Querida juventud procrastinadora

Por María Fosado

 

 

¿Qué es eso? ¿Cómo se come? ¿Es algo que está de moda? Éstas y muchas otras preguntas surgen al oír el verbo procrastinar.

Es gracioso que muchos no sepan su significado pero lo aplican a la perfección.

La palabra procrastinar, según la definición de la RAE, significa ‘aplazar’[1] y seguro te has de preguntar: ¿cómo?

Pues es algo así como decir “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, ¿ahora lo entiendes?

La verdad es que es un tema del cual tenía ganas de escribir desde hace un tiempo, pero no me animaba a hacerlo porque yo formaba parte de esto y vivo con la filosofía de que si voy a hablar de algo, es porque sé del tema o digamos que es algo que me ha dejado un aprendizaje.

Tenía mis dudas sobre la correcta escritura de esa palabra, algunos dicen que es “procastinar” y en otros lados lo dicen como “procrastinar” y si lo investigas, encontrarás que ésta última es la palabra correcta.

Lo interesante de esto no es sólo la manera en la que se debe decir, sino que lo que en realidad significa, pues me he llevado la sorpresa (porque nunca lo imaginé) que fuese considerado como un trastorno de comportamiento. ¡Houston, tenemos un problema!

De acuerdo a mi entendimiento, este dichoso trastorno consiste en posponer aquello importante que debemos hacer para el último momento, mientras decidimos realizar otras actividades que son menos urgentes porque nos da flojera hacer las primeras. Seguramente a ti nunca te ha pasado ¿VERDAD?

Digamos que es algo “normal” del comportamiento de los humanos, A TODOS nos pasa que preferimos la flojera o hacer cosas que nos parecen divertidas antes de realizar nuestros deberes.

¿Recuerdas como cuando de niño jugabas con tus juguetes y tu mamá te pedía que primero ordenaras tu habitación? Pues desde ese momento ya comenzabas a procrastinar.

Mi madre, como todas las mamás del mundo, o eso creo, sin importar la edad que tengas nunca se cansan de repetir lo mismo de siempre, cosas como: “ponte el suéter”; pues la mía usa una de sus frases favoritas: “primero la obligación y después la diversión”. Y es real, las madres siempre tienen la razón (aunque nos cueste aceptarlo).

¡Cómo no distraernos si existen las redes sociales!

Típico que tienes que hacer un ensayo de mil cuartillas y en una hora sólo llevas escrita la palabra ensayo, pero ya comentaste la foto en Instagram del chavo que te gusta, le diste like al estado corta venas de tu amiga (que en realidad era la letra de una canción), stalkeaste al ex de la ex de tu ex y tuiteaste que llevas una hora tratando de escribir un ensayo y apenas llevas escrita una palabra.

Y seguramente te estás riendo en este momento porque cualquier parecido con tu realidad (o la de tus amigos) es mera coincidencia.

Si se trata de confesiones, tal vez debería confesar que…. (mamá, espero que nunca leas esto) yo también he dejado todo para el último minuto, a mí también me ha dado flojera lo que se supone que debo hacer pero no hago por estar haciendo otras cosas que ni al caso aunque tenga todo el tiempo del mundo, y ahora entiendo por qué mi madre dice que soy “la mujer del mañana”.

Como bien dicen “la experiencia habla”, la verdad es que después de todo he aprendido (hasta las quinientas veces, pero aprendí) a dejar de hacer las cosas para el final.

No faltan aquellas personas que dicen “trabajo mejor bajo presión” o “equis, somos chavos” ¡ay, por favor! Ya me los imagino sudando porque no terminan su ensayo y tienen que entregarlo a las 7 de la mañana.

No te voy a decir que superé esta situación, porque aún sigo procrastinando, aunque ya no tanto como antes.

¿Cómo he hecho para no dejarme vencer por este ‘trastorno de comportamiento’? O lo que es igual a decir: dejar la flojera.

Ya sé que a veces parezco librito de superación personal, pero es cierto que todo lo que doy como consejo funciona (aunque a veces no lo aplico).

Primero, y es algo que considero como el punto más importante: conocerte a ti mismo, y como no te voy a echar tanto rollo de esto, sólo tienes que ponerte una meta y preguntarte qué es lo que te gustaría alcanzar. Es decir, debes motivarte para hacer algo que no te gusta, piensa sólo en la recompensa que obtendrás.

Segundo, planifica lo que debes hacer, organiza tu tiempo. Yo sé que da flojera pero cuando comienzas a establecer días para realizar ciertas actividades, es más fácil. Eso de planificar por horas a mí no me funciona, mejor hazlo por días.

Tercer punto, deja de pensar cosas como “¡Qué flojera me da hacer esto!” porque mientras más lo pienses de esa manera, menos lo vas a hacer y será el cuento de nunca acabar.

Cuarto: ten en mente que lo que vas a hacer, no es por nadie más que por ti mismo. Olvídate que eso de ordenar tu habitación o así es por hacerle un favor a tus padres, mejor haz eso que te choca hacer pero que debes hacer por obligación por ti mismo, al final quien lo va a agradecer serás tú y no los demás.

Quinto, algo que he venido diciendo desde publicaciones anteriores es poner límites. Obviamente a mi también me molesta hacer eso, pero de vez en cuando lo hago porque es bueno y sobre todo porque comienzas a hacerte disciplinado. Un hábito se forja después de quince días en adelante.

Si eres como yo que no puedes vivir sin revisar tus notificaciones en alguna red social, proponte no revisarlas durante 30 minutos y después de un tiempo, hasta 2 horas o más. Considérame loca pero funciona, soy una sobreviviente.

La práctica hace al maestro, así que deja de decir “luego” a todo y mejor hazlo ahora que si no lo haces, ya no lo hiciste NUNCA.

 

 


[1] http://dle.rae.es/?id=UG8b6uO

Imagen de: https://www.flickr.com/photos/annepuhlmann/

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