Querido narco: apologías del crimen

Por Alejandro Pocoroba

 

Desde que Felipe Calderón (sexenio presidencial 2006-2012) declaró la guerra al narco, han aumentado los índices de violencia, se ha puesto en debate la política de drogas y el narco se ha centralizado en múltiples actividades; desde objeto de estudio, hasta arte de entretenimiento en los medios de comunicación (televisión y radiodifusoras). 

Las apologías del narco se concentran –primordialmente- en dos vertientes, pero en una misma veta: los medios de comunicación. Por un lado tenemos la música proliferando la vida y acciones de los más grandes capos, embelleciéndolos y engrandeciéndolos, y por otro lado contamos con diferentes series/telenovelas de los narcotraficantes, encarnando las aventuras (“buenas” y “malas”) que tuvieron a lo largo de su vida; es decir, el estrellato se lo consiguieron a través del narcotráfico.

El hecho que en los medios de comunicación retraten a un narcotraficante como “Robin Hood a la mexicana” ha ocasionado que en el imaginario social reconfigure el cómo los observamos en el mundo real, en otras palabras, al ser estigmatizados han pasado a ser vanagloriados. No obstante, existen documentales, notas periodísticas, e inclusive, entrevistas a la ciudadanía, que dentro de su narrativa se observa aprecio por los capos. Basta con ver al jefe templario, Servando “La Tuta” Gómez; en la comunidad de Tumbiscatío, Michoacán, donde lo reciben hombres y mujeres, por montones en la plaza principal, donde los niños y las niñas le dicen padrino e incluso, en un video se puede observar como una señora le comenta que su esposo busca trabajo, a lo cual el líder templario, con pistola en cinturón, le responde que se lo mande para que trabaje con él. Otro ejemplo, es el de Joaquín “El Chapo” Guzmán quien después de su detención, los pobladores de su entidad de nacimiento salieron a manifestarse para que lo dejaran en libertad.

Dicho esto, podemos observar y contemplar que la realidad “ficticia” narrada en narcocorridos o representada en series de televisión no se encuentra tan distorsionada, al contrario, pareciera ser que existe una aprobación por las actividades ilícitas, al delito, al vive rápido, al éxito reducido a lo económico, en otras palabras, una adoración/respeto al narco.  A este tipo de fenómeno también se le conoce como narco cultura; no existe una definición que puede abarcar dicho concepto, sin embargo, partiendo del “entremado de significados” de Weber, retomado por Geertz, se argumenta que el término alude a “un tipo de comportamiento característico de personas que comparten ciertos elementos asociados con el narcotráfico”  (Mondaca, 2004: 20 en Gómez & Figueroa, 2013).

Ahora bien, contamos con cuatro niveles de narrativa: 1).- La narrativa de los medios sociales de entretenimiento (series, telenovelas y narcocorridos); 2).- La vida cotidiana del narco y su relación con la gente (solidaridad y participación en la ciudadanía); 3).- Consumir, apropiarse y reproducir los objetos del universo simbólico del narco (apología al narco) y por último; 4).- La criminalización y visualización del narco como delincuente (la visión del Estado). ¹

Sin ser importante el orden de cómo surgen cada una de las dimensiones, éstas cuentan con un impacto en la sociedad del conocimiento, ya que contamos con diferentes discursos de la misma problemática, los cuales pueden ser coyunturales entre ellos, pero lo relevante es que se cristalizan en el imaginario social. Es decir, podemos tener a la gente que concibe al narco a partir de las series, a quienes los idolatra a partir de su música, la gente que conoció y se vio beneficiado por la ayuda del capo, hasta el discurso “oficial” de alguna institución gubernamental.

Es necesario entender, que estos tipos de discursos son lenguaje, y el lenguaje conciencia; y la conciencia ideología, por lo tanto, contar con un pensamiento crítico acerca de lo que se está observando es fundamental para poder filtrar y tipificar dicho contenido, si no es así pasaríamos –sino es que ya lo estamos- al síndrome de Estocolmo, donde los criminales se vuelven héroes para la ciudadanía. Pero es que cómo no quererlos cuando el capo realiza actividades que le correspondería a otros sectores; da trabajo, atiende a la gente, arregla casas, realiza escuelas, da dinero, da bienes materiales, diversión, etc.

Recordemos al narcotraficante colombiano, Pablo Escobar Gaviria, que fue tanto el apoyo de la ciudadanía que se lanzó a diputado de su distrito, claro que no se descarta las actividades bajo el agua que realizó para poder llegar a dicho puesto, pero  lo que se intenta argumentar es que “Los Señores del Narco” se han ganado a la gente, ¿cómo no quererlos si es el padrastro buena onda?

El universo simbólico de la narco cultura, ha permeado diferentes ámbitos de la sociedad mexicana. Se ha concebido al narcotraficante desde diversas percepciones, como también ha tenido un transitar en el imaginario social; de criminal a héroe.  Sin embargo, no debemos dejar de lado que las actividades de los narcotraficantes son ilícitas ante un sistema penitenciario, las cuales se tipifican como delito. Asimismo, los daños de la violencia criminal ante la sociedad por parte de los grupos del crimen organizado, donde no únicamente han sido contra fuerzas públicas, sino contra el desencadenamiento de daños provocados –sin fin- de la guerra contra el narco; daños a la salud, aumento de homicidios, daños al medio ambiente, subordinación ilícita de la mano de obra, la violencia criminal y su relación con la violencia política, el enfrentamiento por territorio de diversas plazas, extorsiones, violaciones, corrupción, por mencionar algunas.

Por último, hay que tener en cuenta que la cultura otorga un marco de referencia de la acción (costumbres, tradiciones, etc.), y así lo realiza la cultura mexicana, la de los Estados Unidos, la colombiana, la venezolana, etc. Es decir, todas tienen un impacto en la sociedad y en el individuo, ahora bien, ¿qué tipo de consecuencias puede ocasionar una cultura donde la narrativa se constituye de persecuciones, armas,dinero fácil, violencia, asesinatos, actividades ilícitas, extorsiones, violaciones, feminicidios, daños a la salud, etc?


¹No obstante, las dimensiones planeadas no son las únicas, sabemos que el narco se ha hecho presente en diferentes espacios tales como: la religión, el cine, el arte, la literatura, en las elecciones, certámenes de belleza, etc.


Bibliografía: Gómez, Omar Ivan y Figueroa Arely, 2013, “Imaginarios sociales de la narcocultura en México: el narcocorrido. En el  XXIX Congreso Latinoamericano de Sociología, Santiago de Chile”, 29 de septiembre al 4 de octubre.


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