Nada es seguro

Por Brandon Ramírez

 

Las noticias de los últimos días en su mayoría están orientadas a lo que sucede con el inicio del nuevo gobierno en Estados Unidos, el cambio que plantea de momento en su papel internacional y en el liberalismo comercial, virando hacia una idea de nacionalismo y proteccionismo.

Pese a lo que creían algunos liberales en el cambio de siglo, difícilmente se puede hablar en la historia de la humanidad de una idea que perdure eternamente y se imponga como el único camino posible a seguir por las distintas sociedades. A lo largo de los siglos han existido distintos ciclos, que son cortados por resistencias apoyadas por quienes no resultan beneficiados del orden de las cosas y que generan cambios.

Las relaciones comerciales no tendrían que ser la excepción y naturalmente las resistencias apoyadas por quienes no han sido beneficiados por la globalización galopante de las últimas décadas, que siempre han estado ahí, tienen un peso tan significativo que lograron decantar la balanza electoral en Estados Unidos y meses previos en Reino Unido, y aspira a lograrlo en otros países europeos y simbólicamente importantes para el proyecto económico del libre mercado.

Lo que también se puede esperar que en años futuros la tendencia globalizadora vuelva a retomar su camino y siga con la interconexión libre comercial en el mundo; y que dichas resistencias continúen ahí aguardando la oportunidad de manifestarse como ha ocurrido recientemente.

Quizá una de las lecciones a sacar de esto es que no pueden darse las cosas por sentadas. Todo el proceso electoral estadunidense se creía que la racionalidad electoral terminaría por imponerse a favor de los valores liberales e impediría la victoria de Trump. No fue así. Se creía y se comprobaba en las encuestas lo mismo en Reino Unidos con Brexit. Tampoco fue así. Se daba por sentado el sentido de la racionalidad electoral y económica de quienes elegían en ambos casos y su participación.

Se ha hablado mucho de la poca participación de jóvenes en el tema británico y cómo esto inclinó la balanza. En general, es común encontrar en algunas encuestas el poco interés de la juventud por temas de política nacional e internacional; se da por sentado que todos son corruptos, que todos son iguales y que su participación resulta indiferente para el devenir de su país y el mundo.

Pero no pueden darse las cosas por sentadas. En Estados Unidos, por ejemplo, será importante que otra faceta del liberalismo, en un sentido más social, defienda los logros que ha conseguido en los últimos años, en la construcción de sociedades más equitativas. Los derechos de las mujeres, de las minorías étnicas, de la diversidad sexual, y un gran número de reivindicaciones que han logrado comenzar a normalizarse, deben defenderse ante su nuevo gobierno abiertamente en contra de las mismas.

Obviar la política y no participar, puede significar un retroceso en esa faceta del liberalismo y un avance de las resistencias a la misma. Si bien es cierto que hay quienes abiertamente prefiera que sea así y participa para que su agenda avance, como puede ser buena parte de los electorales que dieron la victoria al candidato republicano; pero también lo es que la mayoría de ciudadanos votó contra dicho proyecto y que la tendencia del mundo en los últimos siglos es en el camino de la equidad y reivindicación de aquellos que han sido marginados y atacados por prejuicios.

Las resistencias y sus eventuales victorias, como ha ocurrido en los últimos años, son parte normal de las democracias, y la mantienen funcional y dinámica. Ahora la resistencia pareciera ser esa defensa al liberalismo no sólo económico, sino en un sentido más social; los papeles comúnmente se invierten y se ajustan al entorno. Cada persona tiene su idea de lo que es la justicia social y el derecho a luchar por hacerla valer por los medios institucionales pertinentes. La idea que comenzó a extenderse con la Revolución Francesa y la Independencia estadunidense, la de los derechos humanos, si bien es un invento ideológico occidental, al basarse en el reconocimiento de la dignidad de cada persona por el simple hecho de ser persona, parece un ideal justo por el cual seguir luchando.

No es un mal momento para replantar, también qué hacer para satisfacer las demandas que dentro del liberalismo hacen los que no han sido beneficiados y continúan siendo marginados, excluidos de la lógica de desarrollo y desatendidos, sumidos en el desempleo, la pobreza en sus distintas vertientes. En buena parte eso, junto con otras muchas causas, son las sobre determinaciones que nos han traído al estado actual de acontecimientos.


Imagen: https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2016/02/Cuerda-rompi%C3%A9ndose.jpg

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