Ni una más, #VivasNosQueremos

Por Daniela Hernández

 

El domingo pasado se realizó una movilización en más de treinta ciudades de la República Mexicana, incluida la Ciudad de México, para alzar la voz en contra de la violencia de género.

“Entendemos como violencia de género aquella que sufren las mujeres por razones sexistas o basadas en su género […]” (CENAGAS)

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es “todo acto que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

Entonces ¿por qué se realizaron las diferentes manifestaciones?

Ahí va la explicación:

En México, durante la última década, se han incrementado dramáticamente los índices de violencia hacia las mujeres, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 63% de las mujeres entre 15 años y más ha experimentado al menos un tipo de violencia: emocional, física, sexual, económica, patrimonial o laboral.

Además 32% de las mujeres han padecido violencia sexual en forma de actos de intimidación, acoso o abuso sexual. Este tipo de violencia es el más preocupante, porque a diferencia de los otros, generalmente no proviene de la pareja si no de agresores que se encuentran en cualquier espacio del ámbito público.

Sin embargo, el dato más alarmante, a mi parecer, es que en promedio se estima que durante 2013 y 2014, fueron asesinadas siete mujeres diariamente.  Esta forma extrema de violencia es conocida como feminicidio y según la ONU consiste en “la muerte violenta de mujeres, por el hecho de ser tales o  el asesinato de mujeres por razones asociadas a su género”.

Las entidades que presentan las tasas más altas en homicidios de mujeres son: Guerrero, Chihuahua (¿Las muertas de Juárez, les suenan?), Tamaulipas, Coahuila, Durango, Colima, Nuevo León, Morelos, Zacatecas, Sinaloa, Baja California y Estado de México (ya superó a Cd. Juárez con 1,997 mujeres asesinadas durante sólo seis años).

En nuestro país la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia es la encargada de cuidar a este grupo vulnerable; así mismo, México forma parte de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, mejor conocida como Convención de Belém do Pará, cuyo objetivo es proteger los derechos de las mujeres afirmando que “la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Por ello en 2012, el término feminicidio fue reconocido en el Código Penal Federal Mexicano para distinguir el asesinato de una mujer como crimen violento. Y para entrar en esta categoría, la víctima debe mostrar signos de violación, mutilación o haber tenido un historial de abuso o discriminación. No obstante, la figura del feminicidio sigue sin ser reconocida jurídicamente por múltiples estados de la república (situación en la que se sigue trabajando).

Pero ¿por qué a pesar de esto la violencia persiste?

Porque las causas de la violencia contra las mujeres tienen raíces profundas en la discriminación de género, las normas sociales y los estereotipos de género que no hacen más que perpetuarla.

Durante los últimos años, las mujeres hemos logrado cierta autonomía en muchos aspectos de nuestra vida,  tal libertad generó y sigue generando cambios en la forma tradicional en la que los hombres tienen el control sobre la toma de decisiones.

Este problema que pareciera nuevo, no es más que un problema estructural que durante mucho tiempo fue normalizado. Y que con la llegada de los movimientos feministas que buscaban los mismos derechos entre hombres y mujeres,  fue visibilizado; generando así un desequilibrio social.

¿Por qué soportamos la violencia en nuestra vida? ¿Será que ya hemos aprendido a vivir con ella? Somos víctimas, victimarios y también espectadores. Por eso no hay que quedarnos calladas. No se necesita de una violación para que ser considerada violencia, actos tan “simples” como el acoso callejero, que va desde miradas lascivas hasta tocamientos son igual de denigrantes.

De cualquier manera ¿por qué las autoridades no hacen nada?

Como ya expliqué, la violencia de género está muy arraigada en la sociedad mexicana, y en general en toda la latinoamericana (nos guste o no crecimos con una visión patriarcal). Por eso es que el hombre nunca es el culpable de la agresión, sino que por el contrario la mujer es criminalizada, a tal grado que cuando las mujeres se atreven a denunciar ante las autoridades éstas justifican la violencia con argumentos como: “ella se lo busco por la ropa que llevaba puesta”, “por su forma de actuar”, “porque estaba tomada”, “porque lo provocó”.  ¿Qué? ¿De verdad?

Esta situación sólo ha generado que muchas mujeres callen, y eso da miedo porque entonces me pregunto ¿cuál es el número real de mujeres agredidas? Recordemos que según cifras oficiales más del 60% de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia, y eso son sólo los casos que se saben.

Por eso, manifestaciones como la del 24A hacen hincapié en la victimización de las mujeres y la impunidad general  que  existe en este tipo de actos criminales.

Y ya para finalizar…

Movilizaciones como las del domingo pasado no sólo visibilizan el problema de la violencia de género en México sino que nos hacen dar cuenta de su gravedad, pues todos somos responsables en cierta medida.

¡No hay que callar! Gritemos ¡Ni una más! Y sigamos exigiendo un país con mayor equidad y justicia.

La violencia contra las mujeres no sólo es una violación a los derechos humanos sino que constituye uno de los principales obstáculos para el logro de una sociedad plenamente democrática e igualitaria.


Imagen: Animal Político

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