Películas y series

Por Brandon Ramírez

No deja de parecerme curioso la cada vez mayor importancia dentro de la cultura popular que ha ganado el formato de las series. Puede que desde una visión más especialista o artística aún no se dé el mismo fenómeno, aunque sí que han ido ganado recocimiento, como puede reflejar el hecho de que en el festival de Cannes incluyan dentro de su selección (aunque no compitan) dos series, y que el próximo año parece que tendrán un festival específico para las mismas “Cannes series”, o en menor medida que los MTV Movie Awards ahora se llame MTV Movie & TV Awards, si bien es cierto que los Globos de oro ya desde hace varias décadas premian también este formato.

Quién sabe qué tanta culpa de esto tenga que las plataformas como Netflix, Amazon Prime, etcétera se han ya establecido como un hábito de consumo estándar en buena parte de las sociedades, al igual que el abaratamiento y extensión de los servicios de internet que los posibilitan, y la innovación que conllevaron este tipo de compañías al ofrecer las temporadas completas el mismo día del estreno, y no tener que esperar a un día y hora específico para verla a lo largo de tres meses.

Es cierto que cada vez vivimos a un ritmo más acelerado y queremos recompensas y acceso a las cosas de manera inmediata. No en balde los servicios de mensajería instantánea hoy día son tan populares, las velocidades de internet son cada día más rápidas, al igual que los medios de transporte como les trenes, etcétera, y nosotros, los jóvenes hemos crecido dentro de esa aceleración y encontramos gratificante poder, si se quiere, ver completa la temporada de una serie el mismo día de su estreno, aunque implique no dormir lo recomendado, por esa frase que más de uno ha utilizado “un capítulo más y ya”.

Cierto que todo ello no serviría si no se tuviera contenido de calidad en las mismas. No sabría identificar si el hecho de que directores de cine y actores con gran prestigio acuden cada vez más a este tipo de formatos, que solía ser considerado inferior al teatro o el cine, como todo lo asociado a la televisión, o si bien el prestigio de las mismas subió por el tránsito de aquellos a estas, y el consiguiente aumento de presupuesto que el éxito permite inyectar a la industria, pero la realidad es que cada día hay más personalidades de renombre actoral en las series. También es cierto que las series ofrecen la oportunidad de no contar una historia en las 2 hrs que puede durar de media una película, sino en 8 o 24 episodios de 30-60 minutos de duración, lo que permite mejor desarrollo de personajes y desarrollo de historias.

Me viene a la mente, hablando de ello, un episodio de American Horror Story cuando uno de los personajes, Elsa Mars, quien dirige y actúa en un circo en el que presenta un acto musical, y que presume de una supuesta carrera actoral ejemplar, conoce a un falso trabajador de una cadena televisiva en Hollywood, Stanley, quien le ofrece trabajo para un programa en el que sería la presentadora, y que recibe de respuesta:

“Primero me hierven en aceite que aparecer en televisión […] las películas jamás serán remplazadas por su televisión; las películas son la expresión de nuestra alma, nuestros sueños íntimos y fantasías […] yo jamás participaré en lo que considero la muerte del arte”

Menos romántica y dramática que la referencia anterior, pero puede que fuera la percepción de muchos directores, escritores, y actores de cine con respecto a la televisión, pero parece que como Elsa misma terminó cediendo y encontrando como atractiva la oferta de Stanley, ante el enorme crecimiento que supondría la televisión para su carrera, ahora pasa lo mismo con respecto a las series. Y he sido cuidadoso en no llamarles series televisivas, porque creo que parte de este crecimiento se debe a que ya no pertenecen exclusivamente a la televisión, como mencioné antes, y se pueden disfrutar en muchos otros dispositivos como computadoras y celulares/tablets.

Quién sabe si este crecimiento y prestigio se mantenga; como muchas otras tendencias asimiladas por la cultura popular, como la memeficación de todo cuanto ocurre en la cotidianeidad. Puede que como muchas otras cosas de nuestros días sea una moda pasajera, pero no parece mucho que sea así. Cada año aparece por lo menos una serie con una enorme repercusión ya sea producida por una cadena televisiva o compañía de servicio por streaming, y se suma al catálogo de las ya existentes que se renuevan con temporadas anuales. Claro que esto tampoco implica que el cine deba decaer, al contrario, sólo enriquece el catalogo cultural al que tenemos acceso.

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