Principios o casuística

Miguel Téllez

 

En la ética hay una discusión clásica: deontólogos vs consecuencialistas. Hoy día debe quedar claro que con ética nos referimos a la filosofía moral, ese estudio que se rige por la pregunta ¿qué debemos hacer? O bien, ¿cómo debemos vivir?

Regularmente cuando se habla de ética, se piensa que es un asunto aburrido, sin chiste y que no sirve o aporta algo a la vida diaria. Es curioso que quienes tienen esa idea, puedan pensar así. Supongamos que alguien los asalta y ustedes se quejan diciendo: “fue injusto”. Es más, sugieren que quien les robó sus pertenencias merece un castigo. Sin embargo, ¿por qué creen que es injusto? ¿De dónde fundamos la idea de que tenemos derecho de propiedad? Imaginemos que lo que les robaron fue una cantidad de dinero que realmente no les afecta y que quien cometió el asalto lo hizo porque su hija de 6 años va a morir si no toma determinado medicamento que puede comprar con ese dinero. ¿Sigue siendo injusto el robo?

No es fácil responder. La discusión deontología vs consecuencialismo intenta dar respuesta a cuestiones éticas. Por deontología se entiende una postura moral que señala que la corrección de una acción depende de los principios de esta. El consecuencialismo, en cambio, es una postura moral que nos dice que la corrección de una acción depende sólo de las consecuencias.

Immanuel Kant fue el filósofo que formuló de manera brillante una postura deontológica. Kant habla en su Fundamentación metafísica de las costumbres de dos tipos de imperativos: categóricos e hipotéticos. Hablaré sólo del imperativo categórico. Lo que hace Kant es presentar tres fórmulas de imperativos categóricos, esto no es una empresa vacía, lo que hace tal imperativo es ayudarnos a saber qué debemos hacer cuando tenemos duda de cómo actuar frente a una decisión moral.

La fórmula más famosa del imperativo categórico es la primera: “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza”[1]. La segunda fórmula -que en las discusiones filosóficas es la que suele presentarse a menudo- dice: “(…) obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.”[2]. Presento la primera fórmula porque de manera corriente suele reducirse a la famosa “regla de oro” ética: no hagas lo que no quieres que te hagan. Veamos porqué es corriente esta relación.

Supongamos que Andrés se desangra y, por tanto, necesita una transfusión de sangre para no morir. Sin embargo, el doctor que atiende a Andrés -hay que llamarlo Juan- no está a favor de transferir sangre de una persona a otra persona. Siguiendo la regla de oro, al Dr. Juan no le gustaría que le transfirieran sangre -pues está contra esa práctica-, por tanto, él no lo hace con Andrés y este muere. Esto no nos parece correcto. La regla de oro no funciona ni tiene un papel relevante en las discusiones serias de ética.

Lo que dice Kant tiene diversas interpretaciones. Lo que exige la primera fórmula es atender si luego de pensar actuar de determinada manera tiene sentido hacerlo o hay una contradicción en el pensamiento, esa es una interpretación y de hecho es lo que Kant sugiere. Otra interpretación que existe es hacer la misma evaluación y pensar si queremos vivir en un mundo que se rija por esa máxima que elegimos, que ahora es ley de la naturaleza, como la ley de la gravedad. Esto es distinto a la regla de oro.

La segunda fórmula tiene mucha carga teórica -igual que la primera-, pues Kant entiende algo por humanidad -que no se refiere a toda la gente que habita en la Tierra- y hay justificación de qué es un medio y qué es un fin. Grosso modo podemos decir que esta fórmula nos hace reflexionar si con determinada acción estamos tratando a alguien como un objeto o como un mero medio para conseguir algo o si de hecho lo estamos tratando como igual a nosotros, como un ser racional, que es capaz de proponerse fines.

Vemos que ambas fórmulas son una ayuda para saber cómo debemos actuar. Si a caso te preguntas si es correcto mentir, puedes atender a la primer fórmula y verás que si tomas su máxima -querer mentir para salir de apuros, por ejemplo- como ley universal, no tiene sentido mentir, pues todos sabrían que se miente para salir de apuros. Que un imperativo sea categórico, implica que no tiene excepciones: si no vas a mentir, no mentirás nunca. De hecho, se dice que Kant detestaba la mentira.

La posición de un deontólogo como Kant ha sido criticada demasiado. La crítica frecuente es que hay situaciones que parecen sugerir permisibilidad a la excepción. En vida de Kant alguien le preguntó algo como: Señor Kant, supongamos que ve a una persona que entra corriendo a su casa y enseguida llega otro hombre -que persigue a esa persona- con la determinación de asesinar a quien entró a su casa y entonces le pregunta: ¿dónde se metió? ¿Le diría dónde está o mentiría? Si Kant es fiel a su postura -de no mentir sin excepciones-, tendría que decirle al asesino dónde está su futura víctima y entonces habría cooperado para que se llevara a cabo un asesinato. Esto no parece muy intuitivo.

A pesar de los problemas de la deontología, es común que la gente abrace una postura de este estilo, ¿a cuántos no les gustaría que las personas siempre dijeran la verdad o que siempre hicieran lo correcto? El problema es que no somos santos y de hecho parece que la mentira -por seguir con ese caso- es parte importante de la vida diaria, habría más problemas si en serio dijéramos todo lo que pensamos -aunque claro, esto no implica necesariamente la mentira-. Queda por averiguar cuál es una alternativa a la deontología y si a caso puede ayudarnos a encontrar respuestas, para ello hablaremos después de la casuística y el consecuencialismo.

 


Kant, Manuel, Fundamentación metafísica de las costumbres, {Trad. de Manuel García Morente}, 2007. No aparecen más datos bibliográficos en la edición digital.

[1] Kant, Manuel, Fundamentación metafísica de las costumbres, {Trad. de Manuel García Morente}, 2007. No aparecen más datos bibliográficos en la edición digital, p.35.

[2] Ibid., p.42.

Imagen de:  http://ganepornavegar.com/como-crear-un-producto-o-servicio-exitoso-en-5-pasos/

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