¡Rescatemos la Normal!

Por Aarón Rojas

 

El pasado 23 de julio, tuve la oportunidad de conocer la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, BENM por sus siglas, lugar donde se han gestado, desde tiempos inmemoriales, revoluciones académicas y magisteriales al servicio de la más noble labor educativa. En sus paredes se vio gestada la creación del sistema educativo nacional, así como diversas revoluciones y movimientos nacionales, que encontraron en ella un fuerte sostén de ideales y un aliado combativo.

La estructura de esta benemérita institución  no le pide nada a sus homónimas nacionales como la Ciudad Universitaria o Zacaténco; incluso, a instituciones internacionales como la Universidad de Sevilla o Salamanca.

Nacida en el siglo XIX junto a la Dirección de Instrucción Pública, la Nacional de Maestros fue emblema de la nueva nación mexicana, su emblemática torre, reducida de 10 a 6 pisos luego del temblor de 1957. La misma se dejó vencer, luego del terremoto del 85, que derribó al ángel de su columna.

Su magnífico teatro al aire libre, de forma triangular y con gradas de cemento, da pie al mural de José Clemente Orozco bautizado como “Alegoría Nacional”; su magnífico escudo enmarca a la Minerva, diosa romana de la sabiduría; y su lema en latín nos transmite el ideal magisterial, Lux Pax Vis, himno que los normalistas entonan con devoción, el tiempo lo ha cotidianizado pero aún así, hace vibrar el alma si lo escuchas, “Luz en la inteligencia, Paz en el corazón y Fuerza en la voluntad”.

Con esas palabras se han lanzado al combate de la ignorancia, en un país que incluso ahora le sigue siendo deudor, no sólo a esta Normal, sino, a todas sus hermanas, sin poderles retribuir una pequeña parte de lo que ellas han hecho por todos nosotros.

Aguerrida, “La Benemérita”, como se le conoce ahora, ha enfrentado atentados dolorosos mucho antes de entrar al siglo XXI, la primera vez que los maestros se lanzaron a defender la Nación fue durante el Gobierno de Victoriano Huerta, cuando sus instalaciones fueron tomadas por el único delito de querer instruir a sus hermanos, en respuesta muchos estudiantes y profesores se lanzaron al capo de batalla.

Lo mismo pasaría en los movimientos del 68, pues los maestros nunca han dejado de formarse una conciencia social, que sólo da el constante contacto con el pueblo mexicano, al que ellos han decidido encomendarse. En el “Halconazo” del 71, fue nuevamente mancillada, pues a sus espaldas se ubica el casco de Santo Tomás, que por entonces albergaba el centro del poder politécnico. Cuando cayó el casco, muchos se refugiaron en “La Normal”, provocando que el gobierno entrara a hacer un baño de sangre y la separación de las demás instituciones educativas que se encontraban cerca, la Normal Superior y el barrio Universitario, fueron desalojados, dando lugar al monumento que se encuentra frente a la entrada principal de la BENM y saliendo del metro Normal, en honor a los estudiante, maestros y universitarios caídos.

En los 90’s como resultado de diferentes movimientos, nuevamente las instalaciones cayeron y se tuvo que luchar para recuperarlas, en uno de los movimientos magisteriales más grandes que se hayan visto en la historia de nuestro país, que dio como resultado la fragmentación del Sindicato de Maestros, para dar pie a la CNTE.

El tiempo hace Justicia.

Luego de ver a generaciones y generaciones de maestros, “La Normal” fue perdiendo alumnos, demanda y como resultado, presupuesto.

Como si el destino le jugara una mala broma, las constantes campañas de desprestigio magisterial encabezadas por los gobiernos del viejo régimen, dieron como resultado la pérdida de interés hacia la labor educativa en las generaciones siguientes, más visible ahora, esto aunado a la falta de seguridad laboral y poco interés por una de las carreras más nobles, que te hacen entregarte por completo a la instrucción de los menos afortunados, mandando a sus egresados a zonas marginadas o poco comunicadas, hacen perder aún más el interés, pues nadie quiere salir de su zona de confort.

El resultado del deterioro educativo es más visible en las instalaciones de “La Benemérita”, sus magníficos pasillos, antes rebosantes de alumnos y pintados de azul rey, hoy se saben vacíos o con un puñado de alumnos, con un azul que deja la exposición prolongada al sol, su antigua torre emblemática ha desaparecido, dejando huérfanos a los murales que muestran el avance de le Educación en las civilizaciones clásicas y en la vida nacional, sus antiguos dormitorios, donde los alumnos en demasía dormían como consecuencia de la amplia demanda curricular, han dado paso a escuelas primarias donde los docentes practican. Pero aun en este estado, uno puede admirar el amplio complejo que deja entrever su antigua gloria.

Apenas se han comenzado a recuperar las instalaciones, eso es tarea fácil, lo difícil va a ser el poder recuperar la dignidad que le ha sido robada a la labor magisterial, muchos pueden repartir culpas, pero quejarse no resuelve nada.

Yo vengo de una familia que ha ofrendado toda su vida al magisterio, mis abuelos, mi madre y muchos de mis tíos formaron parte de la matrícula de esta emblemática escuela, muchos en momentos clave a nivel nacional.

Por ello, entre muchas otras cosas, me siento con el compromiso, desde mi posición, de intentar reivindicar la noble labor de enseñar, como jóvenes debemos darnos cuenta de la importancia de educar a los educadores, como se hace en las escuelas normales. Pues todos en algún momento hemos de necesitar a un maestro; y muchos pueden intentar enseñar o jugar a la escuelita, pero es sólo en instituciones como la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, que se forjan los únicos y verdaderos educadores de México.


Imagen: http://www.mexicoenfotos.com/MX13229838201258.jpg

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