¿Qué pasa si nos organizamos?: Un acercamiento a los movimientos sociales actuales (parte uno)

Por Uriel Carrillo Altamirano

Definir un movimiento social ha sido uno de los grandes retos para los científicos sociales, pero más lo ha sido categorizar a todas aquellas acciones colectivas que una sociedad produce. Es decir, ¿bajo qué criterio se concibe a estos? Muchos han sido los autores que buscaron conceptualizar a los movimientos.

Las perspectivas varían de un sujeto a otro, puesto que para algunos los movimientos sociales son producidos por el sistema de una sociedad, que su finalidad es romper una tensión social para después reajustar el todo; para algunos otros son importantes para corregir errores y fortalecer al sistema, pero que su creación depende de situaciones coyunturales y del cómo se organizan los individuos; incluso algunos más los consideran la única manera de hacerle frente a las condiciones que el mismo sistema genera, que son vitales para las sociedades porque parten de la reestructuración de las relaciones de poder entre los sujetos, de un Estado, por ejemplo.

En este sentido, Alain Touraine considera que un movimiento social es “la acción, a la vez culturalmente orientada y socialmente conflictiva, de una clase social definida por su posición dominante o dependiente en el modo de apropiación de la historicidad, de los modos culturales de inversión, de conocimiento y moralidad, hacia los cuales él mismo se orienta” (Touraine, Alain. 1984:97).

Partiendo de esta idea se puede pensar, aunque de manera más sencilla, que un movimiento social es precisamente, aquello que un grupo de individuos pertenecientes a una clase social deciden demandar alga otro grupo de individuos, de tal suerte que logren aquello propuesto. Es decir, una acción colectiva que genere un movimiento dentro de la sociedad cual, si ésta fuere un objeto inmovible y que, como consecuencia, lograra una cierta vibración que la moviese de lugar.

Por otro lado, el autor considera que no toda acción colectiva de un grupo social puede considerarse como movimiento social, por lo que propone dos conceptos más que le permiten explicar otro tipo de fenómenos sociales. Conductas colectivas son aquellas que consideran los conflictos sociales “como respuestas a una situación que debe valorarse por sí misma, es decir, en términos de integración o desintegración de un sistema social, definido por un principio de unidad” (Touraine, Alain. 1984:96).

Mientras que las luchas sociales “no son respuestas sino iniciativas, cuya acción no lleva, ni lo pretende, a construir un sistema social”. De tal modo que estas luchas adquieren mayor importancia cuando tratan de acceder en forma más directa al poder de decisión y se asocian más estrechamente con los partidos políticos” (Touraine, Alain. 1984:96).

Durante los últimos años, incluso desde antes que terminara el siglo XX, un sin fin de acciones y movimientos sociales han sido parte de la escena mundial. Desde la Guerra de Vietnam y la ola del 68, hasta las protestas contra ciertos regímenes políticos en África, América y Medio Oriente, ha trazado un cierto despertar del ser humano a unirse en contra de aquellos que detentan contra la vida, los derechos humanos, la injusticia, etc.

En el caso mexicano, los movimientos sociales parecen estar en una constante aparición, pues las condiciones de los regímenes políticos de los últimos años no han generado el cambio que la sociedad ha demandado por varios años, de tal suerte que la violencia, la corrupción y las crisis económicas han sido los temas que han preocupado a los mexicanos.

Sin embargo, bajo lo antes ya expuesto, existen dos caras de los seres humanos que deben ser analizadas a partir de los motivos que el sistema da para que los individuos actúen o no para cambiar su entorno. Por un lado, entonces, está la pasividad del sujeto y, por el otro, la activación del mismo.

La que aquí interesa es la segunda, dado que es desgastante, hasta cierto punto, regresar a la discusión sobre la ineficacia e inexistencia de los movimientos sociales. Es decir, cerrarse a la perspectiva de que la organización social no funciona. Pues ya han sido varios los autores y hechos que han demostrado lo contrario, incluso si durante la historia existieron algunos que no lograron su cometido principal.

En la próxima entrega se analizarán de manera breve ejemplos de “movimientos sociales” con base en lo expuesto en esta entrada. Por ahora, cabe recalcar que sigue siendo materia de análisis todas las formas de acción colectiva, pues es una de forma natural del actuar del ser humano.


Fuente: Touraine, Alain, (1984) El Regreso del actor. Buenos Aires, Argentina: EUDEBA. 1987. P.216


Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=UKfeuOEMQ6A

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