Necesitamos más Pocahontas y menos Barbies en este planeta

Por Alicia García

Hablo desde la suposición de que todos conocen a estas dos famosas mujeres, y si no, aquí va un brevísimo resumen. Pocahontas es una nativa del Nuevo Mundo que creció y vivió entre la naturaleza, le cantaba con amor al agua y al viento, convivía con otras especies en paz y armonía y junto a su tribu cuidaban y obtenían sus recursos (al mismo tiempo) de la naturaleza. Por otro lado, Barbie es tal vez la rubia consumista más famosa del mundo, ella creció rodeada de todo tipo de cosas fabricadas con petróleo (empezando por ella), tiene muchos autos, mucha ropa, muchos accesorios, muchos novios, muchas casas… en fin, mucho de todo. Y bueno, la Barbie exploradora fue sólo un pretexto para estrenar un nuevo outfit.

Mi intención al comparar a estas dos bellas mujeres es recalcar el abismo enorme que las separa. Sí es verdad, ambas son mujeres pero hay algo que las hace ser mutuamente excluyentes en su estilo de vida. Por si aún no lo han adivinado, me refiero al estilo de vida consumista con el que se relacionan. Ya sé que es raro hablar de Pocahontas y más aún relacionándola al sistema capitalista de nuestros tiempos pero fue el ejemplo perfecto de comparación con la rubia exótica que toma margaritas a la orilla de su piscina en su mansión de Malibú.

Empecemos por el principio, para aquellos que aun no lo tienen muy claro ¿a qué nos referimos cuando hablamos de consumismo? Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) consumismo se refiere a la “tendencia inmoderada de adquirir, gastar, o consumir bienes no siempre necesarios.” ¿Les suena familiar? Quedémonos con la parte de “consumo innecesario” pues esta es la parte verdaderamente importante y la que diferencia el consumo del consumismo y la que en todo caso hace a nuestras dos mujeres las mujeres más distintas del planeta.

El consumo, en palabras de la misma academia española, se refiere a utilizar comestibles o cualquier otro bien para satisfacer necesidades o deseos, y aquí la parte clave es “satisfacer necesidades”.  No es lo mismo comprar un par de tenis al año porque los necesitas para salir a correr o hacer ejercicio, que comprar cinco pares de tenis para que combinen con las prendas en tus closet. Recuerdo que de pequeña cuando acompañaba a mi mamá al super y le pedía algo siempre me preguntaba, ¿lo quieres o lo necesitas? Obviamente mis repuestas eran, ¡lo necesito!, ¿pero realmente era así? ¿Realmente necesitaba otra revista? ¿Realmente necesitaba otras pantuflas? ¿Realmente necesitaba otro peine? En términos sencillos y sin abordar toda la teoría que hay detrás de esto, el consumo es necesario, el consumismo no.

Así es como el consumismo sin medida nos está llevando a las consecuencias que ya estamos viviendo hoy en día: contaminación del agua, del aire y del suelo; extinción de flora y fauna; desastres naturales; uso desmedido de recursos naturales… ¿sigo? Si hay algo en lo que la mayoría de los jóvenes creemos sin cuestionar es que nos merecemos cualquier cosa por la que podamos pagar y de esta manera absolutamente todo se vuelve un bien con capacidad de ser adquirido como el agua, el aire limpio, el permiso para poder cazar elefantes o focas bebés, talar árboles para usar el suelo entre muchos otros miles de ejemplos.

Los ríos a los que tanto les cantaba Pocahontas ahora sólo son riachuelos contaminados por la gente a su alrededor o peor aún por las fábricas operadas por Barbie que vacían sus desechos, donde se construyen cosas innecesarias que después la gente se pelea por comprar. Si lo pensamos bien, ¿quién necesita un par de pantuflas con trapos integrados para ir por la casa limpiando el piso con los pies? O aquellos artículos cuyo valor es tan irrisorio que cuesta creer que se ocupen recursos naturales para su fabricación.

Tristemente el mundo Pocahontas está siendo consumido por el mundo Barbie pues nunca nadie nos enseñó a vivir en armonía con otras especies, en cambio los asesinamos y nos los comemos o los cazamos por mera diversión; nunca nadie nos enseñó a respetar los ríos y los bosques, en cambio los saqueamos y los contaminamos para poder obtener toda clase de bienes de ellos; nunca nadie nos enseñó a cuidar el agua y el suelo, en cambio los desperdiciamos y los matamos para nuestro consumo y beneficio. ¿Acaso es verdad que nadie nunca nos lo enseñó? ¿qué pasaría si descubrimos que nos lo dijeron pero nunca quisimos escuchar?

Hay un proverbio Cree que dice “cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come.y esto es absolutamente cierto porque al paso que vamos, seguiremos produciendo dinero para unas pocas Barbies y el resto del mundo padecerá la crisis de no tener mares donde pescar, no tener tierras donde poder sembrar, no tener bosques donde poder vivir.

Ésta es sólo una reflexión de los tiempos en los que vivimos. Es normal que todos queramos ser como Barbie y tener nuestra mansión en Malibú o nuestro Jeep rosa, o un closet enorme repleto de bolsas, zapatos, lentes, vestidos… pero esa forma de consumo está haciendo que nos terminemos el único lugar del universo en el que hasta ahora podemos vivir, estamos matando nuestro hogar, a sus plantas y animales y a nosotros mismos. Los invito a que pensemos más en Pocahontas, a que por lo menos tratemos de imitar su amor por los seres de este planeta, a su forma de respetarlos y a tomar de la naturaleza (y de este mundo) sólo lo necesario para vivir. Les prometo que podrán vivir un día más sin la bolsa de piel de cocodrilo que tanto combinaría con su veinteavo par de zapatillas que probablemente usarán unas cuantas veces antes de comprar unas nuevas. Seamos capaces de ver colores en el viento y escuchar a nuestro planeta antes de que se nos acabe el tiempo.


Fuentes:

Diccionario de la Real Academia Española. Recuperado de http://dle.rae.es/?id=AT2HJjb

Save the Arctic. Recuperado de https://www.savethearctic.org/assets/files/es-AR/rags/es-AR-AR–2015-08-22-05-15-38.pdf


Imagen: Tomada de la película “Pocahontas”

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