¿Quién quiere vivir para siempre?

Por Teolinca Velázquez

 

Cuando el amor debe morir

El ser humano busca la eternidad. Busca vencer a la muerte de muchas maneras: alargando cada vez más la etapa de la juventud, corriendo a vivir el mayor número de experiencias, inmolándose a través de sus obras. El ser humano no quiere morir, por eso le tiene miedo a todo lo que signifique un final:  le teme al duelo, le teme al compromiso, le teme a la muerte, le teme al amor.

Dentro de un proceso paradójico, el hombre busca la eternidad de su persona pero no de sus vínculos sentimentales, porque éstos siempre tienen un fin ya sea con un  distanciamiento, con un rompimiento o con la misma muerte. De alguna forma se ha podido burlar la muerte física de muchas maneras reales o simbólicas, pero lo terrible del desamor no es algo que se haya aún podido capitalizar. Los vínculos afectivos, de cualquier tipo, se han vuelto cada vez más porosos y hasta inexistentes ya.

Y el desamor no sólo se vive en una pareja, se puede vivir con los padres, con la familia, con los amigos, con una comunidad. En cualquier momento, cualquiera de los enlistados puede dejar de sentir amor por nosotros y llevar la relación a un término; ante ello, la sociedad ha sido muy lista para crear antídotos que eviten el tan temido duelo: desde la negación de la existencia del amor hasta la adopción de mascotas: una mascota puede morir pero nunca te habrá dejado de querer, en cambio un no tan buen día podemos disgustarnos con nuestra familia y no volverla a ver o descubrir que la persona amada nos ha dejado de amar. Se trata de un golpe al ego; cuando el amor termina, si es por la muerte nos hace recordar nuestra propia mortalidad y si es por desamor, nos hace recordar lo fáciles que somos de olvidar.

La negación del amor se traduce en la falta de compromiso ya sea con los padres, con la familia, con las parejas, con los amigos o con la comunidad. El ser humano está muy ocupado en la busca de la eternidad individual como para detenerse a invertir en una relación que en cualquier momento puede terminar, sin saber que lo sublime de la vida se encuentra precisamente en aquello a lo que tanto le rehuye.

Y es que la libertad del hombre se consigue mediante su capacidad de amar, su capacidad de relacionarse con el mundo, aunque los lazos no puedan ser eternos porque el ser humano no es eterno, ni lo es el mundo al que pertenece:


No hay oportunidad para nosotros

Todo está decidido para nosotros.

Este mundo sólo tiene un dulce momento apartado para nosotros.

 

Y así la vida, que no es eterna, se va construyendo de pequeños momentos en los que podemos demostrarnos amor entre nosotros, momentos que disfrutamos y se van agrupando en bellos recuerdos que disfrutaríamos más si comprendiéramos la mortalidad de las cosas y nos permitiéramos experimentar el amor humano como es: simple, temporal y mortal; entonces seríamos más plenos pues estaríamos viviendo la vida para lo que fue hecha, podremos sentir por un dulce momento lo que es la eternidad:

 

Pero toca mis lágrimas con tus labios.

Toca mi mundo con la punta de tus dedos.

Y podemos tener el “para siempre”

Y podemos amarnos para siempre

Para siempre es nuestro hoy


 Imagen: https://i.ytimg.com/vi/uqMuMXuqNNs/maxresdefault.jpg

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