Racismo: Realidad vs fantasía

Por Driveth Razo

 

“El racismo es la mayor amenaza para el hombre,
lo máximo del odio por el mínimo de razón.”
Abraham J. Heschel

Harry Potter es más que una saga de magia y hechizos, es más que la historia de un mago huérfano que trata de derrotar al mago obscuro que mató a sus padres, es más que fantasía y más que un simple libro para niños. Harry Potter es una representación de la sociedad actual, habla de lo que uno puede llegar a hacer por el poder, habla de la manipulación mediática a favor del que paga, del racismo y del gobierno corrupto, de la lucha por el “bien mayor” que muchos países dicen pelear, por hablar de muchas cosas que queremos ignorar y por lo tanto, nos escudamos diciendo que es una simple historia más.

El presente ensayo pretende demostrar que a veces la ficción literaria nos puede enseñar más de lo que creemos y que incluso les puede dejar más de una lección a los que serán el futuro. Ya que en este caso, partiendo de los aspectos más inhumanos del racismo reflejados en la saga -como la segregación y la limpieza étnica- y del racismo científico que se vivió en el siglo XIX, nos damos cuenta que la sociedad de esta ficción no es tan diferente a nuestra sociedad, ya que ambos reflejan aspectos similares de pensamiento político y social.

El racismo según J. L. Peset surge a raíz que desde “Hace más de un siglo la ciencia (…) redescubrió y, se dice, demostró que unos hombres eran distintos a otros, que esta diferencia se basaba en razones morfológicas y conllevaba una jerarquización y un derecho de opresión de los seres humanos. (Peset, 1983, p.9).

El racismo siempre ha existido y ha sido multifactorial, por ejemplo desde inicios de nuestra era, las tribus nómadas abandonaban a su suerte a los hombres más débiles que no demostraran aptitud para la caza; o tiempo después con la llegada del Antiguo Testamento, esta segregación empezó a adquirir tintes religiosos, e incluso con el descubrimiento de nuevas tierras, a los nativos se les trataba como escoria y los consideraban incluso animales. No fue hasta 1735 cuando este pensamiento adquirió tintes más científicos con Carl Linnaeus, en su  libro Systema Naturae. Él clasificó al humano en cuatro bloques, describiendo sus cualidades fisionómicas propias de acuerdo a su lugar de origen y cultura: americanus, europeanus, asiaticus y africanus.

Durante las primeras décadas no tuvo la aceptación que se esperaba. Fue hasta 1770, cuando el racismo científico se tomó como disciplina ya delimitada -aunque fue hasta el siglo XIX donde se vivió en su máximo apogeo-, adquiriendo mucha popularidad sobre todo en Gran Bretaña, cuando empezó a tener problemas para controlar a los nativos de Bengala por la gran hambruna que los azotaba debido principalmente a la falta de granos para autoconsumo, ya que eran obligados a cultivar opio para abastecer las exportaciones a China.

Cuando leemos libros o videos de la historia, nos damos cuenta que es una historia eurocéntrica ya que la mayoría de los eventos de mayor importancia ocurrieron ahí. No es de extrañar que J. K. Rowling, la escritora de Harry Potter, siendo británica haya elegido a su país como el lugar donde se desarrolla la historia. Lo que sí es de extrañar, es que tanto en la vida real como en el mundo mágico -donde Salazar Slytherin fue el precursor de la pureza de sangre, principal motivo de segregación-, el origen del racismo resida en Gran Bretaña.

Mientras que en nuestro mundo el racismo se debe principalmente al tono de piel, en el mundo mágico se da en base a la cantidad de antepasados mágicos que tengas, ya que eso determinará tu status de sangre.  Esta taxonomía surge a raíz de Salazar Slytherin, uno de los fundadores del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. En su época era común la caza de magos y brujas, por eso decía que los humanos eran inferiores, debido al poco raciocinio que tenían para creer que un “muggle” podría quemar una bruja y por lo tanto los magos eran más poderosos. Pensaba que los que debían ser perseguidos eran los muggles quienes además los deberían obedecer. Al pasar los años, lo que se utilizó como método para salvaguardar la especie mágica, se fue utilizando como motivo de segregación.

Los primeros de la élite son los sangre limpia quienes se creían superiores por no tener una gota de sangre muggle. Para preservar su “linaje”, era común que se emparentaran entre sí, como es el caso de los Gaunt donde se casaban entre primos. A pesar de ello, tal como lo menciona Ron Weasley, “la mayor parte de los magos de hoy en día tienen sangre mezclada. Si no nos hubiéramos casado con muggles, nos habríamos extinguido“. (Rowling, 1988, p.82)  Entre los sangre limpia se encuentran los llamados traidores de sangre, los que respetaban de alguna forma a los sangre sucia. Por ejemplo Sirius Black -quien fue el padrino de Harry -, huye de su casa porque sus padres seguían los ideales de la pureza de sangre. A pesar de ello, hubo algunos que sólo los aceptaban por conveniencia, tal es el caso del profesor Slughorn quien “adoptaba” a los magos que veía con un gran futuro por sus habilidades mágicas -en el caso de proceder de familia no mágica- o por la gente con la que se relacionaba -en caso de ser sangre limpia-.

Los sangre mestiza son parte de la clasificación por sangre en la saga y son la mayoría; no son rechazados por la sociedad pero no llegan a ostentar grandes puestos en el ministerio de magia ya que éste se rige por las familias más antiguas de Gran Bretaña. A pesar de que un gobierno debería ser incluyente, nos damos cuenta que en el mundo mágico lo que más pesa al final del día es la sangre -aunque esto cambia con la derrota definitiva de Voldemort-. Uno de los casos fue el del mismo Voldemort -de madre squib/sangre limpia y de padre muggle-. Ya que tuvo que ocultar su ascendencia muggle para que no lo tratasen como inferior.

Después están los sangre sucia, provenientes de una familia no mágica. Este término aparece por primera vez cuando Malfoy lo utiliza para referirse despectivamente a Granger. Tal como dice Ron: “Hay algunos magos, como la familia de Malfoy, que creen que son mejores que nadie porque tienen lo que ellos llaman sangre limpia. (…). Es como decir “sangre podrida” o ” sangre vulgar” “. (Rowling, 1988, p.82) Detrás, están los squibs, personas que a pesar de tener familia mágica, no lo son. Gaunt por eso comparaba a su hija con “repugnantes muggles”. Los enviaban a colegios muggles debido a que “esa solución era mucho más altruista que intentar buscarles un lugar en el mundo mágico, donde siempre habrían sido individuos de segunda clase“. (Rowling, 2005, p.174)

Después de los squibs, están las personas no mágicas o muggles. Uno de los casos donde se puede ver el rechazo a los muggles es cuando Gaunt se entera que su hija Merope estaba enamorada de uno: “¿Mi hija, una sangre limpia descendiente de Salazar Slytherin, coqueteando con un nauseabundo muggle de venas roñosas? (…] ¡Inepta! ¡Repugnante squib! ¡Sucia traidora de sangre!”. (Rowling, 1988, p.89)

Luego están los híbridos como los hombres lobo, gigantes o duendes. Al contrario de los muggles, estos sí pertenecen a la sociedad mágica, pero hay una gran segregación entre ellos y los magos ya que son tratados como escoria y con algo de temor por la mayoría de los magos; y al finalizar, tenemos a los elfos domésticos, los verdaderos esclavos de esta sociedad. Los elfos son los que más sufren debido a su imposibilidad de huir ya que sólo pueden ser liberados por la familia a la que sirven y nunca pueden hablar mal de ellos o revelar sus secretos.

Después de observar esta clasificación, nos damos cuenta que el racismo científico del siglo XIX no fue tan diferente al racismo dentro del mundo mágico. A pesar de que dentro del mundo de Harry Potter la clasificación sólo se daba en base a los antepasados mágicos; en el mundo real, el racismo científico se basaba en la antropología -en la medida del cráneo y del color de piel, entre otros-.

Una de las corrientes más aceptadas fue la Ley del mundo donde se decía que los europeos eran más inteligentes y que por lo tanto si los africanos los obedecían, ambos iban a alcanzar la felicidad. Estas ideas provocaron el regreso de la esclavitud o de trabajos más forzados. Tal como los elfos e híbridos que trabajaban para los magos, los negros trabajaban bajo el mando de los blancos.

Con el poema del escritor británico Rudyard Kipling La carga del hombre blanco, en el que se dictaba que era casi una obligación civilizar a los salvajes de los pueblos conquistados, fue cuando empezó a haber un cambio en la forma en la que se le trataban a las personas que no eran blancas. Se les dejó de tratar como bestias y se les empezó a tutelar, así las personas de color podían desarrollarse en su ámbito más nunca debían de tratar de escalar socialmente. Estas líneas de pensamiento provocaron un cambio de políticas sobre todo inglesas, a tal grado de quitar a los africanos de los puestos de gobierno bajo el pretexto de que sus administraciones nunca podrían igualar a las de los blancos.

Para exponer las diferencias étnicas se llevaron a cabo exposiciones conocidas como zoológicos humanos desde 1870, en donde las personas exhibidas tenían una descripción sobre sus características y lugar de origen, (cabe decir que los científicos de la época creían que esto era necesario para educar a la población ya que se les obligaba a que actuasen de acuerdo a sus costumbres), el público estuvo más asombrado por el salvajismo de estas personas exhibidas que por las precarias condiciones en las que se encontraban. Muchos de ellos les arrojaban comida, se burlaban y hacían comparaciones con los primates e incluso se molestaron por que los exhibidos comenzaron a demandar salarios.

La idealización de la superioridad biológica de los caucásicos y su gran obra civilizadora se la debemos a Vogt, Broca, Huxley y Haeckel. Aunque también hubo otras clasificaciones como la de Knox, Morton, Darwin y Galton. A pesar de las diversas teorías y clasificaciones, todas desembocaban en que la dominación a los negros era la única alternativa y el imperio era la única opción. El imperialismo trajo la extinción de muchos pueblos indígenas como los aborígenes de Australia; los Khoisan, Bosquimanos y Sandals Kalahari en África Austral; los indios pampas en Argentina y las tribus de Nueva Zelanda. Los negros, los esclavos, los aborígenes australianos, los indios, así como las mujeres en general, etc., fueron condenados a una inferioridad biológica inalterable por parte de la biología evolutiva durante todo el siglo XIX. La gran ciencia situó a todos estos grupos en un plano de inferioridad ajustada a los intereses de la burguesía blanca. De esta forma, el genocidio y exterminio del siglo XIX por parte de las colonias sobre pueblos indígenas, quedó legitimado al fundamentarse en el orden racional de la naturaleza humana, tal y como quedaba definido por las ciencias naturales.

Tomando como ejemplo la vida real, como la descrita en un mundo ficticio, nos podemos dar cuenta que no porque sea una simple historia más, significa que no puede dar una lección que tal vez de otra forma los niños no la comprendan hasta que ya sean adultos. Si logramos mezclar la ficción con la realidad, se pueden crear cosas tan fantásticas que será muy difícil olvidar lo aprendido a tal punto de que ya no sigamos repitiendo los errores del pasado y podamos aspirar a un mundo mejor.


Referencias:

  • Sánchez-Arteaga, J. M., Sepúlveda, C., & El-Hani, C. N. (2013). Racismo científico, procesos de alterización y enseñanza de ciencias. Magis. Revista Internacional de Investigación en Educación6(12), 55-67.
  • Sánchez Arteaga, J. M. (2008). La biología humana como ideología (Human biology as ideology). Theoria. Revista de Teoría, Historia y Fundamentos de la Ciencia23(1), 107-124.
  • Sánchez Arteaga, J. M. (2007). La racionalidad delirante: el racismo científico en la segunda mitad del siglo XIX. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría27(2), 111-126.
  • Peset, José Luis. Ciencia y marginación. Sobre negros, locos y criminales. Madrid: Ed. Crítica, 1983.
  • Gobineau, 1884.cit. Luís César Bou. África y la historia, 2001. P. 29.
  • Rowling, J. K. (1998). Harry Potter y la cámara secreta. Reino Unido: Bloomsbury Publishing.
  • Rowling, J. K. (2005). Harry Potter y el misterio del principe. Reino Unido: Bloomsbury Publishing.
  • Rowling, J. K. (2007). Harry Potter y las reliquias de la muerte. Reino Unido: Bloomsbury Publishing.

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