Responsabilidad Ciudadana: Dos niveles del compromiso ciudadano

Por Alejandro Rafael Lima

Las elecciones han concluido, ¡por fin!, e independientemente de por qué ganó quien ganó,  es un hecho que una nube de esperanza cubre la nación. La palabra “cambio” hace eco de rincón en rincón; más de la mitad de la población dio su voto con fe, descubriendo su pecho, amorosamente, frente a la promesa. La única garantía que tenemos es un “no les fallaré”. El optimismo hacia este nuevo gobierno representa la lluvia de la nube de la esperanza. En resumen, la mayor parte del pueblo cree que la nueva gestión puede llevar a cabo un cambio significativo sobre la condición del país.

Sin embargo, ¿el cambio del país es únicamente tarea del próximo gobierno? De acuerdo al párrafo anterior, se percibe el cambio como la tarea de una fuerza superior y externa a nosotros que viene a solucionar todos nuestros problemas. Sin duda, hay problemas que necesitan de la articulación institucional y el desarrollo de políticas públicas naciones. Pero ¿todo eso es posible sin ciudadanos comprometidos? Yo creo que los ciudadanos tenemos una gran responsabilidad en la tarea de lograr una transformación positiva de la nación mexicana aunada a su próxima gestión. El incremento en la participación de votantes en esta elección es un buen paso. La elección es el primer ejemplo de nuestra responsabilidad ciudadana, pero el verdadero camino del compromiso ciudadano apenas comienza.

El compromiso ciudadano debe comenzar con el buen ciudadano. Realmente sí hay acciones individuales que en suma producen graves problemas: tirar basura en la calle; comprar cosas ilegales, piratas o robadas; no respetar el reglamento de tránsito; no ser responsable con las mascotas; dar “mordidas”; promover la “cultura” de “palanca” o “compadrazgo”; ser impuntual; evitar pagar impuestos;  etc. La mayoría de los mexicanos deseamos un país de alto índice de desarrollo humano, pero pocos hacemos algo para conseguirlo. Este nivel de compromiso ciudadano no debería ser una exigencia, debería ser la regla. Estas pequeñas acciones pueden hacer un cambio significativo en la condición del país, y es algo que depende primordialmente de nosotros, los ciudadanos, no de un gobierno.

Por otro lado, el compromiso ciudadano debe transitar al compromiso político. Si bien los servidores públicos tienen el deber de cumplir sus promesas y hacer su trabajo de la mejor manera, así mismo el ciudadano tiene el deber de vigilar, exigir, colaborar y apoyar en las políticas públicas inmediatas de su comunidad. ¿Sabes quién es tu diputado distrital, cómo puedes contactarlo? El ciudadano tiene el deber de involucrarse activa y permanentemente en las cuestiones políticas de su comunidad. Con ello, los ciudadanos podemos tener un papel más significativo y con mayor impacto. Pero esto sólo es posible si nos organizamos, planeamos y exigimos políticas que emerjan genuinamente desde los habitantes mismos. ¿Quieres realmente un cambio? Promuévelo con tu colonia, con tu pueblo, con tu comunidad; organízate, haz asambleas, contacta a tus representantes políticos inmediatos; acude a las instancias correspondientes para exigir y denunciar; trabaja de manera colaborativa para ese cambio.

El buen gobierno es tarea de todos.


Imagen: http://www.corpaffairs.com.ec/responsabilidad-ciudadana/

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