Prácticas ambientales fuera de la equidad de género

Por Paulina Martínez

Sin importar la etapa de nuestra historia a la cual nos remontemos, la lucha de géneros ha sido una constante. La aparente rivalidad entre hombres y mujeres se ha manifestado en diversos sectores, por ejemplo, el derecho al voto, la participación en el sector laboral, los beneficios paternales o maternales, e incluso la asignación de roles sociales como el de proveedor, administrador, jefes de familia, entre otros.

En años más recientes, se puede hablar de una lucha más encarada, que probablemente se ha fortalecido gracias a la accesibilidad y apertura de los medios globales de comunicación. Sin embargo, son tantos los sectores donde se hacen diferenciaciones determinadas por el género de un individuo, que la confrontación entre hombres y mujeres aún no vislumbra un final próximo.

Si bien podría creerse que las diferenciaciones más radicales han sido resueltas, la realidad es que estamos lejos de lograrlo. En diversos países sobreviven algunas tradiciones que continúan marcando una estrecha diferencia entre hembras y machos, no solo en humanos, sino incluso en animales. Ejemplo de ello son las prácticas de esterilización en mascotas, donde en regiones como el Estado de México, sigue siendo común que únicamente se permita la esterilización de hembras para no quitarle su virilidad a los perros o gatos machos.

En otros ámbitos, como el sector alimenticio, la desigualdad de género se ha manifestado en diversos entornos, por ejemplo, un estudio publicado en The University of Chicago Press reveló que en diversos países se considera que los alimentos vegetales deben ser consumidos por mujeres y a los hombres les corresponde el consumo de carne.

Sin duda alguna, esta distinción lo que permite ver es que las personas no sueles estar interesadas en conocer cuál es el proceso que atraviesan los alimentos para llegar a sus mesas y tampoco cuáles son las aportaciones nutrimentales más allá del género de quien los consuma. Entonces, podemos decir que parte fundamental del arraigo de costumbres de desigualdad de género provienen de la desinformación.

En el reporte “Global Power of Consumer Products”, realizado por la consultoría Deloitte, se determinó que hay cinco tendencias que determinarán los hábitos de consumo en el futuro: las personas se informan, cuidan su economía, procuran hábitos saludables y se preocupan por vigilar las acciones ambientalistas que implementan las empresas productoras de bienes y servicios. Es decir, que se espera que en el futuro los consumidores sean más conscientes respecto a su poder de influencia y hábitos de consumo.

Ha diferencia de las creencias de las personas, como se comentó anteriormente, los hábitos alimenticios no están relacionados a una diferenciación de género. De ninguna manera se puede pensar que una alimentación basada en vegetales sea propia de las mujeres ni que la carne sea propia de los hombres.

El consumo alimenticio es una cuestión de elección y no de imposición, que se basa en los gustos, preferencia, economía e incluso, costumbres de las personas. Los hombres no necesitan más carne que las mujeres para continuar siendo más fuertes que ellas y tampoco implica que las mujeres deban consumir únicamente vegetales para permanecer estéticamente bellas.

Si bien existe un debate entre los amantes de la carne y los vegetarianos, es importante considerar que el factor más importante a considerar siempre será la salud de las personas. Una alimentación balanceada y con los nutrientes necesarios para estar saludables depende de las actividades diarias de cada persona y sus necesidades nutrimentales, incluso entre mujeres y/o entre hombres existirán evidentes diferencias.

En algunas regiones y culturas, la alimentación también será diferente debido a la disponibilidad de alimentos en una región. Lo importante entonces es que sin importar las elecciones de alimentos, la distribución de estos sea equitativa para hombres y mujeres, sin importar su raza, edad, gustos o preferencias.

Si bien es cierto que el origen de dichos alimentos también es importante, lamentablemente no podemos descartar impactos ambientales negativos en cualquier caso. Por ejemplo, el consumo de carne tiene afectaciones climática y naturalmente, la lamentable muerte de animales; por otro lado la desaparición de espacios forestales o cambios de uso de suelo para agricultura.

Es decir, que al final del día, lo que verdaderamente importa es promover y participar activamente en la generación de canales de abastecimiento alimenticio que pueda tener un origen sustentable y libre de crueldad, cuyos productos resultantes puedan ser distribuidos equitativamente a las personas.

Earthgonomic


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