Nuestro camino

Por Brandon Ramírez en colaboración con Sofía Ramírez Martínez

 

En algunos niveles escolares las vacaciones de verano están por iniciar, en otros están por terminar, pero en ambos casos subyace el cambio de un año académico que bien puede ser sólo un grado más, o bien un cambio de nivel, con todo lo que ello conlleva. Recientemente se publicaron los resultados para el ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México, por ejemplo, al que le precede la decisión que durante la preparatorio o bachillerato somos obligados a tomar, sobre la profesión que queremos aprender.

Claro, desde niños nos preguntan qué queremos ser de grandes, pero nunca es una decisión con implicaciones reales hasta esa etapa de la vida, en que ingresamos a un bachillerato muchas veces ya orientado a la educación superior o tecnificación que buscamos a futuro.

Desde pequeños nuestros padres y todo adulto con el cual tenemos contacto a lo largo de nuestra infancia y adolescencia nos dicen que, de grandes, debemos estudiar para conseguir un buen empleo y que eso, prácticamente nos otorgará la felicidad y tendremos una vida plena. Sin embargo, la realidad ha cambiado, y un grado o posgrado universitario no te asegura ya ni un empleo ni condiciones óptimas para tener un desarrollo competente y favorable.

De esto derivan varias opciones, buscar el tiempo que sea necesario para conseguir un empleo que nos agrade -preferiblemente- y trabajar arduamente para posicionarnos y asegurar de cierta forma, un buen futuro, o por otro lado, podemos buscar algo que nos apasione, algo a lo que, con base en lo que estudiamos o en aquello que simplemente seamos buenos, podamos explotar para vivir de ello.

Es un ejemplo recurrente que muchos de los CEO de grandes empresas contemporáneas abandonaron la educación universitaria para dedicarse a sus proyectos. También lo es criticar los sistemas educativos actuales como retrogradas por la relación asimétrica entre alumnos y estudiantes, el enfoque y ponderación que se dan a algunas asignaturas sobre otras, favoreciendo a quienes destacan en cierto tipo de procesos cognitivos sobre otros, por ejemplo, alguien con dotes artísticos o cualidades deportivas puede ni siquiera ser identificado y verá sus cualidades reprimidas si no cuenta con apoyo para desarrollarlos fuera de su escuela. Lo mismo con alguien con esa inventiva y emprendimiento.

Lo artístico (quizá las humanidades en general), por un lado, es muy marginado socialmente. Se toma más como pasatiempos y no se les considera una fuente “para ganarse la vida”. Se han hecho muchas bromas y memes al respecto. Sin embargo, muchos de los documentos que más trascienden y representan las distintas épocas de nuestra historia son precisamente artísticas/estéticas. Incluso de los primeros homínidos en el planeta, muchas de las cosas que han trascendido hasta ahora son de este tipo.

Por otro lado, el emprendimiento es poco fomentado, por más que se han desarrollado políticas para incentivar las pequeñas empresas. No hay mucho asesoramiento y la corrupción, ese gran mal que permea prácticamente todo en nuestro país, funciona como un filtro en el que se atascan muchos.

Es cierto que crear nuestras propias oportunidades y generarlas para los demás requiere de mucho trabajo, esfuerzo y dedicación, sin mencionar que se deben tomar en cuenta infinidad de aspectos y aprender a desarrollar habilidades y competencia, con las cuales podamos probarnos a nosotros mismos y a los demás, que podemos tener una vida plena y un “buen trabajo” empezando desde cero y siendo nuestros propios jefes y excelentes líderes para quiénes se unan a la que será una empresa o negocio propio. Para lograr la meta, hay que sortear infinidad de obstáculos, pero sin duda, la recompensa será grande. Ser emprendedor no es sólo ser nuestro propio jefe, sino que implica responsabilidades y obligaciones para con nosotros mismos, así como con aquellos a quienes se dará servicio. y si queremos ser aún más arriesgados, velar porque ese emprendimiento funja como una vía para solucionar los problemas de cualquier índole que aquejan al mundo.

El camino nunca es recto. Quienes optan por el camino del emprendimiento, seguramente fracasaran muchas veces antes de alcanzar cierta estabilidad y éxito, pero la clave está en la dedicación, preparación y constancia. Para quienes optan por un desarrollo profesional que no pueden obtener en un aula, como el deporte o las artes (aunque para ambas hay opciones académicas), otro tanto. En ambos casos suele haber pasión y la idea del camino a seguir desde la infancia y adolescencia.

Finalmente, para quienes optan por la formación universitaria tradicional, la historia no es distinta, aunque hay muchos casos de decepción en los primeros semestres. Nunca se es demasiado tarde para redefinir el camino, y siempre se puede optar por cambiar de carrera o escuela en búsqueda de lo que realmente queremos. Porque a los 17 o 18 años, cuando debemos tomar esa decisión, o somos presionados por nuestros círculos cercanos (familia o amigos) para decantarnos por alguna profesión, puede que lo hagamos de forma incorrecta, y nos percatemos de ellos año posteriores.


Imagen: https://alltheseheartbeats.files.wordpress.com/2011/02/the-road-not-taken.jpg

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.