Nacionalismos

Por Brandon Ramírez

Aunque el tema cobró cierta notoriedad global por lo acontecido en España, las pulsiones independentistas sustentadas en un nacionalismo en muchas zonas del mundo desde la construcción misma de muchos Estados.

Ya se sabe que en Estados Unidos y Reino Unido el nacionalismo impulsó (quién sabe si de forma determinante o como un factor entre muchos otros) algunos de los últimos movimientos políticos: elección presidencial y salida de la Unión Europea. La idea del nosotros y ellos, sirvió para formar los países que hoy conocemos, en algunos casos de forma natural, y en otros promovidos por grupos de poder, quiero decir, en algunos casos las personas construyeron su Estado Nación (principalmente en Europa) como un proceso normal, porque era necesario para garantizar cosas que en una escala menor no se podría, como la seguridad o múltiples servicios básicos en todo un territorio; en otros el Estado creó a la nación, siendo que no existía un sentimiento de integración e identidad previo al mismo, y este es el caso de muchos países en todo el mundo.

La idea de construir una identidad en torno al territorio hace sentido ya que las personas en cuestión viven su día a día interactuando entre sí, comparten un idioma, establecen costumbres y acuerdos de convivencia y crean una cultura específica. Eso logró superar muchos de los desafíos de los siglos previos, aunque a su vez fue el motivo de muchas de las guerras, y sigue siendo motivo de conflictos internacionales, principalmente estas diferencias ideológicas culturales y los intereses que se defienden “en nombre de la nación” o como “razón de Estado”.

Sin embargo, cada día más el contexto del mundo cambia. Los problemas a los que nos enfrentamos son en buena medida planetarios, no dependen de sólo el grupo de personas que viven dentro de un territorio, sino que nos amenaza a todos, como puede ser el cambio climático, la escasez de recursos naturales, extinción de especies, etcétera. Es imposible resolverlos al nivel Estatal, y son necesarios acuerdos entre todos estos. Por otro lado, cada más hay una cultura global: se ven las mismas películas y series en buena parte del mundo, se leen los mismos libros, se siguen las mismas modas, se escucha la misma música y se comparte una visión del mundo y marcos jurídicos como los Derechos Humanos y se ha creado un mercado global. Las fronteras son cada vez más porosas.

La Unión Europea es un modelo que podría marcar la ruta a seguir en los próximos siglos, quizá, por otras regiones del mundo, construyendo identidades continentales y no Estatales. Pese a ser una región convulsa y centro de los grandes conflictos bélicos del último siglo, se han integrado para superar muchas de las limitantes y riesgos; si se comparte un consenso básico de principios (en este caso la defensa de la democracia liberal como proyecto político con las ideas inherentes a la misma en términos económicos y jurídicos) se puede pensar en una sociedad global.

En este sentido, en lo personal me sorprende la fuerza que aún tiene el sentimiento nacionalista en el mundo. El historiador Hobsbawm escribió que si un ser extraterrestre con el fin de conocer nuestra historia, llegara a nuestro planeta tras un cataclismo nuclear, llegaría a la conclusión después de estudiar un poco, de que los últimos dos siglos de la historia humana del planeta Tierra son incomprensibles si no se entiende un poco el término “nación”. Quizá porque aún estamos una época, muy cercana a la que describía Hobsbawm, es que esto es así.

Muchos se sienten parte de su localidad y de su país, pero aún no parte de una sociedad cosmopolita. Las grandes urbes europeas en las que confluyen ciudadanos de todo el mundo aun señalan a los extranjeros como la fuente de sus problemas, y ven el turismo excesivo conflictivo. Pero aún pese a las resistencias que han llevado a muchos líderes de la ultraderecha a ganar espacios y apoyos, este parece un camino que no se puede desandar, ya que es una tendencia que viene desde hace siglos, hacia una integración más allá de lo económico, que tomó un fuerte impulso tras la segunda guerra mundial. Esa misma idea es el centro sobre el que gira la teoría conspirativa del nuevo orden global maquinado supuestamente por los iluminati.

Es cierto que al final la soberanía, pese a los tratados internacionales sigue siendo esencialmente una cuestión de los Estados. Si un pueblo dentro del mismo, en aquellos casos federados o autonómicos buscan su camino separado de la nación de la que forma parte, tiene legitimidad para hacerlo; sobre la legalidad, si el marco jurídico no lo permite, en última instancia puede negociarse su modificación. Pero separarse para formar aun así parte de un orden jurídico superior, como la Unión Europea, tiene atisbos de contradicción. Por otro lado, el reconocimiento internacional de estas autonomías o independencias contraviene la lógica global de integración y estabilidad y es difícil que se reconozca, si no fuera como históricamente ha ocurrido, un movimiento de liberación contra una dictadura o colonización.

El mundo ha sido, es, y será, un lugar complicado por todas las construcciones sociales que hemos hecho para darle sentido.


Imagen: https://equalprotecciondedatos.com/wp-content/uploads/2014/12/comunidad-de-propietarios.jpg

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