Nuestras huellas

Por Brandon Ramírez

 

Hay una frase que se atribuye a José Martí (algunos a la tradición islámica), que probablemente muchos hemos escuchado a lo largo de nuestra vida: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.

En esta ocasión obviaré las primeras dos partes. Plantar un árbol para devolver a la naturaleza lo que nos dio a lo largo de nuestra vida, verlo crecer a la par de nosotros y saber que al irnos seguirá ahí, para disfrute de las siguientes generaciones; y tener un hijo para contribuir a la continuidad de la especie, en primer lugar, y por otro lado educar a otro ser de la forma que nosotros consideramos deseable para que, tras nuestra muerte, haya quien continúe aportando a la humanidad y nuestra sociedad, buscando ser mejores cada vez. En el tercer elemento, escribir un libro, es sobre lo que quiero detenerme.

Hoy vivimos en el año 2015, esto es así porque se ha optado por utilizar el calendario gregoriano en casi la totalidad del planeta. Sin embargo, sabemos que la humanidad no ha vivido solamente esa cantidad de años. Antes del año 1 nuestra especie ya llevaba miles de años en el planeta. Históricamente hay un acontecimiento más importante que aquel que determina cuando pasamos del año -1 al 1 (o 1 AC al 1DC), y es la aparición de la escritura en algunas civilizaciones.

Y es que, para la civilización occidental, la aparición de la escritura determina el punto de inflexión entre la prehistoria y la historia. Gracias a los restos fósiles podemos saber cómo eran las especies que habitaron nuestro planeta antes de nosotros, podemos conocer o deducir su dieta, su habitad y relación con el medio ambiente; incluso podemos conocer a los homínidos que nos precedieron. Sin embargo, es hasta la aparición de la escritura que podemos conocer el cómo y qué pensaban nuestros antepasados del mundo y su relación con este.

Hoy día podemos conocer la cosmovisión de las civilizaciones prehispánicas en nuestro continente gracias a los escritos que sobrevivieron a la conquista. Igualmente sabemos cada vez más de otras de las civilizaciones más antiguas, como la egipcia o la china. En buena medida, por esta misma razón, la Grecia Clásica es una de las bases de lo que hoy llamamos el mundo occidental. Lo clásico adquiere dicha categoría cuando trasciende su época e impacta otras, y el pensamiento griego de dicha época (y todo lo que derivó de este) hoy día sigue siendo leído, discutido y publicado, casi 2500 años después. Incluso las bases de nuestro propio idioma provienen, en buena medida, de las palabras en griego y el latín (entre otras).

Es cierto que antes de la escritura las personas se comunicaban oralmente (entre otras formas), pero este no es un medio de comunicación muy confiable tras el paso del tiempo, es decir, lo que en un principio se dijo puede deformarse con el paso de este y a través de sus interlocutores; no en balde el teléfono descompuesto es un juego en el que algo que parece fácil, como pasar un mensaje por una cadena de personas, puede terminar deformándolo y significando algo distinto.

La invención de la imprenta supuso una revolución para la escritura, ya que los textos podían reproducirse a mayor velocidad. En este sentido, lo escrito por una persona podía fácilmente replicarse y distribuirse entre más personas para hacerlas de su conocimiento. Ya no era necesario transcribir todo manualmente. La transmisión de ideas por este medio tuvo un realce y difusión mayor.

Esto permitió que el conocimiento de civilizaciones previas sobreviviera y se reprodujera, y que fuera más fácil de mantener hasta nuestra época. Podemos decir, entonces, que la escritura no sólo permitió compartir historias, pensamientos y reflexiones con los contemporáneos, sino establecer un diálogo (aunque unidireccional) con las futuras generaciones. Es decir, Platón, Aristóteles, y todos los autores del mundo griego clásico y las demás regiones y civilizaciones del mundo, a lo largo del tiempo, de cierta forma nos hablan a través de sus textos, aunque no podemos responderles.

Aquí llegamos a otro lugar común, que a través de las experiencias pasadas podemos conocer nuestros errores (como especie o sociedades) para no repetirlos. En cierto sentido la escritura nos ha dado esta posibilidad. Incluso en un sentido más bien personal; llevar un diario podría con el paso de los años enseñarnos en retrospectiva los errores que cometimos en nuestra vida, y tratar de transmitirlos a nuestros hijos o niños cercanos a nuestra vida.

Supongo que ese es el sentido de esa última parte de la frase; no que todos escribamos un best seller, un texto revolucionario para la ciencia o una obra de arte, un clásico, en el sentido aquí definido, sino en reproducir nuestra visión del mundo, nuestras experiencias, nuestras reflexiones, lo que hemos aprendido en nuestra estancia aquí, que puede ser de utilidad para alguien más, que inicia su camino en nuestro mundo. O por lo menos dejar constancia, como una huella más en el camino, de que estuvimos aquí.

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