¿Quién escribe lo que leemos?

Por Brandon Ramírez

Recientemente leí una columna de opinión, escrita hace un par de años,¹ pero publicada de nuevo por la página de Facebook “Universo de Letras UNAM” que comienza relatando:

El pasado marzo tropecé con un artículo que animaba a dejar de leer libros escritos por hombres blancos, heteros y cis [ “no trans”] durante un año. A bote pronto me pareció una exageración. Pensé: “Bueno, yo leo a bastantes autoras, por ejemplo”. Lo dije en voz alta. Mi pareja me miró. Nos levantamos del sofá y nos fuimos a mirar lomos en las estanterías. Miramos unos doscientos libros hasta convencernos. Unos treinta estaban escritos por mujeres. No me lo podía creer.

De inmediato supe que si hacía el mismo ejercicio me encontraría con un resultado similar, y en efecto, al revisar los libreros que tenía más a la mano 162 libros fueron escritos por hombres, y sólo 21 por mujeres, una proporción casi de 9 a 1. No quise revisar más, ni los libros que tengo en mi Kindle, ya que seguramente me encontraría con los mismos resultados.

Curiosamente, como a muchos niños, la saga de niños que me atrajo al mundo de la lectura por placer fue Harry Potter, escrito por JK Rowling, y la que leí más recientemente, Las amigas Napolitanas, de Elena Ferrante (que, dicho sea de paso, me encantó y no me cansaré de recomendar) son textos escritos por mujeres.

Que nuestras sociedades tienen una fuerte carga de privilegio a los hombres es así, históricamente. Desde hace siglos, es la normalidad, y aunque hemos avanzado enormemente, sigue existiendo esa disparidad en muchas áreas de nuestra vida. En el caso de los libros, y sin ser un gran conocedor del tema, supongo que en parte es un problema rastreable en el caso de occidente hasta la Grecia Clásica, donde los únicos que eran ciudadanos eran los hombres, y con ello los únicos con derecho a usar la palabra en los debates públicos, a ser escuchados, y como extensión, difundir sus textos.

Con el paso del tiempo el espacio público siguió siendo ocupado en su casi totalidad por hombres. En las distintas artes la mayoría de quienes tuvieron reconocimiento en vida y póstumo, han sido hombres, y en distintos textos de estudios de género se ha demostrado que esa idea persiste aun de manera, eso sí, menos estricta y más en el subconsciente colectivo. No hay que olvidar que las mujeres en el mundo obtuvieron sus derechos políticos hace relativamente poco, ya que seguía considerándose que su participación en la toma de decisiones y elecciones a cargos públicos no era necesaria.

En el caso de nuestro país, aun es escaso el número de mujeres que han llegado a ser Gobernadoras, y ninguna ha llegado a la Presidencia; incluso en la conformación de los gabinetes siempre son una ínfima minoría, e instituciones como la UNAM no han tenido una Rectora, aunque en algunas Facultades el hecho de que existan directoras si es más común. Incluso, algo que me sorprendió para bien cuando entré al Programa de Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales, fue que tanto la dirección como todas las coordinaciones son encabezadas por mujeres.

Pero sigue existiendo esa especie de muro que evita que las mujeres sigan teniendo más dificultades para ascender, que por un trabajo idéntico cobren menos, y sean víctima de delitos por el simple hecho de ser mujeres, llevando a activar la alerta de género en distintas regiones del país. Visibilizar los problemas siempre son la primera parte para resolverlos, pero no basta. Que en la CDMX haya políticas como darles trasportes exclusivos, o las cuotas que obliga a los partidos a postular una cantidad equitativa de ambos sexos en todo el país, con sus más y sus menos como alternativas para solucionar el problema de la desigualdad, al menos son una muestra de que el problema comenzó a tomarse en serio hace unos años.

Vuelvo al punto de partida: nunca había cuestionado el sexo de los escritores que suelo leer; cuando no tengo claro cuál será mi siguiente lectura, suelo recorrer la tienda de Amazon buscando un título que me atraiga, y me percato del nombre de quien escribe hasta después. Lo mismo si recorro los pasillos de una librería. Quizá inconscientemente sí tiendo a elegir obras de hombres, y es algo que en lo personal me gustaría corregir, de ser el caso, o bien quién sabe si es algo que las propias librerías promueven en la forma de acomodar los textos.

De los libros que señalé de Ferrante, seudónimo de la autora que aparentemente eligió Anita Raja para publicar, me enganchó desde el primer volumen por sentir una identificación muy fuerte con las ideas que narra y cruzamos muchos en el devenir de nuestra vida. Aunque el texto narra la niñez de las protagonistas en la Italia de mediados del siglo pasado, hasta la vejez en la primera década de éste, muchas de las situaciones pienso que son transversales. Me encantó leer y entender situaciones que yo viví desde la perspectiva femenina, comprender mi realidad desde la que leía.

En los últimos años he identificado muchos comportamientos cotidianos que, sin percatarme antes, son sexistas (el principal en el uso del lenguaje) y he buscado corregirlos. Este es uno nuevo, y aunque no considero que sea un problema leer textos por el sexo de quien lo escriba, siendo que la calidad y disfrute está en las palabras mismas (hay libros excelentes escritos por hombre y mujeres… y pésimos también, aunque siempre es cuestión de gustos), sí que puede sesgar la posibilidad de vivir una experiencia más enriquecedora desde distintas perspectivas.

Me gustaría terminar con una referencia más del artículo que mencioné al inicio, y supongo que en el resto de las artes debe pasar cosas similares.:

“¿Pero hay de verdad una diferencia entre la literatura escrita por hombres y por mujeres? Yo creo que sí. Para empezar, parece que las mujeres escriben más sobre mujeres. Hay más protagonistas femeninas, y como hay más, son más variadas, y como son más variadas, son más interesantes, más humanas, más de verdad. Nos hemos acostumbrado a que los protagonistas de casi todo sean hombres, y trascendemos ese detalle para identificarnos con nuestros personajes favoritos, ¡pero es tan, tan refrescante abrir un libro y encontrarlo lleno de mujeres de todo tipo!”


¹ [https://verne.elpais.com/verne/2015/09/22/articulo/1442914862_429051.html]


Imagen: https://s1.eestatic.com/2016/01/21/cultura/Cultura_96250533_461717_1706x960.jpg

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