No sé qué día es

Hola, soy Omar Montelongo, estudiante de Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas. Actualmente curso mi cuarto semestre y radico en Mexicali B.C., tengo 20 años y con gusto les comparto la experiencia que viví al viajar a Moscú.

“No sé qué día es”, realmente es la frase que describe la manera en que me encontré al final de mi viaje, pero bueno, como todo buen relato, la conclusión se narra hasta el final. Por ello me gustaría iniciar poco antes del comienzo de mi viaje, ya que merece y vale la pena contar todo a detalle.

Mi viaje inició desde el momento que solicité la visa ante la Embajada de Rusia en México. El proceso para obtener el visado fue un poco complicado, pues el trámite se debe realizar en México, D.F., lo cual se me dificultó; sin embargo, todo se tornó sencillo gracias a la valiosa ayuda que obtuve por parte de Ollin, Jóvenes en Movimiento y su valioso equipo de colaboradores, los cuales me hicieron el favor de ayudarme con el papeleo en D.F. y enviarme la visa por paquetería cuando ésta fue expedida, tres días después de solicitarla.

Un día viernes, tomé mi avión en el aeropuerto de Los Ángeles, California, con destino a Moscú, realizando una escala en Chicago y otra en Zúrich, Suiza. Llegué al Aeropuerto Domodédovo el sábado a las 4:20 pm, hora de Moscú, (aclarando que era para ese entonces mi primera vez en tierras europeas). Cabe mencionar que en ese momento yo solo tenía conmigo mapas y direcciones en inglés y desconocía por completo el idioma ruso. Fue entonces que entendí y pude sentir en carne propia lo que es un verdadero choque cultural, pues mi manera de transportarme al hotel en el que me hospedaría era vía tren y metro. Hago referencia al choque cultural, ya que abordar el tren fue sencillo pero cuando necesité localizar la estación de metro, entendí que estaba en un país donde poco se hablaba el idioma que por excelencia entendemos como universal, el inglés.

Después de mucho buscar, encontré un punto de información turística, donde a duras penas logré obtener indicaciones para llegar a la estación de metro. Más adelante me encontré con otro factor: las estaciones no tienen información en inglés; todo se encuentra en el idioma y alfabeto local, lo que me dificultó entender mis mapas, pues la escritura y la pronunciación son muy distintas a nuestro idioma. Sin embargo, tras preguntar una cantidad infinita de veces y razonar mis acciones, logré llegar a mi hotel e instalarme.

Al día siguiente me levanté muy temprano porque mi modo de transporte sería nuevamente el metro y con la experiencia del día anterior decidí llegar con tiempo para entender mejor las direcciones.

Me dirigí a la universidad donde trabajé durante una semana en un Modelo de Naciones Unidas (estuve en la universidad de carrera diplomática más importante del país, en español es conocida como: “El Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú” o “MGIMO University” en inglés). Finalizando mi día académico, logré obtener un “tour” por la ciudad donde conocí bastante de la historia del país, así como de su arquitectura y cultura. Al día siguiente volvimos durante el día con labores académicas y por la noche se realizó un evento social llamado “Global Village”. En este evento tuve la grata oportunidad de exponer sobre mi hermoso país. Quedé muy satisfecho de la experiencia pues me encontré con una respuesta increíble por parte de los moscovitas y extranjeros que visitaban el MIMUN 2015 (Moscow International Model United Nations), evento en el que yo estaba participando.

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El tercer día, por la mañana, seguimos con las labores académicas. Por la noche nos organizaron un evento social que simulaba una recepción de gala moscovita. La vestimenta era formal, pero el toque especial fue apreciar los bailes típicos que tienen origen monárquico y donde aparte de bailar, se efectúan algunos juegos. Más tarde tuve la oportunidad de seguir platicando con algunos extranjeros que se interesaban en saber sobre nuestro país, les intrigaba saber el origen de nuestra bandera, cómo se dio la conquista, el por qué de nuestras comidas y la pregunta más realizada: ¿cómo es que celebramos a los muertos con tanta alegría? Con mucho gusto y entusiasmo contesté todas sus preguntas hasta quedar sin voz.

El cuarto y quinto día de labores académicas fueron muy productivos. En mi comisión de trabajo hablamos sobre la seguridad de los periodistas y la impunidad, dejando muy claro los graves problemas que enfrentan algunas naciones en materia de seguridad y libertad de prensa.

Lo interesante de participar en estos modelos de la ONU, es la calidad de la interacción que se da y la disposición de trabajo por parte de todos los participantes para solucionar conflictos de índole internacional (es prioritario aclarar que en un modelo de la ONU simulamos lo que se hace en esta organización, pero nuestros trabajos no tienen un efecto directo en los ejercicios de la misma, pues sólo es una simulación de los trabajos del organismo internacional).

Durante mi visita, se presentaron momentos para caminar por las calles de Moscú, acudir a teatros muy famosos y visitar algunas estaciones de metro construidas durante la época de la Unión Soviética. Me dejó sin aliento descubrir los espacios públicos que el gobierno construyó en esa época, con el afán de que todos los ciudadanos por igual tuvieran acceso a lo que ellos le llamaban palacios comunes (en otras palabras, el gobierno construyó las estaciones de metro con una arquitectura de esta índole para que el ciudadano común también pudiera tener acceso a lo que los monarcas tenían en su momento). Asimismo, tuve la oportunidad de escuchar acerca de acontecimientos históricos, sucesos nacionales y eventos que marcaron al país, gracias a las miles de anécdotas que me compartieron mis nuevos amigos rusos.

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El último día de mi viaje, en serio ya no sabía ni qué día era. Los cinco días y medio que viví lograron hacer que me perdiera en el tiempo: cada momento, cada hora que pasaba, lograban emergerme más en la cultura que iba conociendo. Me perdía entre los sabores de su comida, vivía con la intención de escuchar todo sobre este país eurasiático, mientras me desenvolvía en un ambiente de calidez, en donde ser mexicano era un suceso impresionante, pues no muchos occidentales hispanohablantes se dan el tiempo de visitarlos.

En cuestiones académicas también cerramos con broche de oro. Logré una Mención Honorífica en la Asamblea General, donde estábamos 603 delegados presentes, lo cual me llena de gusto y satisfacción.

Mi conclusión es que cualquier estudiante (independientemente de la carrera o grado de avance de ésta), debe primeramente fijarse metas, luego proceder a trabajarlas, (quizá esto sea lo más difícil pues implica tiempo, muchas ganas y – claro – dedicación constante) para proceder finalmente a cumplir la meta fijada.

Este viaje por nada fue sencillo. Sin embargo, me deja una enseñanza tremenda, una madurez increíble y una visión del mundo muy distinta. Las metas no son sencillas de cumplir, pero, ¿quién dijo que la vida era sencilla?

Los tropiezos, los fracasos y todas esas cosas que vemos en ocasiones como negativas, pienso que no lo son, pues de los errores aprendemos y también debemos aprender a lidiar y trabajar con ellos, pues de otra manera jamás lograremos construir un futuro mejor para nosotros mismos y los que nos rodean. La vida sí tiene un límite en cuestión de éxito: el que nosotros mismos nos ponemos.

 

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