Nuestra seguridad

Por Brandon Ramírez 

 

Cada sociedad normaliza distinto tipo de comportamientos; desde aquí nos puede parecer totalmente increíble que haya países que comen algunas especies animales, o que esté totalmente aceptado que haya una hora para la siesta reconocida casi institucionalmente; o bien el tema recurrente de la facilidad para obtener armas en Estados Unidos.

Aunque esta afirmación puede ser muestra clara de lo que quiero decir, en nuestro país, quizá más hace unos años que ahora;, la violencia y criminalidad pasó a formar parte del día a día en distintos estados de la república . Se llegó a hablar de un acuerdo con los medios para no promover las imágenes, notas y apologías, principalmente al narcotráfico, aunque ahora, series televisivas de ese estilo se usan para promocionar algunos sistemas de televisión restringida y en streaming…

El caso es que el tema de la seguridad se ha tendido a normalizar en nuestro país, y las noticias de fosas, asesinatos, desmembramientos, que siguen cubriendo las portadas de algunos periódicos impresos, se toman como uno más entre otros tantos.

Aún recuerdo cuando al estudiar la Licenciatura varios compañeros que venían del estado de México estaban realmente aterrados ante la violencia que se vivía en sus municipios, que les impedía salir más allá de las 18:00 cada día, por las balaceras constantes. Aunque aquello sigue ocurriendo, quizá por la fuerza de la costumbre ya no es tan visible, como lo son ahora las múltiples epidemias que de cuando en cuando vuelven al centro de la atención mediática, como la influenza, el zika, etcétera.

Bien es cierto que, el repunte de homicidios vinculados al crimen organizado haya vuelto la atención al tema de la seguridad, y permita que se generen propuestas como la suscitada hace un par de semanas de permitir a la gente llevar armas para defenderse de la inseguridad, claudicando el Estado de esta tarea elemental: salvaguardar la seguridad de sus ciudadanos.

Es cierto que éste se ha visto rebasado en los últimos lustros, pero tampoco esa debería ser la mejor solución de nuestras instituciones, que aún tienen mucho margen de mejora para enfrentar el problema. Este tipo de violencia también eclipsa de la atención a otro tipo de delitos, como los robos, que no dejan de estar presentes en cualquier comunidad.

Una anécdota personal: al encontrarme a una considerable cercanía del Bosque de Tlalpan, dentro de la Ciudad de México, suelo ir por las mañanas a correr; y desafortunadamente, las agresiones que sufrió una persona dentro de esta reserva ecológica, acrecentó la preocupación de muchos por la seguridad del lugar. Eso también es una constante, somos una sociedad más bien reactiva que preventiva. Desde ese día, en el bosque hay instalados puestos de vigilancia policíaca, recorridos constantes de policías montados o en cuatrimotos, preguntándote si tienes algún problema; mucha difusión de las aplicaciones móviles de la secretaria de seguridad para denunciar delitos y la organización de vecinos que ahora hacen sus recorridos en grupos y con silbatos, para alertarse en caso de que algo ocurra.

El hecho de que las agresiones que, por lo menos se hacen conocidas de forma muy esporádica en el bosque (y en muchísimos otros lugares), podrían evitarse con un mejor diseño de seguridad al interior puede ser innegable, como lo es también el hecho de que difícilmente se cuenta con la capacidad institucional para hacerlo. Tampoco ayuda el hecho de que seamos una sociedad que denuncia muy poco (de forma legal, ya que la presencia de videos con los llamados “lords” y “ladies”, que prácticamente surgen a diario, están ahí), y que es muy dada a participar en actos ilegales en todos los niveles, desde infracciones administrativas, cohechos (ya sea para evitar una infracción, para agilizar un trámite, etcétera), actos de discriminación, violencia, etcétera.

Es muy difícil ya que, cualquier problema social, tiene muchas causas, y nunca es parte de un solo grupo. Ese discurso que por ejemplo separa a los ciudadanos de los políticos, obvia el hecho de que los políticos son ciudadanos, y que los ciudadanos que participan de asuntos políticos se convierten en estos en ese mismo instante, (no en balde los griegos tendían a definir al hombre como un animal político, distinto de las mujeres, niños, esclavos y demás civilización). Todos somos parte del mismo grupo de personas que crea sus instituciones, sus problemas, sus conflictos, sus condiciones y debe así mismo, formar sus soluciones.


Imagen: http://www.ugelchucuito.edu.pe/web/wp-content/uploads/2016/01/SEGURIDAD-CIUDADANA1-700×416.jpg

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