Posibilidades

Fuente: unescritorenapuros.wordpress.com/

Los saludo desde mi despacho, situado en un la azotea de un viejo edificio. En él solo cabemos mi escritorio, mis perros y yo. Viendo los árboles de afuera recuerdo la vista de Palmas, en una oficina cara pero incómoda, llena de gente gritando tonterías, perdiendo el tiempo y luchando todo el tiempo una competencia invisible para subir. Esa aspiración, que pone a la gente ansiosa por impresionar a los que la suerte puso arriba– y que a veces carecen de todo mérito, intelecto o comprensión –, ya no me ata.

Planeo mi día con base en una serie de proyectos en los que participo por interés propio. Tengo varios y confieso que llega a resultar confuso. También es difícil, por esto de ser joven, partir de una experiencia nula y tener que adquirirla a base de prueba y error. Y aquí estoy, probando. Cuáles florecerán y cuáles no es un misterio de mediano plazo.

En los últimos años, mi vida se ha convertido en un constante ir y venir entre diferentes posibilidades, proyectos y actividades que no necesariamente requieren la misma línea de pensamiento y que, al contrario, coinciden en un urgente requerimiento para adquirir nuevas herramientas. Mientras más armado esté uno para desafiar al mundo, mejor. Mi vida laboral se nutre de mis ideas, las horas se dividen según mi criterio y la certidumbre, esa que tenía cuando tenía una base de sueldo, se ha ido.

Hace unos diez años (conste que, aunque sigo siendo joven, hablar en términos de décadas me hace sentir extremadamente vieja), al escuchar sobre jóvenes emprendedores pensaba en ellos como marcianos provenientes de otro planeta. Hackers que hacían, desde su laptop, negocios millonarios; recién egresados que confiaban en sus ideas y, tachados de insensatos, lograban al poco tiempo establecer un pequeño emporio. Me parecían un grupo valiente y reducido, incluso intrépido. Tal vez porque se me enseñó a percibir el éxito con base en la ascensión dentro de una estructura corporativa, ser aceptado, aplaudido y recompensado. Iniciar la estructura sin tener una bola de cristal que asegure el éxito de tus proyectos de emprendimiento me parecía una franca excentricidad.

El tiempo que vivimos ya no es el de nuestros padres y nuestra generación no es tampoco la misma. Con una tecnología que avanza tan rápido que marea y una competencia tan agresiva en la que a veces destacar requiere de medidas extremas, la vida ya no es tan apacible y plana como – me imagino – antes lo era. Hoy las oportunidades son otras y nuestras expectativas también. La rutina cada vez nos pesa más, aunque venga acompañada de un buen horario y un buen sueldo. Vivir en un mundo tan lleno de posibilidades no hace otra cosa que aumentar nuestros niveles de estrés.

Hoy, los dedos de la mano no me alcanzan para contar a esos amigos cuya vida es tan poco predecible como la mía. Gente con la que puedo reunirme igual a las once que a las cuatro, para hablar de negocios o echar el chal sin que el mundo se caiga. Ya sea por decisión propia o por falta de suerte en la elección de otro camino, ellos como yo viven al día, adaptándose a un mercado cada vez más competitivo y cambiando, a fuerza de necesidad, su propio concepto del éxito.

A veces extraño la certidumbre, no crean. Como también extraño tener compañeros de trabajo – cuando los tenía deseaba no tenerlos –, las escapadas al Seven para huir del tedio de la rutina y la euforia de los viernes de quincena. Pero la libertad es exquisita, en medida de que uno mismo se la permita. Trabajar en un esquema flexible no significa dejar de tener alguien a quien rendirle cuentas, sino que los proyectos emprendidos, sin responsabilidad y compromiso, no tienen posibilidades de prosperar. He ahí lo aterrador del asunto.

Uno siempre trabaja para alguien, y trabajar para uno mismo hace del compromiso una cuestión de amor propio. Como joven, te aseguro que probablemente las oportunidades que tanto ansías tendrás que crearlas tú mismo. Y todo tiene sus pros y contras pero, si te decides a crear, descubrirás en ti talentos que permanecen dormidos.

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