Por el futuro de la Ciudad de México

Por Daniela Hernández

 

El pasado 05 de abril arrancó en la Ciudad de México el Hoy No Circula temporal, programa que se mantendrá hasta el próximo 30 de junio. La medida consiste en que todos los carros, sin importar su número de holograma (00, 0, 1 y 2), dejen de circular una vez por semana, así como un sábado o domingo de cada mes.  A esta decisión también se sumaron los gobiernos de la megalópolis: Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala.

Pero, ¿por qué se tomó esta medida? Porque durante las últimas semanas se detectaron altos picos en los niveles de ozono de la Zona Metropolitana, integrada por las 16 delegaciones de la Ciudad de México, 59 municipios del Estado de México y 1 de Hidalgo. Esos altos niveles de contaminación fueron resultado de las partículas liberadas por los vehículos automotores.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) estimó que hasta el 2014 tan sólo el parque vehicular de la Ciudad de México era de 4 millones 500 mil vehículos. Hoy, según la Setravi, son 5 millones 500 mil automóviles. Si a esto le sumamos los 4 millones 150 mil del Estado de México, entonces estamos hablando de 9 millones de vehículos aproximadamente que circulan diario en esta zona.

Según datos del INEGI, en la Ciudad de México habitamos casi nueve millones de personas; sin embargo, su territorio abarca únicamente el 0.8% de la superficie total del país. Aunado a esto, en el Estado de México se calculan alrededor de 15 millones de habitantes, por esto se estima que en la Zona Metropolitana habitan más de 22 millones de personas.

De acuerdo con la ONU, la Ciudad de México, que en realidad se toma como la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), es la cuarta más poblada del mundo. Su crecimiento, además de ser desmedido, ha sido desorganizado, generando que los recursos cada vez sean más limitados.

Y tal vez ustedes se pregunten: ¿qué tiene que ver todo esto con el Hoy No Circula? La explicación es la siguiente:

El fondo de este asunto es que muchas organizaciones, entre ellas el Centro de Transporte Sustentable (CTS), han señalado que la medida anunciada por el gobierno es simplemente transitoria, ya que el verdadero problema, de acuerdo con la directora del CTS, es “¿Cómo hacer para tener una movilidad adecuada?”(El Economista, 2016).

Políticas como el Hoy No Circula serían innecesarias si años atrás se hubiera creado un plan de desarrollo más integral, tanto en materia de vivienda, empleo, movilidad y medio ambiente. Uno que hubiera promovido la creación de fuentes de trabajo descentralizadas, que hubiera pensando en más y mejor transporte público, y que hubiera creado alternativas de movilidad sustentable, entre otras cuestiones. El gobierno no tendría que preocuparse por la mala calidad del aire si se hubiera anticipado a esta situación; sin embargo, no lo hizo y ahora debemos ver por el futuro.

¿Y a los jóvenes por qué debería importarnos todo esto? Nosotros somos quienes más interesados debemos estar pues, de acuerdo con el Banco Mundial, en México se estima una esperanza de vida de 77 años. Por lo que si en este momento tenemos entre 18 y 30 años, nos quedan 50 años por delante pero eso sólo si conseguimos crear un nuevo modelo de desarrollo para nuestra ciudad.

Es curioso pensar que la Ciudad de México es una de las urbes con mayores (que no significa mejores) opciones de movilidad. Tenemos un metro que va de sur a norte y de oriente a poniente, también un metrobús que recorre las principales avenidas, existen RTPs, trolebuses, y el Tren Ligero para la zona sur. Sin olvidar los camiones y peseros que recorren casi cualquier rincón de la mancha urbana, e incluso podríamos hablar de los taxis como transporte privado de uso público.

La cuestión es que la capacidad de dichos servicios se ve rebasada cuando consideramos que más del 60% de los habitantes de la ZMVM usan transporte público. En total, estamos hablando de casi doce millones de personas que se ven limitadas por las opciones existentes.

A pesar de que menos de la mitad de habitantes poseen un vehículo, de acuerdo con la FIMEVIC, “en términos de funcionalidad urbana, transportar a una persona por automóvil consume cincuenta veces más espacio que en el transporte público”.

En la actualidad, gran parte de la población perteneciente al sector económico medio o medio-alto (que cabe señalar son quienes pueden acceder a un automóvil) no utiliza el transporte público. Diversos estudios señalan tres principales razones: insuficiencia de unidades, inseguridad y falta de civilidad por parte de transportistas y usuarios.

Es por esto que la gratuidad de transportes como: RTP, Tren Ligero y trolebuses, anunciada por el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, no aminora la molestia de los ciudadanos que  tienen que abandonar la comodidad de sus autos por unidades repletas de personas.

Lo increíble de todo esto es que más allá de si viajamos en transporte público o en automóvil, según un artículo publicado en el 2015 por la revista Nexos, el Institute for Business Value calificó a la Ciudad de México como “La ciudad más dolorosa para transportarse. El dolor es el nuevo parámetro de medición del tráfico en las grandes metrópolis. Duele la inversión de tiempo, gasolina o pasajes, y el desgaste emocional por desplazarse dentro de una urbe”. (Nexos, 2015)

Cuando en el 2011 se anunció la Ley de Movilidad, se esperaban cambios como: el reconocimiento de la prioridad al peatón, la desaparición de concesiones, transporte las 24 horas y más ciclovías. Pero hasta el momento pocas son las colonias donde se ven reflejados dichos cambios.

Tanto gobierno como sociedad civil debemos actuar. Los primeros, creando más y mejores medios de transporte, también promoviendo la creación de empleos en diferentes zonas de la ciudad y, de ser posible, regulando los horarios de llegada a los trabajos para disminuir la afluencia de personas durante las horas pico. Mientras tanto, los segundos deben ser responsables con el uso del automóvil, también proponiendo nuevas formas de movilidad como la idea del vehículo compartido o el uso de la bicicleta donde exista infraestructura para ello.


Imagen: Animal Político

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