Pájaro blanco

Por Fernando Rocha

 

“Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.
(…)
Para, sin lastimarme,
cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
y hacerme el alma navegable.”
Rafael Alberti

 

I

El invierno es un cisne de diamante y en el paraíso alguien lo despluma, esta época es una salvación acuática, un regalo líquido mas con envoltura dolorosa, deglutir nieve es masticar un meteorito y saborear aire pobremente aderezado con agua, el cielo era tacaño pero hoy es benévolo, arroja destellos con alma de confites, bombones, chicles, se diría que Dios desea pescar a todos los niños pero él ya me tiene, en mi pensamiento juega y en mi pecho reina, por eso cada mañana, cuando el sol es cómplice, llueva, huracane, tiemble, pero que el sol pavimente mis pasos, yo me arrodillo frente a la iglesia y rezo, la puerta, tiránica como un mármol de tinieblas, es transparente a mis palabras, quizá mis oraciones hayan endulzado la
nevisca, sólo falta que el río sea de mermelada, cuando es verano me baño en él y salgo estampado de renacuajos, devoro mi reflejo y descubro las travesuras de la edad, mis ojos son olas, mis labios el esqueleto de una rosa y el cabello un lodo rubio, soy un clavel sucio vestido con mechones de otoño, no soy más, durante el día recorro Bogolyubovo pidiendo mendrugos (planetas de regaliz), cobijas (armaduras vernales) o alguna alborada para atizarme el corazón, me catalogan huérfano pero sé que nací del vientre de una estrella y que la luna, cuando yo era un ramillete de carne, fue mi cuna, pues la noche también me muerde.

 

II

Cometa beodo.
Un ángel se desgrana de la sonrisa del cielo y aterriza en la cúpula de la iglesia. Las alas son ópalos y en la melena juega un relámpago. En las pupilas un mar se convierte en mariposa, los brazos son ramas del infinito donde el sol canta sus canículas. Un fulgor viste su tallo de cuarzo y su voz es la navaja con la que Dios parte los días.
Los curiosos se acercan, fotografían, filman, se escudan con una lente, con una perspectiva. Son cíclopes que prefieren dialogar con flashes, ¿De dónde vienes, criatura?, ¿Eres un emisario divino?, ¿La nieve azucarada es tu obertura? No tardan los astrónomos, los sacerdotes, los pintores, los generales, los zoólogos, los políticos, los hagiógrafos, los cazadores, los periodistas, los meteorólogos, los poetas, los museógrafos… Todos querrán una rebanada del ángel pero, la belleza no garantiza confianza, además, miren: posa como una gárgola y podría estar tejiendo el apocalipsis, la abominación en coraza lírica, que no nos engañe esta bestia de vitral. Y así, antes de la disertación de los fusiles, del saludo de las jeringas y de un lengüetazo fotográfico más, el ángel abandona su disección. Se yergue/ desconfiados/ dispara las alas/ no ven más allá de su mortalidad/ detona su mirada/ enviarían a su dios al matadero/ gruñe/ lo disecarían para trofeo/ vocifera y la farándula se desintegra. Escapan tropezándose con sus aullidos. Aquél no es un
heraldo celestial. Su rugido es la bandera del exterminio.

Sólo permanece el niño. Sus plegarias finalmente han encarnado, Baja, le dice, no temas, sólo estoy armado de costras.

 

III

Lo bautizo pájaro blanco por el resplandor que galopa sobre él, y le ofrezco mi edén acartonado con celaje de periódico, único presupuesto de mi corazón, mas no hace falta, dice que, ahogando al tiempo, contraatacaremos al destino, no comprendo pero se inclina y monto su espalda de iceberg, entonces sobrevolamos Bogolyubovo, irrigamos en el viento como un latido emplumado, la ciudad ceñida por mi pupila, la nevisca valsando, me hago un mostacho de nubes y ahora, cuando río, toda mi mugre se vuelve acuarela, hemorragia de aurora, y armados con ella, jugamos con el cuerpo del invierno, le tatuamos abismos de primavera, lo guisamos en hojarasca y le ponemos falda de verano, la nieve ahora se yergue como un imperio de alhelíes, los árboles se emborrachan de olivino, se inyectan pájaros y danzan como borrascas, la escarcha es terciopelo solar, formamos cornucopias de los cultivos, devoro, exprimo, pelo, saboreo, desgajo, bebo, muerdo, salpico, cuánto le robamos al destino al salvar mi infancia amordazada con costras y hambre, pájaro blanco, Bogolyubovo es fogata de mi corazón, la república glacial combate allá con
sus estalactitas mientras aquí hervimos de alegría, tu magia me ha sanado, ya no tengo cabello de úlceras y las estrellas avecindan mis pupilas, el arrebol se peina con mis labios, mi piel está límpida como una carcajada del mar, ¡parezco príncipe!, mas tú te has enlodado, el relámpago de tu cabeza se desató y te ha craquelado el cuerpo (eres un diamante purulento), la vedeja son jirones de amanecer oxidado, tu mirada es un volcán y en la voz tienes espinas, ¡pareces demonio!

 

IV

La fiebre es un rocío de lava que engulle al niño, avispero de escalofríos, volcán flemático, pulmones de piedra. El huérfano tiene un atardecer en el corazón, su pecho enarboló la luna para coronar a la muerte mas su vida se dilató con el hilo de sus risas, pájaro blanco, ¿Y quién los salva a ustedes de su inmortalidad?, le pregunta, Afortunadamente las travesuras de los niños, contesta.
Fue abanderado con el arcoíris y el ángel se lo llevó entre los brazos hacia el plenilunio. Ha cumplido con su deber celestial pero cada huérfano contentado es
una lágrima eterna sobre sus mejillas.


Imagen: https://www.pinterest.com.mx/pin/693272936358662064/

 

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