Participación política: México rumbo al 2018

Por  Uriel Carrillo Altamirano

Hasta ahora la participación política no ha quedado clara. Si bien es cierto que el voto es la forma más conocida de hacerlo, tampoco es la única. Durante varios años, la idea de que el sufragio era la única manera de manifestar y hacer válido el carácter de ciudadano dominó a la conciencia colectiva.

Sin embargo, de acuerdo con Anduiza y Bosch (2004), cerrar la posibilidad de intervención política a sólo el voto, reduce y pone en duda la calidad del sistema democrático. De tal manera, los autores proponen una categoría de lo que se debe considerar como participación, en la que encontramos:

-Votar en unas elecciones o en un referéndum

-Colaborar y participar en distintos aspectos de campaña electoral (asistencia a mítines, canvassing, financiación, pegada de carteles, etc.)

-Ser miembro activo de un partido político

-Ser miembro activo de un grupo, asociación u organización de carácter político (sindicato, organización empresarial, organizaciones  no gubernamentales, etc.)

-Participar en manifestaciones, sentadas u otros actos de protesta

-Boicotear determinados productos por razones políticas, éticas o medio-ambientales

-Desobedecer una ley por razones políticas o éticas (como la insumisión)

-Contactar con los medios de comunicación o con los representantes políticos sobre cuestiones públicas

-Llevar pegatinas o distintivos de contenido político

-Participar en plataformas, grupos o asociaciones sobre cuestiones locales (plataformas pro carril bici, protección del medio ambiente, etcétera)

-Colaborar en algún mecanismo de participación directa en políticas locales (como los consejos ciudadanos o los presupuestos participativos)”  (Anduiza, Eva y Bosch, Agustí. 2004)

Esto lleva no sólo a considerar hasta que parte del actuar diario de un individuo se considera como participación. Al mismo tiempo, pensar que, en sentido contrario, lo que no esté delimitado como cooperación política, simplemente no lo es.

Pero, ¿Qué sucede cuando ésta categoría pierde cierta vigencia en un mundo donde las redes sociodigitales son una extensión de una parte de la población? Deben, entonces, repensarse los límites de la participación política, sin que esto, precisamente, signifique abrir el espectro para que cualquier cosa pueda ser considerada como tal.

Además, de acuerdo con Anduiza y Bosch, hay una categoría más en la que se menciona qué no es participación política, por ejemplo:

“— El interés por la política y, en general, las actitudes y valoraciones sobre la misma. Estas orientaciones pueden influir en la participación, pero no son en sí mismas acciones políticas. En sentido estricto tampoco pueden considerarse participación política las actitudes de los ciudadanos sobre distintas formas de participación o sobre su potencial participativo, es decir, la valoración que tienen los ciudadanos sobre una participación hipotética.

— Las discusiones o conversaciones sobre política. Cabria la duda de si el intento de convencer a otras personas para que participen en una determinada acción no constituye en sí mismo un acto de participación, pero en general las conversaciones no tienen una intención de influir sobre las decisiones políticas.
La participación en organizaciones y asociaciones de carácter social (religiosas, culturales, de jóvenes, artísticas, deportivas, etc.)

— Acciones dirigidas al disfrute de determinadas decisiones gubernamentales o a influir en las mismas para la obtención de un beneficio meramente particular, como acceder a una vivienda de protección oficial, o participar en un programa público de formación.

— El desempeño de cargos públicos. Sobre estos cargos recae la responsabilidad de tomar las decisiones, influidos o no por acciones participativas de los ciudadanos corrientes, que son el objeto de interés a la hora de analizar la participación política”.  (Anduiza, Eva y Bosch, Agustí. 2004)

Pero en las redes sociodigitales las cosas son distintas. Diría Goseselin que la internet, así como las redes sociodigitales son una arena política, pues cada una posee reglas específicas para la interacción entre individuos.

Bajo esta pequeña premisa, Facebook, Instagram; Snapchat, Twitter y demás, son una nueva oportunidad para poner a debate los temas de interés común, un espacio público donde el individuo puede cuestionar su realidad desde cualquier aparato tecnológico que cuente con conexión a internet.

Además, en años recientes el mundo ha sido testigo de cómo las tecnologías de la información sirvieron como herramientas para la organización colectiva, el llamado a la acción, la discusión de diversos temas, la posibilidad de expresar una opinión sin tantas restricciones y consecuencias, además, como nuevo centro de información y divulgación de la información y el conocimiento.

Ante esto nuevo panorama en el mundo, los movimientos sociales retoman fuerza para hacer públicos aquellas injusticias y demandas de derechos. Algunos ejemplos son la primavera árabe, el #YoSoy132 y los actos de ciberdisidencia en España.

Pero la internet no es el faro de luz en medio de la oscuridad. De la misma manera que provee nuevas posibilidades para la organización colectiva, también es participe del espionaje, hackers, Fake News, enajenación, potenciación del consumismo y ciberterrorismo.


Fuente de referencia:

Anduiza Perea, Eva y Agustí Bosch, (2004). Comportamiento Político Electoral. Barcelona: Grupo Planeta. 282 p.


Imagen: https://lh3.googleusercontent.com/jFsM0sffSQNx5mj94

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