¿Qué se hace en México frente a la intrusión salina costera?

Por Roxana Ruiz Buendía – UNAM

 

Que el abasto de agua dulce para los humanos sea para el consumo directo o para las actividades productivas, es una labor que se ha ido dificultando con el paso del tiempo, principalmente por dos razones: el incremento en la demanda de este líquido y la disminución en su cantidad y calidad. Sin embargo, en las zonas costeras a este problema se le tiene que agregar una variable más por sortear: la intrusión salina o mezcla de agua salada marina con el agua dulce continental a través del subsuelo, facilitada por la porosidad del suelo y las características físicas del agua.

Este fenómeno natural es característico de las áreas litorales pero se ha comprobado que las actividades humanas alteran su frecuencia e intensidad. La continua extracción de agua dulce por pozos, la contaminación de los acuíferos por infiltración de contaminantes y la elevación del nivel medio del mar hacen que las fuentes de fácil acceso al agua fresca se vean en peligro. En México la intrusión salina afecta a cinco regiones costeras identificadas por su susceptibilidad a las variaciones del nivel del mar en el Golfo de México y Mar Caribe y, por la masiva extracción de agua de los pozos en la Península de Yucatán.

El suministro de agua dulce a las poblaciones humanas ha sido, es y seguirá siendo un tema de las políticas públicas por nuestra dependencia al líquido vital. Pero, ¿qué hacen los gobiernos estatales mexicanos ante el fenómeno de la intrusión salina en sus costas? Aquí discutiremos la diversidad de las respuestas gubernamentales frente a este problema costero. En primer lugar se expone un par de ejemplos de la intrusión salina en acuíferos costeros de Sonora y Yucatán, seguido de las acciones gubernamentales tomadas ante las situaciones. A manera de conclusión se ofrecen sugerencias para escenarios litorales agobiados por el mismo problema.

A grosso modo se puede decir que las propuestas o acciones que las autoridades han tomado frente a la intrusión salina costeras han seguido una política que busca frenar la salinización del agua dulce del manto freático. Sin embargo, las estrategias seguidas son las que toman diversos matices. Por ejemplo en Hermosillo, Sonora, se han identificado tres frentes de intrusión hacia el continente y cuya migración está dirigida hacia el centro del acuífero –área donde históricamente se ha concentrado el bombeo de agua. Según un estudio de vulnerabilidad a la intrusión marina de los acuíferos costeros de Hermosillo, se sugiere que antes de utilizar el agua de esta reserva se evalúe su situación pues ésta no recibe recargas, convirtiéndola en un recurso finito. No obstante, en el 2011 el director de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) sector Sonora solicitó el permiso de esta comisión para perforar pozos y así lograr dos cometidos: disminuir la salinidad del acuífero de la costa de Hermosillo y acondicionar el agua para un proyecto de acuicultura de camarón. Esta situación resulta controversial cuando la recomendación del Director Técnico de la CONAGUA-Sonora es no autorizar la extracción de agua de un solo pozo más por la situación crítica de este acuífero.

Para el caso yucateco, las principales causas de los impactos ambientales a los acuíferos subterráneos son la ruptura del acuitardo costero –por la construcción y el dragado de dársenas portuarias– y por la sobreexplotación de agua para sistemas de riego agrícola y abasto urbano. Según Batllori y colaboradores “la particularidad e importancia de esta “cuenca hidrogeológica funcional” radica fundamentalmente en que reúne condiciones de unidad geográfica natural muy específicas y propias que sólo ella posee”. En este contexto en el año 2013 el Gobernador del estado de Yucatán firmó el decreto para la creación de la Reserva Estatal Geohidrológica, cuyo objetivo primordial es la protección de más de 2000 km2 de superficie –y con ello 180 millones de m3 de agua por año– para poder ser una fuente de abasto de agua de calidad para toda la entidad.

Además de este par de ejemplos, existen otras acciones paliativas para abatir la intrusión salina de los acuíferos subterráneos costeros. Investigadores de México y España sugieren: la recarga del manto freático, las barreras físicas y/o hidráulicas para frenar la penetración del agua salada e incluso la desalinización del agua de mar; e igual de importante, ¿quiénes son los stakeholders prioritarios en este caso? El agua subterránea es la única fuente perene de agua en casi toda la extensión de la República Mexicana –incluyendo sus zonas áridas–. Es la fuente principal agua para las comunidades rurales, las urbes, los desarrollos industriales y los agricultores (CONAGUA, 2014). Siendo así, se podría considera que los stakeholders prioritarios –actores con mayor influencia en la formación de políticas públicas– son las entidades gubernamentales responsables de otorgar concesiones de uso del recurso así como los grupos organizados que la solicitan.

El avance y retroceso de las masas de agua salada hacia los acuíferos subterráneos son fenómenos naturales; los tremendos alcance longitudinal y temporal que éstas han llegado a presentar, no. El agua dulce es un recurso indispensable para todas las especies que existen en la Tierra por lo que la planificación integral de los acuíferos subterráneos es un trabajo que debe ejecutarse. Según Mateo (1984 en Batllori et al. 2006) “una de las vías más acertadas se refiere al desarrollo integral de “unidades geográficas funcionales” (UGF) donde la estrategia fundamental es mantener el balance ecológico, no obstante, la explotación de recursos naturales renovables y no renovables” priorizando el manejo de las zonas de recarga y descarga de las cuencas.

Pero la declaración de UGF seguramente no será viable en todos los escenarios costeros; no se olvide que en el caso de Yucatán se decretó la Reserva Geohidrológica, entre otras cosas, por las particularidades del sistema de los acuíferos. Recuérdese que no hay solución universal para un mismo problema presentado en distintos escenarios. Las propuestas gubernamentales ante la intrusión salina deberán contemplar las características naturales de los acuíferos, las demandas de agua dulce en la región, las presiones y amenazas que enfrenta el recurso, las experiencias que tienen otros sitios de características similares ante el mismo problema y, los recursos disponibles para proponer una solución.

 

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