Naturalismo

Por Miguel Téllez

 

A continuación hablaré de una familia de teorías metaéticas que se conocen bajo el rótulo de ‘naturalismo’. Una aclaración antes de iniciar: ‘naturalismo’ se predica de algunas teorías en muchos ámbitos filosóficos, tales como epistemología, filosofía de la mente, filosofía del lenguaje, etc. Por tanto, que en metaética algo sea una teoría de tipo ‘naturalista’, no se sigue que lo sea en otro ámbito filosófico, a menos que se compartan las condiciones necesarias y suficientes para que tal teoría sea naturalista.

Los naturalistas son: 1) realistas,  2) cognitivistas semánticos y 3) reductivistas. Que sean realistas quiere decir que creen en la existencia de hechos morales, y estos hechos morales pueden ser reducibles a propiedades naturales –en esto radica la tesis reductivista-. Que compren la tesis cognitivista semántica, implica dos cosas: a) que se trata de una teoría descriptivista y que b) los juicios morales tienen valor de verdad –es decir, son verdaderos o falsos-. Una teoría descriptivista es aquella que –como su nombre lo dice- describe hechos del mundo, como la física, y por ello sus conclusiones pueden ser contrastadas con la realidad o sujetas a comprobación –entendamos ‘realidad’ con ‘mundo externo’-.

Si algo en metaética cumple con las tesis realista, cognitivista semántica y reductivista, entonces hablamos de un naturalismo. Seguro que esto te puede parecer raro, lo cual es bastante entendible, ya que como he mencionado en otros escritos, la metaética es el estudio más abstracto de la ética. Alguien podría preguntar: ¿qué es eso de reducir propiedades o hechos morales a propiedades naturales? Un ejemplo para calmar las perplejidades: la bondad es una propiedad moral, decimos que tal acción es buena, que alguien actuó bondadosamente, etc. ¿Cómo definimos ‘Bondad’? Siguiendo al naturalismo, ‘Bondad’ puede explicarse o identificarse en otros hechos, que son de tipo natural, por ejemplo, la felicidad. Así las cosas, una acción que es ‘buena’ –posee bondad- trae consigo ‘felicidad’.

La postura naturalista es bastante atractiva porque nos dice cosas muy intuitivas, y tal vez hasta muy aceptables. En el caso de la felicidad, en muchos discursos la gente siempre sugiere cosas del tipo ‘lo correcto es lo que te hará más feliz’, ‘la felicidad es lo más importante’, etc. Aunque sean sugerencias ingenuas y tal vez emitidas sólo porque sí, sin fijarse en lo que suponen o implican, es algo que cualquiera podría aceptar sin problemas, esto es un punto a favor del naturalismo.

Ahora bien, hay varios naturalismos. Aquel que reduce lo ‘bueno’ a ‘felicidad’ es un naturalismo hedonista, y la ‘felicidad’ será entendida como ausencia de dolor en el alma y en el cuerpo. Sin embargo, también podríamos hablar del naturalismo aristotélico, donde la ‘bondad’ es reducida a la perfección humana por medio de las virtudes aristotélicas. Por tanto, hay gran variedad de naturalismos, alguien podría reducir ‘bondad’ a ‘bienestar’ o de nuevo ‘bondad’ a ‘felicidad’ pero modificar en lo que consiste ‘felicidad’ para no ser de tipo hedonista. Así es como que ocurre con las familias de teorías filosóficas. Veamos algunas críticas al naturalismo.

Una primera objeción es que si la moralidad es reductible a hechos de otro tipo, entonces la ética no es autónoma: sus fenómenos están determinados por otro estudio. Este problema surge –puedo sugerir- porque hablar de ‘propiedades naturales’ es ambiguo, y parece que si hablamos de algo ‘natural’, ya hay ciencias naturales que estudian tales fenómenos: no se ve porqué la ética tiene que enfrentarse con fenómenos naturales cuando ya hay ciencias que lo hacen.

Una segunda crítica, y quizá la más famosa, es una conocida bajo el rótulo de ‘falacia naturalista’. Esta crítica se remonta desde David Hume. La idea es así: cuando hacemos descripciones, usamos expresiones del tipo ‘A es B’. Por ejemplo, el perro es un animal. Sin embargo, en los razonamientos morales, siempre se concluye con un ‘debe’. Así que cuando leemos a algún filósofo, él –de manera muy astuta, diríamos- estará diciendo cosas como: la vida es valiosa, es valioso aquello que admiramos, por tanto, debemos cuidar la vida. Según la falacia naturalista, es imposible inferir un ‘debe’ de un ‘es’. La pregunta sería: ¿de dónde sacamos ese ‘debe’ cuando en realidad sólo estamos hablando de descripciones? ¿De dónde sacamos las ‘normas’ o ‘prescripciones’ si en el mundo observable no están? Si nosotros compramos estas dudas, parece ilegítimo que derivemos ‘debe’ de un ‘es’.

Finalmente, una tercera crítica, también muy famosa, se conoce como ‘la pregunta abierta’. Esta crítica viene desde George Edward Moore. La idea de Moore es muy simple, pero intuitivamente tiene mucho poder. Cuando algo es verdad, parece que no tenemos preguntas sinceras y con sentido para realizar. Por ejemplo, cuando nos dicen que un triángulo tiene tres lados, preguntar algo como ¿de verdad el triángulo tiene tres lados? Nos parece absurdo. Por definición, las cosas son así, tanto con triángulos como en otras cosas. Por ejemplo, definir ‘soltero’ en términos de ‘varón’ y ‘no casado’, es otro caso. Estamos de acuerdo en que un soltero es un varón no casado, eso es verdad. Así que si alguien pregunta, ¿pero el no casado es soltero? De nuevo parece un absurdo, no tiene sentido: por definición lo es. Ahora, ¿qué pasa cuando definimos ‘bueno’ por ‘felicidad’? Supongamos que decimos ‘bueno es aquello que implica felicidad’. Parece, dirá Moore, que no es absurdo preguntarnos por una acción que creemos que es buena porque implica felicidad. Así que podemos cuestionar: ¿pero la felicidad realmente es lo bueno? Y parece que esta pregunta tiene sentido. Si así son las cosas, entonces todo aquello que intente definir lo ‘bueno’ con otro concepto, sufrirá de la pregunta abierta, puesto que todavía nos podemos preguntar si ese otro concepto de verdad es lo bueno.

Aquí dejaré este breve esbozo del naturalismo en la metaética y algunas de las críticas a tal postura. Cabe mencionar que aunque las críticas persistan, muchos intentan dar respuestas o sugerir que tales críticas no son determinantes, por lo que el debate es muy vigente.


Bibliografía: Pigden, Charles, Naturalismo, en Singer, Peter {ed.}, Compendio de Ética, {Versión española de Jorge Vigil Rubio y Margarita Vigil}, Segunda reimpresión, Alianza, España, 2004.


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