia y la prosa es más mentira lo que de mi verso te acoja que la sustancia misma de lo que soy en esta vida gozosa. Como destino trágico para aquellos que las circunstancias amargas siempre los acompaña, imagino entre mi descripción alusiva a lo que me mantiene feliz en esta tarde, mañana o crepúsculo, cuando termine de descargar lo que soy sin pretender ser versículo para reconocerme sin discípulo, es por el contrario una cara de angustia y desesperación lo que se dibuja en ti al mirarte en el espejo.

Sigo considerando después de bastantes veces de detenida meditación, que tú eres quien debe y no a lo opuesto, intentar que este compuesto texto llene de dulzura y no de pereza tu aguda cabeza que piensa, mientras la mía ya por ti no se interesa. Ahora me doy cuenta qué tan confundida está la introducción de un sin fin de letras que encuadradas a mis sapiencias, hace notar que es un experimentar mi forma de redactar.

Cuando a tu genio humano me refiero, casi por inercia, me doy cuenta que si ocupo la palabra genio estoy cayendo en un falso, casi tan parecido a pensar que si te comento que en esta sonante frase eres tú quien acompaña mi viaje y no los recuerdos de aquellos pillajes. Hace poco más de un veintenar de años, cuando los astros se unieron, que decís que me queréis de manera comparada con el amor de mi madre, y tras tanto desgarre asumo por mi absoluto minuto inmediato que este cabreo es tuyo, por tanto, le huyo.

Como pianista en la sutileza con sus finas manos toca las teclas de su grandioso instrumento, yo emotivamente plena, tecleo cada letra de cada palabra de cada verso de los párrafos que enuncian la forma en que comienza a tener vida cada hoja, aunque no sepas que lo hago y que lo escribo, aunque me supongas, a bien, como tu hija.

Como Tristán e Isolda, aunque no tan parecido a la historia, sin un individuo interpuesto entre ambos cuando somos ya dúo, en cambio, un sin fin de contrapesos que cada día se vuelven menos gravitacionales y considerables podríamos ser ejemplo de algo completamente insólito, excepcional, maravilloso y raro para que con su pincel aún más descabellado nos trazara el gran Dalí, donde yo exigiría que los labios me los trazara siempre en carmesí.  Mastodóntico, si hablamos de la forma en que desde el punto donde amar y odiar necesitan ser medidos, inconmensurable, si la trama de nuestros pasos deseáramos como buen recuerdo guardar, inmarcesible si el deseo de lo que representas como personas puedes causar en este atar.

Pero qué estoy haciendo, parece ahora, que tras bastantes versos estoy indispuesto confuso y perplejo sobre la forma que pese a la norma que antes a mí me había propuesto para este texto, estoy fallando, al tratarse de ti es justo que piensas que para no sentirte errónea de nuevo mentí y se trate de mí. Mentiras que si bien miras, te han hecho más dichosa que la choza que aún sin loza has llamado tu hogar; ahora te dispones a pensar que es un pesar a tu figura tener que explicar la forma de mi pensar. Pero qué quieres que haga ¡eh!, esta historia no termina porque se basa en la escritura, aunque no se trate de literatura.

El arte con esta luna menguante como ha sido desde la primera parte de esta historia que bien nos da memoria, no conoce ni se atiene a políticas así, tampoco es uso en aquellas pláticas de cualquier que como tercero quiera opinar de lo que aquí es certero.

Si bien ya no tiene sentido con lo que aquí pretendo seas entendido me muestro molesto porque en el tiempo de este texto han cambiado las circunstancias que me producían ansias y angustias de lo que tú te deslindas. No se trata de mí, ahora entiendo que tampoco de ti, no volveré, no regresaré ni pensare en lo que me llevó a decir esto, ya no será molesto el concepto que describa esto.

No estoy seguro si lo que aquí ya dicho, habla al menos de un hecho impreciso que vaya más allá de lo que yo escucho y se pueda decir que si lo escucho con tu voz decidida y pretenciosa cambia el sentido de lo merecido y ahora de lo escondido y oculto que está detrás de tu historia fatal, tan brutal como tú, con tu postura que a falta de aire se convierte desastre, y de nuevo vienes y me dices que soy yo quien se equivoca pero no es mi culpa si su persona no nota que la parte de donde yo me he postrado es opuesta a la que de donde usted me describe, sencillo, pues si se para en el horizonte usted verá como final lo que yo veo como principio y a la inversa, ¿comprende?

Repito, no se trata de mí.


Imagen: http://cdn2.all-art.org/art_20th_century/dali1/dali4

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