Olvídate de los propósitos de Año Nuevo… ¡sé feliz!

Por María Fosado

 

Esta es la primera vez que decido hablar de dos temas en una misma publicación.

¿Por qué celebramos lo que celebramos?

Aprovechando que estamos en estas épocas donde celebramos la Navidad, el día de los inocentes (en algunos países), fin de año, la llegada del año nuevo y el día de los reyes magos o los santos reyes; no puede faltar la transmisión de las típicas películas navideñas que todos nos sabemos de principio a fin y al revés.

Decidí ir en estas fechas al cine con mi familia y ahora que lo menciono, recuerdo que se nos estaba haciendo costumbre ir el 25 de diciembre y el 1 de enero al cine a ver alguna película que no fuese navideña ¡por favor! Y seguramente eso comenzaríamos a hacer los años siguientes por ser el único lugar abierto en la ciudad durante esas fechas.

En esta ocasión fuimos a ver “Krampus: El terror de la Navidad”, una película para pasar un buen rato familiar y que si tú eres de aquellos que gustan por el cine de terror, mejor no la veas, seguro no te va a gustar. Es fantasía, suspenso y ficción, pero sin duda lo que me gustó de la película fue el mensaje que deja.

Después de verla, me quedé pensando en algunas cosas, como la que menciono al principio de esta publicación: en que “celebramos” estas épocas pero muchas veces sin conocer su verdadero significado.

Gracias a las redes sociales podemos conocer las celebraciones más extraordinarias de otros países en estas fechas, hay quienes les encanta compartir las fotografías de sus árboles navideños, sus mascotas vestidas de Santa Claus o renos, publicar los regalos que recibieron en Navidad y hasta quienes se quejan del horrible regalo que recibieron en el intercambio navideño y las típicas e incómodas preguntas de la tía sobre el novio la novia.

Digo que ahora celebramos por celebrar, por el gusto de publicar una foto en Instagram de la cena navideña y recibir miles de ‘me gusta’ como toda una celebridad.

Lo que antes debía hacerse con respeto al sentarse todos juntos a la mesa, ahora lo hacemos con el celular a un lado la espera de miles de felicitaciones en Facebook o WhatsApp.

Las tradiciones se están perdiendo, los niños de hoy son 100% tecnológicos, tu generación y la mía también lo son.

Ya no vemos las cosas como antes, porque los tiempos han cambiado, lo que antes era divertido hacer con la familia, ahora preferimos festejarlo a través de nuestras pantallas.

Si no estás de acuerdo con lo que digo, entonces dime tú ¿qué simbolizan las lucecitas de colores y las esferas alrededor del árbol de Navidad? ¡Ah, verdad! Las luces de colores (o blancas) simbolizan la iluminación de nuestro camino a la fe.

El siguiente video te hará reír tanto (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia) que a la vez querrás llorar porque lo que las redes sociales intentar “unir y conectar”, en la vida real SEPARAN.

No estoy en contra de las redes sociales, porque yo también las utilizo, pero creo que para todo existe un límite.

Propósitos de Año Nuevo que TODOS juramos cumplir pero después del brindis olvidamos:

Llega la fecha más esperada del año, para muchos es la noche del 31 de diciembre para poder olvidarse de sus problemas, de las experiencias malas, para agradecer lo bueno o no saber nada más que tenga que ver con el año que se termina.

Y para otros más es el 1 de enero, para automotivarse a ser mejores personas, prometer hacer miles de cosas, decidir dejar los malos hábitos, jurar hacer las cosas bien y comenzar de nuevo.

Estamos en la cena, donde comienzan a dar las 12 campanadas, comer las uvas y pedir un deseo por cada uno.

Al principio es emocionante porque nos viene a la mente todo lo que deseamos para el nuevo año, lo que nos vamos a proponer alcanzar, lo que queremos comprar y todo lo que deseamos tener y también para que no nos falte es este año que comenzará, ya sabes, amor, felicidad, salud, dinero, etc., pero de repente ya vamos en la octava uva y nos comenzamos a quedar en blanco y en vez de desear, rezamos para no atragantarnos con tantas uvas al mismo tiempo.

Terminan las 12 campanadas, las uvas en nuestro estómago y todos saltamos de alegría y nos abrazamos porque ya es año nuevo.

Hay quienes escriben una lista con sus 12 deseos para recordarlos durante el año y así llegar a cumplirlos, pero la verdad es que hasta ahora noche conocido a alguien que los haya cumplido TODOS al pie de la letra como deseaba.

Si tú eres una de esas personas que sí los cumplen, por favor déjame tu comentario, me encantaría conocerte y de paso me inspiro para mi próxima publicación 😉

Siendo sincera, a mí se me olvidan mis propósitos después de un tiempo, luego los escribo pero como no los cumplo todos, ahora he decidido que a partir de este año voy a dejar de hacer mi lista de propósitos y sólo pediré un par de cosas: tener fe en mí misma porque todo es posible y aprender a ser mejor de lo que ya soy.

Si me va bien con eso, entonces funcionará dejar los propósitos de lado para los próximos años.

Creo que mientras más intentamos algo, más nos cuesta alcanzarlo.

Mi propuesta es dejar de hacer promesas y dedicarnos a disfrutar de todos los momentos. Y si vamos a cumplir propósitos, que sean los que se han quedado en nuestra lista de espera a ser cumplidos.

Permitámonos ser felices y disfrutar lo que va bien; y lo que va mal, a pasar página y continuar con el siguiente libro.

¡FELIZ Y EXITOSO AÑO PARA TODOS!

 

 


Imagen de: https://www.flickr.com/photos/adidekel/

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