No somos tan distintos

Por Miguel Téllez

“Somos únicos e irrepetibles” nos dijeron desde que éramos niños. Luego en la secundaria nos decían lo mismo y en preparatoria ocurría igual. Desde niños siempre nos han dicho cosas absurdas y extrañas, como si fuera un bien hacerlo.

 Regularmente el sentirnos distintos a los demás es algo común en la vida de todos, pero hay gente que toma las diferencias como un rasgo que indica superioridad o inferioridad. Una vez que ocurre este suceso, entonces se discrimina, aparece la intolerancia, las ofensas, la humillación, etc. Los casos más conocidos de este tipo de conductas es el racismo, sin embargo, hoy día también se pide prestar atención a racismos inter-especie -por llamarlo de alguna manera-, un ejemplo de este tipo de racismo es el maltrato animal.

 Me quiero centrar en la conducta humana -en ciertas cosas- y en nuestra supuesta inteligencia para abordar aquel síntoma de sentirse distinto y superior a otros seres -sean humanos o no humanos-. Las tesis que quiero exponer y defender son: 1) no somos tan distintos a las personas ni 2) somos tan distintos a los animales no humanos. Comenzaré con la tesis 1 y luego pasaré a la 2.

Adam Smith en su obra Sentimientos morales nos habla de la simpatía y del observador imparcial -o ideal-. Que alguien sea simpático -que posea simpatía- significa poder sentir el dolor del otro. Ya sabemos que no podemos sentir el mismo dolor del otro, pero sí nos damos una idea. Cuando vemos en alguna película que alguien se avienta de un edificio de 40 pisos, sentimos algo. O cuando vemos que el bueno de la película muere hasta podemos sentirnos tristes, lo mismo cuando vemos que alguien patea a un perro sin razón y nos molesta o nos provoca algo. Eso es ser simpático. Y nos dice Smith que todos tenemos esa capacidad, hasta el más cruel de los seres humanos.

 Todos tenemos necesidades básicas: salud, aseo, comida, vestido y casa. Así, no nos distinguimos por estar a salvo de padecer enfermedades en algún momento o de sufrir una lesión. Pensando en nuestra capacidad simpática -o empatía como ahora la llaman-, queda claro que nos preocupa el dolor del otro, y teniendo en cuenta nuestras necesidades, entendemos que somos propensos a sufrir en algún momento. No implico aquí que de esto se sigan actos de bondad o de caridad, sólo quiero señalar que en lo que he mencionado se sigue que todos tenemos tales características.

 Creer que alguien es superior por la inteligencia es aceptar que te pondrías de rodillas cuando alguien mayor dotado intelectualmente que tú aparezca. Así que seguir esa idea es algo terrible, ya que no sólo justificamos algo absurdo sino que aceptamos consecuencias horribles.

Pasaré a la tesis 2. La distinción entre los animales y nosotros recae en la idea de que nosotros somos racionales y ellos no. Decir esto es influjo de la Ilustración y sus ideales. Un filósofo muy famoso con tales pretensiones es Immanuel Kant. Este filósofo fundó la dignidad del hombre en la capacidad de proponerse fines o dirigirse mediante la representación de leyes. Y mucha gente -quizás hasta un 90% de alguna ciudad- está de acuerdo con eso. El problema con esa idea es que los bebés ni los enfermos mentales tienen dignidad. Sin mencionar que los trabajos respecto a cognición de la última década, cada vez demuestran más que no actuamos de manera racional, sino de forma heurística.

Hay distintas concepciones de lo que es una heurística. En este caso me refiero a ella como la respuesta fácil y rápida. Cuando nos hacen alguna pregunta difícil, no sopesamos la probabilidad de las opciones, sino lo que se nos haga más sencillo o conocido. Si yo te pregunto qué ciudad es más grande en Alemania, si Berlín o Bersgicht, seguramente me dirás que Berlín, porque se te hace más conocido el nombre -al final te diré que Bersgicht ni siquiera existe-. Por lo tanto, no es cierto que somos seres que siempre nos guiamos con la razón por delante -cabe anunciar que incluso los experimentos de cognición se han realizado a personas que por sus estudios se podría pensar que son completamente racionales pero los resultados son similares a los de un lego en cuestiones de racionalidad-. Podríamos sugerir, como consecuencia de la argumentación, que creer que al adjudicarnos el adjetivo de “racionales” no implica que siempre tomemos las decisiones de manera racional. Lógicamente esto no tiene cabida, no puede ser que sea tantito racional o tantito no: en el conjunto de ser racional no estaríamos nosotros.

Falta por hablar de un punto: la conducta humana en relación con animales no humanos. Sin embargo, este último punto lo dejaré para la siguiente publicación, a causa de que recurriré a distintos ejemplos y algunas anécdotas que nos cuenta un primatólogo muy famoso. Por ahora, basta decir que trazar líneas para definir diferencias entre nosotros y otros son superficiales. No hay buenas razones -ni siquiera buenos experimentos- para determinar que la línea trazada por una diferencia es la puerta para humillar a otros o para excluir a muchos. Se tienen esas creencias porque en algún momento las escucharon o se las dijeron pero jamás las contrastaron con buenas razones.


Imagen de: http://tecnofrog.blogspot.mx/2011_12_01_archive.html

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