Nuevas generaciones, misma política

Por Ángel Arce

 

Para este momento, ya sabemos quién resultó vencedor de una de las elecciones más polarizadas, contrapuestas y extraordinarias (por las condiciones de su desarrollo) de la historia, no sólo de Estados Unidos, sino del mundo, pero este carácter inusual en que un personaje como Donald Trump irrumpió y prácticamente se impuso al “establishment” republicano como parte del mismo “establishment” político a nivel nacional, tiene una razón clara: el hartazgo ciudadano para con el sistema político, económico y tradicional que tanto a lacerado a los sectores de la sociedad más vulnerables además de la clase media.

Motivado a su vez por el resurgimiento de la extrema derecha a nivel mundial, (detonado sin duda por el discurso político racista, intolerante y xenófobo de personajes como Trump y Nigel Farage, y organizaciones sociales apoyadas por el clero como El Frente Nacional por la Familia en México) pero a su vez por la falta de una propuesta innovadora, diferente y audaz de parte de los partidos tradicionales como el Demócrata, el PSOE o el PRD para contrarrestar las consecuencias sociales, económicas y políticas del sistema neoliberal, ha fortalecido la irrupción de este “nuevo” discurso conservador que hoy en día, ha concretado no sólo victorias políticas trascendentales, sino una victoria ideológica y programática; la máxime del objetivo político ante la sociedad, su legitimación.

Parece ser que las fuerzas progresistas, demócratas y de izquierdas han perdido la capacidad de hacer empatía con la opinión pública. Fuerzas que en su momento, nacieron como instrumento político para dar no sólo voz, sino voto a las propuestas y exigencias ciudadanas ante los partidos conservadores, totalitarios y hegemónicos.

Actualmente, (me atrevo a señalarlo) ningún partido que se haya constituido a partir de los valores de igualdad, justicia, democracia y libertad; posee la actitud, la estrategia y la visión para encantar a las nuevas generaciones, que están deseosas (y así lo han demostrado ya durante la última década) de ser protagonistas de los cambios que transformen, no sólo su entorno inmediato, sino la realidad global. Ejemplos como los de la recién concluida campaña electoral estadounidense son claro reflejo de la afirmación incluida en este párrafo: el Partido Demócrata prefirió postular a Hillary Clinton, candidata sin duda, con gran experiencia y preparación para ser presidenta de los Estados Unidos, pero clara representante del status quo político y económico, por ende, con una incapacidad natural de conectar con las nuevas generaciones que prácticamente hablan, participan y se desarrollan en otro “idioma”, uno anti-establishment. Por  otro lado, desechó la posibilidad de postular a Bernie Sanders, candidato carismático que a través de su discurso transformador y propositivo hizo empatía con estas nuevas generaciones deseosas de romper con el sistema tradicional, sumándolos a una causa común, otorgándoles el protagonismo y activismo que hubiera enfrentado con mayor fortaleza, el proyecto racista y xenófobo que hoy ocupará la Casa Blanca; algo que, a pesar de sumar muchas de las propuestas de Sanders a su plataforma de gobierno (la más progresista del partido Demócrata de su historia), no logró Hillary Clinton. Ejemplo como el de Estados Unidos podemos encontrarlo en diversas partes del mundo: en España el PSOE perdió la oportunidad de unir fuerzas con PODEMOS (fuerza política emanada de la generación en pro de la transformación) para construir un gobierno de cambio, en México, hoy el PRD está tentado en unir fuerzas con la derecha ante la imposibilidad de conformar un polo progresista que represente un proyecto serio, atractivo y empático de transformación nacional. La realidad es que las fuerzas que alguna vez representaron ese cambio tan deseado por las nuevas generaciones, hoy no lo representan más.

Es tiempo de romper con la “tradición” que el sistema neoliberal ha establecido para hacer política, es momento de que las fuerzas del cambio salgan del confort de este establishment, asuman causas, representen a las y los ciudadanos; pero sobretodo, que éstas sumen como iguales, a las nuevas generaciones en la lucha en favor de las causas que preocupan a las sociedades en todo el mundo. Es momento de construir soluciones y propuestas claras, echando mano de todas las herramientas de comunicación, políticas y principalmente, sociales que les devuelvan la confianza ciudadana y con ello, la legitimidad como líderes de un cambio congruente en el discurso y la acción en beneficio de las mayorías.

Construir una estrategia profesional, clara y contundente a partir de una nueva forma de hacer política audaz y activista, es fundamental para enfrentar con eficiencia, el actual repunte de la derecha extrema y sus acciones en detrimento de los derechos humanos; es hora de hacer la alianza, tal vez más importante del siglo; una alianza con las nuevas generaciones de ciudadanas y ciudadanos que con su pasión, creatividad y visión, refrescarán e incrementarán las posibilidades de triunfar en pro de la construcción de una nueva realidad en donde la libertad, la igualdad de oportunidades y los derechos humanos sean la máxime de la vida política mundial.


Imagen: https://www.waterstones.com/blog/non-fiction-book-of-the-month-the-establishment

 

 

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