Pluralidad

Por Miguel Téllez Campos

 

Hace dos semanas tuve la oportunidad de ir a la FES Acatlán y a la Facultad de Filosofía “Dr. Samuel Ramos Magaña” de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), en ambas instituciones participé como ponente en coloquios que organizaron dichas entidades académicas. Quiero contar brevemente de la temática de mis dos participaciones, algunos problemas e impresiones que me parecieron interesantes y, luego, el asunto por el cual este escrito se titula “Pluralidad”.

En la FES Acatlán participé en la mesa “Ética y tecnología II”, con la ponencia “La simpatía en las redes sociales”. Participaron conmigo tres estudiantes de aquella institución, yo era el único –en esa mesa- que venía de CU, ellos hablaron de tecnociencia y también de simpatía. Hay dos cosas que me parecieron interesantes aquel día: 1) hubo gente en el coloquio y 2) las inquietudes de quienes hicieron sus preguntas. Respecto a la primera, debo decir que regularmente en los coloquios de filosofía el número de asistentes es reducido: cuando va gente es porque algún profesor pide a sus estudiantes que asistan. Donde deseo decir algo interesante es en el asunto 2.

¿Qué podemos hacer frente al desarrollo tecnológico que hay en el mundo? ¿Acaso podemos hacer algo? ¿Cuáles serían nuestras razones para ‘impedirle’ al científico que produzca nuevos artefactos? Estas dudas surgieron en la mesa en la que participé, y aunque mi tema no era de ese corte, intervine en un par de ocasiones para echar luz según lo poco enterado que estoy en algunas discusiones. Una asistente preguntó que qué caso tiene que haya instituciones –como la ONU, mencionó- si no pueden hacer nada de verdad. Y peor aún –y esto fue pedrada para nosotros-, ¿qué pueden hacer los filósofos?

Primero una aclaración: entre la comunidad filosófica que alguien sea ‘filósofo’ es imposible. Ese tipo de figuras, hoy día, es un ideal, que cualquier sensato sabe que nunca conseguirá. Esto sólo por mero dato curioso. Respecto al comentario de aquella asistente al coloquio, lo que sugerí es que en las discusiones respecto a ética, se intenta acudir a conceptos que defiendan al sujeto moral: la dignidad es un ejemplo. Una ponente apoyó mi comentario; sin embargo, la asistente insistió en que toda esa invención de conceptos filosóficos no tiene sentido: sólo es discutir y no llegar a nada, y mencionó el ejemplo de la filosofía del derecho de un filósofo llamado Hegel. Lo que agregaría hoy día a ese comentario es que gracias a un filósofo del derecho de apellido Waldron, el asunto de la dignidad parece ya tener campo seguro, y esto es para molestar, alguien serio en filosofía del derecho no habla de Hegel.

Respecto al asunto de las instituciones, esa crítica me gustó, a causa de que desconozco todo el entramado político en esas cuestiones. Luego de comentarle a una Dra. –con la que trabajo en asuntos forenses- de esa crítica, me contó que es cierto que ciertas instituciones no pueden ‘hacer’ algo al respecto, sino ‘sugerir’. Y en dado caso de que el país en cuestión esté en vínculo con la institución, también en cuestión, lo que ésta puede hacer, es una especie de ‘llamado’ para que se tome en cuenta lo que ocurre con alguna práctica, de esta manera los órganos políticos deberían atender el problema.

Así las cosas, vemos que no todo está perdido, y para cuidarnos como estudiantes de filosofía de este tipo de pedradas: hay que estar atentos en las discusiones sustanciales y no precisamente en aquellos sitios donde todo es oscuro por su terminología –ahí sí podemos decir que la invención de conceptos no aporta algún instrumento eficaz para resolver cuestiones prácticas-.

En mi visita a la UMSNH, mi ponencia se tituló “Razonabilidad y Tolerancia en Sor Juana Inés de la Cruz”. En este coloquio participé con dos estudiantes de aquella universidad, ellos hablaron de la cultura y de filosofía de la educación. En dicho evento también me fui con las aportaciones de quienes expresaron sus inquietudes, así como de los ponentes que estaban a mi lado, que respondieron algunas objeciones que les hice. La aportación que me pareció oportuna, fue la de una chica que señaló que no sabemos hablar ni expresar buenas razones, y que esto sin duda repercute en la vida en conjunto.

Finalmente, fui invitado por la moderadora de aquel coloquio a un seminario para profesores, y es aquí donde viene la pluralidad. Había profesores de distintos lugares de Michoacán, y dado que la sesión abarcó los conceptos de: democracia, participación, violencia y ciudadanía, muchos dieron su opinión a partir de sus vivencias. El comentario que me sorprendió fue el de una profesora que trabaja muy cerca de la ‘frontera’ entre Michoacán y Guerrero: se hizo viral la imagen de una joven que quiere sus xv años y otra que mejor posa con armas, lista para la vida en el narcotráfico. Esto tenía que ver con el hecho de ser ciudadanos y los planes de vida que los jóvenes tienen hoy día, que sin duda importan en la vida política. Si los jóvenes notan que un estilo de vida es ‘mejor’ que otro – así implique violencia-, ¿cómo –mediante educación y filosofía- les das razones para que no lo hagan?

No vemos en ocasiones más que el congestionamiento vehicular o el modo de poder circular diario, mientras en otros lugares se dan sucesos que en algún momento van a afectar la vida política, y por ende, nuestra vida. Debemos acercarnos y tomar en serio el hecho de la pluralidad: ya no sólo cultural, sino de circunstancias.

Deseo expresar mi cariño y gratitud a Romina Aguilera, quien estuvo acompañándome en mi visita a la UMSNH, allá en Morelia. Sin duda debo expresarle más, sólo que este no es el sitio indicado. Su presencia me hizo entender que lo académico está bien, pero que la compañía y las miradas son un apoyo y un incentivo para el corazón que quizá ningún libro pueda ofrecer.


Imagen: http://paleofuture.gizmodo.com/uberx-in-la-its-illegal-its-great-it-needs-to-stop-626060445

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