¿Podemos ser libres amando? Una reflexión acerca del amor libre

Por Aura Pérez

Múltiples son los debates y las polémicas que levanta el muy conocido amor libre, pero,  ¿Cómo lo entendemos? ¿Cómo lo llevamos a la práctica en nuestra cotidianidad? ¿Cómo nos relacionamos con la otra persona sexoafectivamente y por qué? Son cuestionamientos que seguramente a uno que otro inquietan. Y es que no está mal que a todos cantemos al ritmo de Manu Chau, Si me das elegir, porque en algún punto o múltiples puntos de nuestra vida amorosa, nos hemos sentimos identificados, porque, “hemos estado enamorados”. ¿Pero qué es eso de estar estar enamorado?, ¿Qué es eso que sucede en nuestro cerebro cuando estamos enamorados?

Resulta que al iniciarse el  impulso emocional que nos hace “estar/sentir enamorados”, los circuitos cerebrales de la confianza se activan, en estados depresivos o de tristeza, puesto que, la intercomunicación basada en diálogos y silencios entre las neuronas, lanzan al ruedo a los enamorados. Llevándolos a conocer dos lados de su psique, al seducirlos, por un lado, a la recompensa emocional, y por el otro, desapareciendo las distancias que tienen los enamorados, creando confianza.  Lo cual sabemos que ya es todo un rollo, pues en muchas culturas se nos ha enseñado que amar y querer no es igual. Y es que las bases biológicas del enamoramientos son ecuménicas, pero las tradiciones y las múltiples maneras de ver y entender la vida y como deseamos vivirla se interponen en la valoración que el cerebro hace de la recompensa. Y es en cuestiones de sexos que debemos tener en cuenta que también funciona diferente, hay estudios que han demostrado y que fácilmente podemos googlear en internet, que demuestran que las mujeres emplean en mayor medida la oxitocina, es decir, la hormona de la confianza, que eleva su nivel con el contacto corporal y la mirada; y que los hombres, utilizan más vasopresina, que potencia la testorena y facilita la empatía más racionalizada, y aumenta la detección de estímulos eróticos. Lo cual seguramente te acaba de hacer comprender muchos de los tantos puntos de shock,  a los que nos dejamos llevar seducidos por el momento. Eso, a lo que normalizamos y poco tomamos importancia, porque seguramente ignorábamos, o nos parecían guarradas poéticas o ideologías  esclavizante. Temo decirles, que es una de esas otras cosas que de nuevo, nos está invitando a conectar con nuestro ser y esencia de manera más racional, sin dejar lo natural de lado. Y que es ahí donde empieza todo, y desde donde deberíamos empezar a entender o a construir nuestro concepto practico de amor libre. No desde la ideología compulsiva consumista, llena de construcciones sociales y estereotipos que venden y empobrecen el ser de manera desmedida, incontrolable y determinante.

Vernos y reconocernos en el otro, en una sonrisa, en la voz, el intelecto y el intercambio de ideas constructivas divertidas y con responsabilidad emocional, juegan un papel muy importante en el principio de las relaciones, y en general a lo largo, de los acuerdos que las parejas vayan hablando, respetando y gozando, de manera que, provoquen emociones positivas en su psique, y que a la vez les de habilidades socioafectivas, que conllevan lo natural/teórico/practico del amor libre. Dentro de lo cual, hay que resaltar que es muy posible, que eso del amor que tanto nos inquieta y que vivimos continuamente, como círculos/triángulos viciosos, mucho tiene que ver con lo que nos han enseñado que tenemos que creer/desarrollar/entender, pero que finalmente pasan vistas desde el ser,  justamente a “ser”, una elección responsable y de crecimiento, más allá de la idea colonizadora y de poder, de lo que significa  poseer o no a alguien. Y que es ahí donde muchas prácticas y construcciones sociales vienen imponiéndose a la libertad que tienen los cuerpos, al reclamar su identidad.

Y es que, ya no lo decía Simone de Beauvior y Sartre, hay que romper con los esquemas de la vida tradicional, sin olvidar la responsabilidad individual. Esto quiere decir,  que vayamos a descubrir el mundo, a generar experiencias y disfrutarlas, sabiendo lo que se hace y porqué se hace. Es llevar acabo esa filosofía pura, que tiene que ver con cómo vives tu vida, tu libertad y tu responsabilidad individual, y es que hay que tener en cuenta, que esto nada tiene que ver con ser individualistas, pues, cuando hablamos de responsabilidad, quiere decir que debemos estar comprometidos con la sociedad, la política y con las vidas de los demás. Porque esa “mala fe” como nos dice Sartre, nos hace estar mintiéndonos a nosotros mismos, en lugar de conocernos a nosotros mismos y comportarnos de una manera que nos resulte correcta y significativa. Y es como ya decía Sócrates, la vida que no se analiza no merece ser vivida, y es que no hay vida que resulte más completamente humana que la que contiene una comprensión profunda.

Por eso, es que hablar de amor libre, no es hablar de lo que sea correcto o no, tiene que ver con cómo actúas ante las reacciones químicas que habitan tu naturaleza y como posicionas tu ser ante ellas, y los acuerdos que haces con otro ser, que puede posicionar su ser, desde una perspectiva distinta a la tuya, pues sus experiencias han sido distintas, y no por eso en esencia las mismas. Así siendo consciente de la elección que se asume al generar un vínculo sexual/emocional con el otro,  tiene que ver con el respeto de la vida, los cuerpos y como se viven esos cuerpos, que sin lugar a dudas,  nos hará más libres y más felices.


Imagen: tomada de Pinterest

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