No eres un número

Por Ana Elvira Quiñones

 

“I’m not a number, I’m a free man.”

Intro de la serie inglesa de ciencia ficción The Prisioner

 

Hace dos semanas me encontraba en el ritual que consiste en “¿cómo disfrutar mis últimos días libres antes de regresar a clases?” por lo cual, sin contar con muchas alternativas, encendí el televisor. Cambiando y cambiando de canal porque entre las series y películas banales de acción/comedia/amor que nos ofrece el servicio no encontraba algo que acaparara mi atención, de manera súbita y muy apropiada, me crucé con un programa en el que se transmitía un episodio titulado “La generación del me gusta”. El título habla por sí solo y no necesité de mucho tiempo para que me enganchara.

En este programa se mostraba a un grupo de jóvenes reunidos en una mesa, cada quien con su computadora intentando ayudar a uno de sus amigos a crear su perfil de Facebook. Una chica comentaba que tu foto de perfil es de suma importancia porque en ella se muestra el yo que quieres que las demás personas vean; y la foto de portada es el reflejo de tu personalidad, por lo que es recomendable subir una imagen de algo que te representa.

El programa me hizo reflexionar acerca de que no sólo los jóvenes hablamos de las redes sociales y las nuevas tecnologías; el tema se ha vuelto recurrente, incluso en reuniones familiares las personas mayores opinan.

Pero más que tema de conversación, es un hecho que las redes sociales llegaron para cambiar nuestra percepción de la vida. Palabras o frases como me gusta, tuitear, dar fav o retuitear se han vuelto parte de nuestro vocabulario diario, pues resulta imposible que nunca hayamos escuchado a alguien emocionado decir que su foto de perfil o estado en Facebook había obtenido un gran número de me gusta o en el caso contrario (y como se mostró en el programa), a un chico afligido porque su foto de perfil no obtuvo más que catorce y que su amiga en cambio había logrado 400 me gusta.

Andy Warhol dijo alguna vez: “En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos. Todo el mundo debería tener derecho a quince minutos de gloria.” Hoy en día para que el mundo te note no necesitas ser músico, actor o simplemente aparecer en la televisión, porque ¿cuántos video bloggers han alcanzado una especie de “fama” por filmarse hablando sobre temas que son del interés de un público mayoritariamente joven? En el episodio del programa que mencioné anteriormente, ponían como ejemplo a un joven Youtuber británico que había alcanzado popularidad gracias a que en sus videos sólo hablaba de la cultura pop, lo cual resulta axiomático decir, es lo que mueve a la gran mayoría de las personas en el mundo, y por ende no tardó mucho tiempo en popularizarse en la red.

De igual forma, mencionaban a un chico no mayor de 15 años de edad, quien gracias a sus trucos de patineta había logrado popularizarse en YouTube. Razón por la que no tardaron en contactarlo marcas de zapatos, ropa o accesorios con la intención de que los promocionaran en sus videos; pero para obtener mayor fama, el material que producía ya no era de él patinando por las calles, sino que comenzó a realizar videos en los que se le veía molestando a las personas en los lugares públicos.

La fama ha dejado de parecer un concepto inalcanzable para ser algo accesible. No está mal querer ser reconocido, es un sentimiento que quizá a todos nos ha cruzado por la cabeza. El problema comienza cuando te olvidas de ser tú mismo por intentar vender una imagen falsa de tu persona, sólo para agradar a los demás. Un ejemplo tan simple de esta situación, y que todos hemos presenciado o incluso hecho; es ver que alguien se muestra a favor de una causa social en las redes, cuando en realidad tal vez no tiene la noción de lo que realmente está sucediendo, pero que lo hizo sólo porque una gran mayoría se muestra a favor de dicha causa. En resumen, es querer ser lo que todos piensan y hacen. El término no es nuevo, dicho en otras palabras es “seguir la tendencia”, pero lo que hace que cobre mayor importancia en nuestros días es que, gracias a las redes sociales, seguir esa tendencia se vuelve algo más vertiginoso.

¿Y seguir la tendencia para qué si no muestra realmente quién eres? Porque al final de cuenta no eres el número de me gusta en tu foto de perfil, pues al obtener decenas no te hace menos persona que alguien que obtuvo cientos o miles. No eres el número de amigos que tienes en Facebook o el número de seguidores que tienes en Twitter; ese número no significa nada cuando de confiar en alguien se trata. No eres el número de favoritos o retuits que obtuviste al tuitear algo. No eres el número de preguntas, insultos o halagos en Ask de personas que ni siquiera se atreven a darte la cara. No eres el número de me gusta obtenidos al subir una foto a Instagram. No eres el número de mensajes que recibes en WhatsApp. No eres el número de reproducciones de un vídeo que subiste a YouTube en el que intentaste mostrarte gracioso. No eres ningún número en general, aunque haya algo o alguien que quiera hacerte creer lo contrario.

 


 

 

El episodio “La generación del me gusta” forma parte del programa transmitido por el canal de CONACULTA titulado “Huellas en el tiempo”.

* Imagen de John Holcroft

 

 

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