Sátira al carnívoro

Por Alexis Bautista

Para comenzar esta lectura partamos de dos casos:

Caso 1.

Dos amigos se ponen de acuerdo para salir a comer. Durante el encuentro platican de forma amena antes de llegar al restaurante y ya estando en él. Llega el momento de ordenar para comer. Uno de ellos pide de plato fuerte un buen corte de carne.

¿Por qué será que nos parecería absurdo si quien no ha ordenado aún preguntara de repente a quien ya ordenó: qué haces para, eventualmente, evitar una arteriosclerosis?

Caso 2.

Los mismos amigos del caso anterior vuelven a acordar verse para comer. Todo sucede igual; a excepción de que quien ordena primero es ahora el amigo que resulta ser vegetariano y por ello ordena una ensalada.¹

En este caso, a diferencia del caso primero, es común escuchar la, para nada absurda, pregunta —porque al menos no parece serlo para quien la formula:

¿Dada la dieta que llevas, cómo obtienes la proteína que la carne no te da?

Sobre lo anterior, habría algunas cosas que decir:

En el primer caso, evidentemente es absurda (o si se lo prefiere, hasta impensable) la idea de preguntar a quien ha ordenado un corte de carne, cómo puede evitar una arterioesclerosis. De entrada, no cualquiera sabe que la arterioesclerosis puede ser causada por comer carne; y, a menos de que el acompañante del sujeto del primer caso sea un nutriólogo o un médico verdaderamente preocupado por la salud de su amigo, no me imagino a nadie haciendo esta pregunta. Por lo contrario, la anterior me parece una pregunta no solo impensable, sino hasta de mal gusto y grosera, pues el simple hecho de pronunciar la palabra «arterioesclerosis» ya puede producir inapetencia.

Pero estoy siendo hilarante. Por supuesto que estas no son las razones por las cuales no se hace esta pregunta, o al menos no es la razón de mayor peso. El verdadero por qué tiene que ver con la aceptación social de comer carne. Según esta percepción, comer carne es rico y es bueno. De hecho es bueno comerla porque es rico (este argumento que apela al placer propio a costa del sufrimiento ajeno es el que mejor puedo conceder cuando de discutir acerca de comer carne o no comerla se trata), fin de la discusión.

Ahora bien, el caso segundo. Es muy común que a aquel que ha decidido seguir una dieta vegetariana, se le cuestione acerca de cómo es que obtiene las proteínas que se niega al haber dejado de comer carne. Podríamos convenir todos en que esta pregunta, lo mismo que la primera, es igual de desagradable, grosera y de mal gusto. Y es que resulta que quien la formula piensa que la única forma de obtener proteínas es por medio de la carne; se ha creído por un momento médico patentado para preocuparse por la salud de su amigo y hasta considera que, según los argumentos evolucionistas, el otro y no él —nunca él, por más que haga chistes tontos comparando al vegetariano con un conejo o con cualquier rumiante porque, según su razonamiento, solo comen zanahorias y lechugas— puede estar quedando estúpido, porque la carne es causante de que el cerebro del ser humano pudiera alcanzar el tamaño que ahora tiene (y que le permite hacer tales chistes). ¡Vaya desgracia!

Pero no, la razón de poder hacer preguntas incómodas en un caso y no hacerlas en otro es la misma: puesto que durante años ha sido socialmente aceptado comer carne y ahora se ha convertido en algo incluso necesario (o al menos eso es lo que nos hace creer —por más que sobren razones de salud, éticas y ambientales por las que debiéramos dejar de comerla), quien ha decido quitar algunos o todos los productos derivados de los animales de su dieta es fuertemente cuestionado, criticado y hasta marginado (son pocos los restaurantes que cuentan con menú, ya no vegano, al menos vegetariano).

Varias son las razones que uno podría identificar como las detonantes para caer en cuenta de que comer carne no es ni la única ni la mejor opción en tu dieta: ser testigo del sufrimiento y agonía de un ser que no muere de forma instantánea mientras un cuchillo le atraviesa el pecho y se desangra, por ejemplo; o no poder concebir la idea de que el mismo animal que está en tu plato, horas antes estuvo vivo y sentía, como tu mascota, que desde el sillón te ve mientras comes, etc.

Nunca he estado a favor de ningún tipo de proselitismo; habría que decir algo más acerca del tema. La intención es, más bien, la promoción de la tolerancia hacia una práctica que sin bien rompe con esquemas sociales, cada vez va cobrando mayor fuerza.


¹ Una disculpa por tomar como ejemplo la errónea asociación que hay entre alguien que ha decidido ser vegetariano o vegano y la reducida y estereotipada idea de que su dieta se basa únicamente en ensaladas. Me valgo de este ejemplo por servir para el mismo fin.


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