Principio de Copérnico y Principio de Mediocridad

Por  Alejandro Rafael Lima

Como es bien sabido, Copérnico, en el siglo XVI, transformó la imagen heredada en astronómica por parte de la Antigüedad y la Edad Media, al plantear que la Tierra no se encuentra en el centro del Sistema, sino más bien el Sol. Con base en esta idea de desplazamiento del lugar aparentemente privilegiado de nuestro planeta, se plantea el Principio de Copérnico en cosmología. Este principio dice que la Tierra, el Sol, nuestro Sistema Solar y la galaxia misma, no ocupan un lugar privilegiado en el universo. La evidencia para este principio surge de la historia de la ciencia y del respaldo del Principio Cosmológico.

Conforme a la historia de la ciencia, tenemos lo siguiente: antiguamente se creyó que la Tierra era el centro del universo y que tenía un lugar privilegiado, excepcional y superior, sobre todo lo demás, lo cual, se creía, respondía a una intención divina. Sin embargo, fue Copérnico el primero en cimbrar considerablemente esta idea al plantear que la Tierra no ocupa el centro y que es un planeta más. Después Galileo dio un golpe más al observar por medio de telescopios que Júpiter tiene lunas que lo orbitan y que, por lo tanto, el mundo supralunar no es de perfección e inmutabilidad (además de observar las irregulares de la Luna). Ya entrado el siglo XX se mostró que el Sistema Solar mismo no está el centro de la galaxia, sino que se encuentra en uno de los brazos del espiral. Además se mostró que nuestra galaxia es una más de las millones de galaxias que existen. A mediados de ese mismo siglo se tuvo evidencia de corrimiento al rojo (del espectro electromagnético) que sugirió la expansión acelerada del universo. Esto se confirmó más tarde. También a finales de dicho siglo se mostró que los sistemas planetarios son más comunes de lo que se pensaba. Es decir, que nuestro sistema planetario no es tan peculiar como se solía pensar. En síntesis, este principio cree tener respaldo sobre una serie de descubrimientos astronómicos que mostraron que la Tierra es un planeta ordinario, orbitando una estrella ordinaria, en una galaxia ordinaria, que a su vez forma parte de un número increíblemente grande de galaxias donde la limitación espacial del universo mismo no está ni siquiera definida.

De acuerdo a la evidencia actual (la que nos proporciona la radiación de fondo de microondas) se afirma que el universo es isótropo y homogéneo. Lo primero quiere decir que podemos encontrar lo mismo sin importar en qué dirección del universo observemos; lo segundo, que el universo es el mismo en cualquier punto dado. Estas dos propiedades forman el Principio Cosmológico. Por su puesto a cualquier observador del cielo nocturno le puede parecer que el universo es heterogéneo, pues puede observar estructuras no uniformes (cómo las constelaciones) y objetos diferenciados (como planetas, galaxias, sistemas planetarios, etc.). No obstante, este principio es una afirmación sobre las propiedades del universo en grandes escalas (varios millones de pársecs[1]). El universo es mucho más grande de lo que solemos pensar e imaginar. Para darse una idea, estimaciones actuales consideran que el 74% del universo está compuesto de energía oscura, 22% de materia oscura, 3.6% de gas intergaláctico, y sólo un 0.4% de estrellas, planetas, satélites, etc.

Por otro lado, el Principio de Mediocridad, aunque tiene su base en el copernicano, considero que no es igual. El Principio de Copérnico concierne primordialmente al lugar privilegiado que algo o alguien puede tener en el universo, pero el de Mediocridad concierne a la condición misma de privilegio que podría existir sobre algún elemento del universo. En este sentido es un concepto filosófico más que cosmológico. Sencillamente afirma que no existe nada especial (ni excepcional y mucho menos superior) en el universo. Todo es nimio. Según este principio, no hay nada excepcional en la evolución biológica ni en el desarrollo del Sistema Solar, ni en la historia de la Tierra, ni en el surgimiento de la vida. Porque las condiciones para la evolución y el desarrollo planetario son una constante en el universo. Por lo tanto, se asume que la vida no tiene nada de especial y que muy probablemente la vida sea abundante en el universo. Particularmente también se asume que la historia humana y los momentos específicos de la historia (como el que estás viviendo ahora) son vanos e indiferenciados de cualquier otro.

Al final de cuentas, los descubrimientos sobre: de dónde estamos, de dónde venimos y a dónde vamos, consisten en una forma particular de averiguar la cuestión general de quiénes somos. Y para saber quiénes somos es fundamental conocer dónde estamos. Sin embargo, no debemos confundir las dos preguntas. Aclarando esto, ¿el Principio de Mediocridad infiere correctamente nuestra condición de nuestra “ubicación”?


Fuentes de referencia:

[1] 1 pársec= 206265 ua = 3,2616 años luz


Imagen: Figuera “M” (del Latin Mundus) de Johannes Kepler (1617-1621) en Epitome Astronomiae Cpernicanae donde se muestra a la Tierra como perteneciendo a una estrella más del firmamento.

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