Política y veganismo

Por Brandon Ramírez

Una de las cosas a las que uno se acostumbro cuando decide adoptar una dieta vegetariana estricta, o seguir el veganismo como marco de referencia ética o estilo de vida, son los cuestionamientos a por qué se decide optar por ellos. Las motivaciones son muchas, muy personales unas, tanto por salud, como por un compromiso con los movimientos animalistas, pura moda, transición, o simple y llanamente porque sí. El que en años recientes haya surgido una ola de modismo alrededor, ha propiciado de igual forma que se relativice en su contenido, lo normal en nuestros tiempos de memes y simplificación, pero el veganismo tiene una dimensión que muchas veces se obvia: la carga política que le subyace.

Las motivaciones personales que pueden llevar a una persona a adoptar esta postura se refieren a una posición ética, que en su sentido más popular se refiere únicamente al no consumo de ningún producto de origen animal, tanto alimenticio como material en general. Esta declaración por si misma, es ya un posicionamiento contra el modelo de explotación animal, que autores como Richard Ryder categorizan como especismo (discriminación basada en la diferencia de especie, basado en nuestra visión antropocentrista del mundo, que nos ha llevada también a la explotación de recursos naturales en general de forma indiscriminada, generando muchos de los problemas medioambientales, también).

Pero también hay una crítica tradicionalmente asociada a las luchas clásicas de la izquierda, contra el sistema de explotación capitalista en varias bandas: por un lado, en esa posición cercana al medio ambientalismo, parte del programa socialdemócrata aún hoy día, ya que la producción de carne y otros productos de origen animal necesita una serie de recursos naturales que, dedicados a esta industria, no pueden ser usados para consumo humano más verde. Por otro lado, el esquema mismo de explotación de los animales es parte de la lógica capitalista, está sí, una crítica de la izquierda del siglo XX, que cosifica y despersonaliza (sí, uso ese término para referirme a las demás especies animales), a los animales para su incorporación en el esquema de consumo humano en masa.

El veganismo es una extensión de la ideología básica de la izquierda, que pugna por la igualdad y su búsqueda como el faro que guía la acción política. Como escribió Bobbio:

“El empuje hacia una igualdad cada vez mayor entre los hombres es, como ya observó en el siglo pasado Tocqueville, irresistible. Cada superación de esta o aquella discriminación, en función de la cual los hombres han estado divididos en superiores e inferiores, en dominadores y dominados, en ricos y pobres, en amos y esclavos, representa una etapa, desde luego no necesaria, pero por lo menos posible, del proceso de incivilización. Nunca como en nuestra época se han puesto en tela de juicio las tres fuentes principales de desigualdad, la clase, la raza y el sexo. La gradual equiparación de las mujeres a los hombres, primero en la pequeña sociedad familiar, luego en la más grande sociedad civil y política, es uno de los signos más certeros del imparable camino del género humano hacia la igualdad. ¿Y qué decir de la nueva actitud hacia los animales? Debates cada vez más frecuentes y extensos, concernientes a la legitimidad de la caza, los límites de la vivisección, la protección de especies animales que se han convertido en cada vez más raras, el vegetarianismo, ¿qué representan sino escaramuzas de una posible ampliación del principio de igualdad incluso más allá de los confines del género humano, una ampliación basada en la conciencia de que los animales son iguales a nosotros los hombres por lo menos en la capacidad de sufrimiento?”

Ya hace 20 años Bobbio identificaba esta tendencia; la extensión del criterio de igualdad con otras especies del planeta. Habría que sumar al veganismo en sus términos actuales la preocupación medioambiental, que trasciende la preocupación ética de no contribuir a la explotación y asesinato en masa de otras especies por compasión y empatía, y tiene este trasfondo político de crítica al sistema económico hegemónico (inherente a la misma preocupación ética) y un proyecto político tradicionalmente asociado a los partidos verdes europeos.

En sentido propositivo, la permanencia del veganismo sugiere más que un estilo de vida, un proyecto civilizatorio que abandone la explotación indiscriminada de otras especies vivas, contando ya hoy día con la capacidad de generar alternativas artificiales, así como reducir y razonar la explotación de recursos naturales, incluso los renovables. Aunado a ello, se señalan los beneficios a la salud de una dieta vegetariana estricta (la que usualmente se llama vegana) tiene como una solución a problemas de salud pública (al respecto, la Universidad de Chapingo tiene diversas investigaciones).

En general, todos los movimientos reivindicativos anti sistémicos suelen ser tratados con sorna y señalados como radicalismos por contravenir ideas muy interiorizadas. La lógica de los movimientos sociales es visibilizar precisamente problemas o agendas tradicionalmente excluidas y que se hable de ellas. En ese sentido, el veganismo ha avanzado en los últimos lustros, y la agenda que subyace tras de sí, como los derechos animales que hoy se garantizan, sin ir más lejos, en algunas entidades del país, y la sensibilización con su agenda, como la prohibición de las corridas de toros, por ejemplo, cada vez se normaliza y avanza más en algunos planes de gobierno.


Fuente de referencia: Bobbio, Norberto; “Izquierda y Derecha”, Taurus, 1995.


Imagen: http://images.animanaturalis.org/posts/full/201703/P07-40174.jpg

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