Ósmosis de la subjetividad

Por Fernando Rocha

La subjetividad es contraria a la masa, sin subjetividad no hay dialéctica ni dinámica, no hay ser: sólo hay una nada que es algo porque está vacía al estar llena de sí misma. Sin subjetividad hay nóumeno, una cosa en sí misma incognoscible e incognoscente. Empero, no basta con que haya subjetividad y otredad, podrían confrontarse en una guerra que concluiría en la aniquilación de ambas (hacia la nada) o de alguna (hacia un nóumeno). Lo viable es una síntesis pero no por negación ―que la antítesis niegue a la tesis―, sino por inclusión―que dos tesis se conjuguen―. ¿Cómo se sintetizarían? Mediante conocimiento y recreación.

La alteridad y la subjetividad son recíprocas: sincrónicamente una es reacción de la otra: yo soy yo cuando hay algo que no es yo, y algo no es yo cuando yo soy yo. Por lo tanto, la subjetividad es incompleta, necesaria y expresiva.

Luis Garagalza explica que el hecho de que el bebé salga con un cerebro inmaduro ―debido a que el tamaño de la pelvis materna no es suficiente para la expulsión de un cerebro más grande― produce un “hueco” donde se inserta la cultura. Esto origina un cerebro que interactúa directamente con el mundo, que lo aprende, conoce, crea y recrea; el cerebro de cada humano es un “cerebro colectivo”: cada cerebro individual es cerebro de la humanidad. Podría reflexionarse si ese hueco es lo que permite al hombre ser hombre, pero eso es asunto de otro examen…

Así, cada individuo construye su subjetividad al ser: 1) lector 2) ser y 3) autor.

Aquel hueco metafísico en el cerebro humano permite que se le inserte la cultura, es decir, el individuo, que es incompleto ―metafísicamente― , se convierte en un lector del mundo para ―“completarse”―tener afinidad con él (¡Ay de aquel que no lo sea! En lo social, Aristóteles aseveró en Política que el asocial sólo podía ser un dios o una bestia), ya que el hombre, además de ser un zoon politikón, es el animal más mimético ―Poética del Estagirita. Esta cultura insertada es una información de supervivencia pues sin ella difícilmente el hombre sobreviviría.

Posteriormente, el individuo, para distinguirse de lo otro, necesita ser, darse una identidad; la subjetividad es necesaria para que exista individuo y masa y no sólo masa.

Después, cuando el individuo se ha culturizado lo suficiente como para identificar esa cultura, para identificarse a sí mismo y a lo otro, cuando ya leyó al mundo y necesite una identidad, esa identidad sólo podrá construirla al ser autor, un autor del mundo donde su identidad devendrá de la construcción de ese mundo. Es por ello que la subjetividad es expresiva. Una distinción entre el lenguaje humano y el animal es que el mensaje del primero siempre incita a una respuesta ―el receptor crea un mensaje a partir del mensaje del emisor, y ese mensaje lo puede transmitir tanto a él mismo (es pensamiento, y dice Hobbes en Leviatán que todo pensamiento es una re-presentación de un objeto ajeno al sujeto) como a otro―, mientras que el segundo no incita a la respuesta. Asimismo, Descartes asevera en Discurso del método que la diferencia entre el hombre y la máquina es el alma, y la razón es producto del alma y el habla, de la razón, de manera que las máquinas, por más superiores que fuesen al hombre, jamás podrán declarar sus pensamientos mediante signos o palabras.

El problema es el deseo de dominio que genera esa autoría del individuo, transformado en imposición de la subjetividad. Si la mímesis permite al humano ser el animal más sociable, la subjetividad lo hará el más conflictivo: será el más sociable por su capacidad de conocer la alteridad y será el más conflictivo al intentar imponer su subjetividad a la alteridad e ignorar ésta.

Así, el hombre puede dirigirse hacia la violencia o hacia la paz, la armonía entre el sujeto y la otredad.

Para concertar la armonía entre el sujeto y la otredad, ambos deben conocerse y recrearse. ¿Cómo se realiza esto? Se conoce al contemplar la esencia, causa, fin y posibilidades de algo y se recrea al ofrecer una nueva cosmovisión. Entonces, ambos deben “acomodarse” para sintetizarse con el otro. Una ósmosis de la subjetividad que devendrá a paz.

Podría pensarse que esta armonía concertará de nuevo el estado de masa, no obstante, es equívoco pues la armonía es una pluralidad unificada y la masa sólo es unidad.


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