Opinión pública: ¿chisme colectivo?

Por Alejandro Pocoroba

 

En la Escuela de Frankfurt, Alemania, J. Habermas ya teorizaba acerca de la opinión pública, la cual asimilaba como  “los actores de la sociedad moderna «renuncian» o ponen entre paréntesis sus diferencias de posición y sus intereses particulares, sectoriales, de género o de clase, para elevarse hasta el interés general o público“(en Santana, 1998:84), es decir, una opinión colectiva que dejaba en stain back otros tipos de asuntos para poder atacar intereses comunes. No obstante, Marx ya indicaba que no existía un bien común; éstos son construidos de acuerdo a la imposición intergrupal de las élites. En otras palabras, el “bien común” es dado a partir de los intereses de unos cuantos; por ejemplo, idealizando candidatos, legitimando los cánones de belleza, calumniando a ciertos grupos e inclusive influyendo en la interpretación de la realidad social.

“Una teoría sobre la democracia implica necesariamente una hipótesis sobre la opinión pública, dado que la democracia como gobierno basado en la decisión soberana de los ciudadanos, presupone la expresión libre de los mismos” (Santana, 1998:84). La opinión pública se relaciona con democracia, participación social, autonomía, etc., o al menos es como define el autor.  No obstante, la opinión pública se ha convertido en el chisme colectivo, ya que éste no se pone en tela de juicio y únicamente se reproduce, sin importar si la fuente es fidedigna.

Para sustentar lo anterior, es necesario observar la saturación de información existente en los medios de comunicación, sobre todo, en internet. La web así como ha ayudado, también ha perjudicado y problematizarlo lleva a diversas aristas que no son el fin de este trabajo. Sin embargo, el medio de comunicación que se ha encontrado, se encuentra y se encontrará influyendo en la opinión de las personas es: la televisión pública (a diferencia del internet, en la T.V. el cliente tiene que adaptarse a la programación).

Son bastos los ejemplos, sobre todo en nuestro país, donde la televisión pública ha influenciado sobre las personas; ya sea para el consumo de ciertos productos, hasta la elección de mandatarios. El problema es más grave del que parece, porque al no criticar lo dado se da por natural las relaciones, ignorando la imposición de los medios haciéndonos creer que son intereses propios. En otras palabras, reproducir discursos sin razonarlos.

La democracia se ve en crisis ante una sociedad que ha perdido su carácter de autonomía; es a partir de ahí donde se aprovechan (ciertos actores) para influenciar y crear estos intereses, haciéndonos creer que son propios (de la ciudadanía), de esta manera se perpetua el interés de unos pocos. La opinión pública es democrática y participativa, pero no siempre ve en pro de su sociedad. Se perpetúan los discursos y se reproducen las acciones: votar por el mismo partido, por ejemplo.

La TV y la opinión pública van de la mano en México, es necesario observar que la falta de crítica ante los sucesos es naturalizado o satanizado de acuerdo a la estrella o a los aztecas. Además, la misma televisión ha construido identidades a partir de programas, novelas, reality shows, etc.

Por lo tanto, si la opinión pública se encuentra mediatizada por los medios de comunicación (y no solo ellos), la democracia no existe porque es una puesta en escena, presentado candidatos por una elección que ya se ha llevado a cabo, entre unos cuantos. Asumir las nociones aquí presentadas, es afirmar la determinación, donde la estructura es la única quien elige “el destino” de las sociedades.

Sin embargo, debido a la proliferación de la tecnología y, en precioso, de las redes sociales, ha existido más media de información y no únicamente la televisión. De esta manera, existen diferentes medios de comunicación para poder construir una crítica, ya sea a favor o en contra, ante ciertos sucesos. Asimismo, una objetividad ante los sucesos en los cuales son de difícil acceso por cuestiones geográficas o de tiempo. Bajo este telón, la opinión pública se encontraría construida desde diferentes perspectivas; la autonomía en la democratización y participación social sería diversa.

A manera de conclusión, se trata de crear un pensamiento crítico a partir de poner en tela de juicio los medios de comunicación, para ello se ensayó la relación entre opinión pública y televisión, conociendo los riesgos teóricos que conlleva el concepto de opinión pública (es importante destacar que la opinión pública no es construida únicamente a través de medios de comunicación, sino también de grupos de la Sociedad Civil, la religión, empresas, partidos políticos, etc.) No obstante, se busca que el lector construya y critique los medios por los cuales se ha informado, no únicamente la televisión, también el internet ya que no existe una regulación de la misma, esto lo hace enriquecedora y a la vez empobrecedora.

En otras palabras, todo discurso que no es llevado a la crítica, es un discurso ciego que nos lleva directo a la oscuridad.


Bibliografía:

Satana, P. (1998) “Opinión pública, culturas políticas y democracia” en Nómadas Col. Núm. 9, septiembre. Pp. 83-89. Universidad central de Bogotá, Colombia.


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