Recreación y dialéctica del mundo

Por Fernando Rocha

los hechos nunca hablan; sólo yo…
Conceptos y categorías,
Isaiah Berlin

Universo simbólico

El universo sensible es incognoscible, aun cuando se le desmenuce, jamás se sabrá su motivo y su fin, por qué es. Pero el hombre creó un universo simbólico, quizá involuntaria e inconscientemente y por ello ahora esta inadvertencia es materia de las ciencias sociales, el arte y la filosofía. ¿Por qué cierto comportamiento electoral, qué es la belleza y para qué la ética? Quizá haya tantas preguntas como tantos descuidos sobre esta invención simbólica. No obstante, ¿este universo simbólico, por ser obra humana, es cognoscible? Quizá sea a-cognoscible: sin conocimiento no por ser inalcanzable a la cognoscibilidad humana sino por ser dependiente de la interminable creación humana. El universo físico, si no ha completado su desarrollo, es estable y aparentemente lineal, pero el pensamiento humano es discontinuo e inacabable.

El universo sensible está teñido del universo simbólico: las grandes mociones naturales son desastres porque son malas, lo nominado plaga es dañino y debe ser exterminado. Si hay acontecimientos es porque significan. Nada acontece y nada es valorado si no significa para el hombre. Las flores no son fragantes si no hay quien las olfatee y aprecie. Mas el universo simbólico es un embutido de sí: es un teseracto. El universo simbólico es interminable porque está en constante recreación: lo que hoy es valioso ayer era execrable y viceversa. Revísese la historia de la filosofía, sus tesis sobre ética, estética y política. Si existe una diversidad de opiniones no es, como decía Descartes en Discurso del método, porque los hombres estén igualmente dotados de razón pero la empleen diferente, porque la apliquen mal y yerren en el descubrimiento de la verdad, porque la razón no invente lo falso sino el hombre. Si existe una diversidad de opiniones es porque lo peor repartido es el universo simbólico y las verdades que den validez a cosmovisiones determinadas. Para que haya una verdad no absoluta pero sí objetiva y universal, menester sería criar igual y paralelamente a toda la humanidad.

De consiguiente, cada individuo es una cosmovisión del universo simbólico, un microcosmos de símbolos derivado del universo simbólico actualmente convenido. Los valores vigentes en determinado espacio y tiempo son la educación de los hombres. Se civiliza para culturalizar. Civilizar es suministrar aquel universo simbólico que parece —valga la expresión— ser universal por ser el menos subjetivado (dotar un lenguaje, una religión, un régimen político, etc.), el cual tendrá sus variantes conforme al espacio y tiempo: culturas.

Recreación 

El universo simbólico también es lo peor repartido porque reside en cada hombre, afuera no existe, es decir, su repartición implica su deformación: alguien verá al mundo de forma distinta. El universo simbólico se hereda inevitablemente para mutarlo, imposible estabilizarlo.

¿Pero cómo cambia la cosmovisión? Con la satisfacción del deseo de descubrimiento y del apetito ontológico. El primero es connatural al hombre y el segundo, accidental. Para que un hombre vea al mundo que yo deseo, debo ofrecerle un mundo nuevo y que él también desee, pero yo doto los significados y él el significante, y he ahí el valor y poder de la recreación.

Toda recreación es semiosis: produce símbolos. Y el símbolo es tripartito: hay un representado, un representante y un intérprete, el cual evocará conforme a una areté de lo representante dada por lo representado y activada por el intérprete, la cual se manifestará primariamente en los sentimientos. Ejemplo: Nicolás visita Bellas Artes y esa visita le provoca alegría debido a que rememora un momento feliz vivido allí junto con Eulalia. Bellas Artes es el representante de Eulalia (lo representado), el intérprete es Nicolás y la alegría motivada por la visita es la areté de Bellas Artes dada por Eulalia y activada por Nicolás. Bellas Artes es signo de Eulalia. ¿Pero dónde está la recreación? Si Nicolás, antes de visitar al palacio con Eulalia, no conocía de él más que el nombre y los comentarios escuchados referidos al lugar, la recreación es la conversión de Bellas Artes como lugar con referencia polifónica a palacio en la Ciudad de México con referencia a Eulalia. Bellas Artes fue re-creado para Nicolás por Eulalia. ¿Pero entonces cuál fue su creación? La creación sucedió en el instante en que Nicolás escuchó o leyó por vez primera “Bellas Artes” y supo que era un lugar (lo cual también implica semiosis). He ahí significado y significante. ¿Qué significaba  el significante “Bellas Artes” para Nicolás antes de Eulalia? Significaba un lugar mencionado por X o Y, lo cual podría causarle curiosidad, indiferencia, etc. ¿Y después de Eulalia? Un palacio en la Ciudad de México que rememorarlo le causa alegría. Por consiguiente, hay creación cuando se dota significante y significado (imposible suministrar sólo uno al crear), y recreación cuando se dota al significante de otro significado (re-significación).

¿Y qué puede ser recreado? Todo lo que está en el lenguaje.

No obstante, la recreación opera conforme a los deseos anteriormente mencionados: el de descubrimiento y el ontológico. La recreación es posible mientras se satisfagan esos anhelos: que la recreación sea descubrimiento para el sujeto y que sea relativa a la imposición ontológica de él. Que si es recreado “Bellas Artes” —entrecomillado pues, más que el objeto, es su nominación lo recreado por ser su rostro— es porque Nicolás deseaba visitarlo y se le dote de una nueva perspectiva para observarlo y apreciarlo. Es decir, la recreación debe obrarse conforme el sujeto a recrear sea, aunque inevitablemente para que el sujeto recreador sea.

Dialéctica

Toda recreación es dialéctica de tesis, antítesis y síntesis. La tesis es el significado establecido, la antítesis el nuevo significado y la síntesis, la conjugación de ambos. La antítesis no necesariamente debe ser un opuesto a la tesis, también puede ser una maximización de la tesis —más de ese significado en vez de otro (aunque esa maximización, ineludiblemente, se convierta en otro significado)—, pero esto opera en virtud del valor ontológico del sujeto a recrear: ¿qué cosa lo hace ser más? La respuesta a ello constituirá a la antítesis.

Y así se ejerce poder sobre los hombres, implantándoles una nueva cosmovisión, recreándolos en favor de algo siempre y cuando ellos lo ignoren. Se determina su actuar con símbolos ocultos. Se les imponen valores. Cuanto más mundo se les dé, más esclavos serán.


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