Mundos extraños (y como mantenerlos así)

Por Guillermo Alvarado

Estas yendo a casa, de regreso de tu escuela o trabajo. Vas en el metro atiborrado como siempre o estás por subirte de “bandera” en la micro. Expones tu vida diariamente por un puñado de pesos o una calificación aprobatoria. Soportas a tu jefe, a tu supervisora o a tu banquete de maestros, uno más opresor que el anterior; lo haces por terminar tu carrera, sacar tu maldito certificado de bachillerato (el dinero no crece en los árboles). Vas camino a casa, eso es ganancia… Llegarás, saludarás a quienes siempre saludas, cenarás algo, luego entonces, después de todo el protocolo tendrás tiempo para ti. Tomarás aquel cómic, aquella película (lo que sea que hallas comprado para entretenerte hoy) para acrecentar tu colección o simplemente lo primero que llamó tu atención y ser feliz por un par de horas encerrado en tu mundo extraño favorito.

Mi encuentro con Black Mirror (Espejo Negro) fue azaroso, como muchas de las mejores cosas de la vida, producto del ocio me dirigí a “inserte aquí su proveedor de películas y serie online predilecto” y allí, sin mucho ánimo de encontrar algo profundo ni mucho menos desafiante, le di play a lo primero con lo que me topé. Esto pasó, a mediados de mi carrera universitaria, aproximadamente hace unos cuatro años.

The National Anthem (El himno nacional) fue el primer episodio que vi, mi primera impresión fue de sorpresa, una grata sorpresa de ver expresados muchos de los vicios de la sociedad, tomando partido en un panorama completamente actual, lo consideré una predicción Bradburyliana cumplida: en efecto, vivimos en el futuro, oscuro futuro.

Los medios de comunicación, pueden jugar en nuestra contra, como bien lo apunta Hari Seldon en Foundation (Fundación) de Issac Asimov “una pistola atómica es una buena arma, pero puede apuntar en ambas direcciones”. Del mismo modo, una herramienta como internet y en ella las redes sociales, pueden ser partícipes de comunicar un acontecimiento grato o no grato y con el poder de la opinión el público demanda lo que sea su capricho, lo que responda a su necesidad o a su morbo. El perfil de Facebook o la cuenta de Twitter se torna un medio de catarsis, liberar demonios y que en grupos o comunidades virtuales llamen a la hoguera a un completo desconocido, o clamen a denigrar la imagen de alguien más o sencillamente al insulto fácil y cobarde en no mas de tres líneas de texto. Internet se ha convertido en una extensión de nuestro ser.

“El himno nacional” nos remonta a todo lo anterior, nos obliga a reflexionar y a mirarnos en un espejo, en el cristal de nuestro celular o tablet, y mirarnos profundamente hasta encontrar lo quebrados que estamos, reconocer nuestro reflejo en lo profundo de aquel espejo oscuro, aun cuando lo que vemos no nos agrade o nos avergüence.

El primer ministro del Reino Unido, es informado de que la princesa Susannah, quien es una celebridad para la población, ha sido secuestrada y la demanda de sus raptores ha sido mediante un video cargado en YouTube el cual han intentado quitar de la red pero no han podido ya que otras personas lo vuelven a subir subsecuentemente, la peor parte radica en la demanda por la liberación, ya que implica directamente al primer ministro: se le exige que tenga relaciones sexuales con un cerdo, sin manera alguna de falsificar el video.

Si bien la historia no destaca por su originalidad, es en el manejo que le dan lo que la convierte en una historia interesante y que te mantiene atrapado desde el primer momento. Nos revela la naturaleza voluble del ser humano, un ser decadente del cual preferimos apartar la mirada y no aceptar que somos parte de ese grupo que puede con una opinión o un like o retweet, condenar a un pobre hombre a realizar el sacrificio máximo.

Fifteen Million Merits (Quince Millones de Méritos) el segundo episodio de tres que forman la primera temporada, nos transporta a un mundo futurista y distópico, con elementos propios del mundo subterráneo de THX 1138, grandes muros televisivos como los del cuarto de Guy Montag y su esposa, donde la televisión promueve sexo, humor a costa de la humillación de otros y la hipnotizate diversión de los shows de talento en donde la imagen es preponderante. En este mundo Orweliano, la energía eléctrica es generada por el ser humano, pedaleando en bicicletas fijas con la intención de ganar Méritos, la moneda de este lugar, la identidad y el amor parecen pasar a segundo término, el ser humano es una batería de la que puedes disponer, sólo útil si es esbelto y hace lo que se le pide. En sus momentos de descanso puede consumir contenido vacío que lo aleja más y más de su humanidad, vendiéndole el gusto por la mediocridad.

El héroe de la historia conoce a la protagonista, quien es diferente a todos, ella que busca un resquicio de personalidad en un mundo cuadrado, un mundo que violenta con el orden autoritario y que ha hecho de los medios un dios, un dios codicioso y obsceno. Entonces él le cumple un deseo a ella: participar en el show de talentos, creyendo ciegamente que el show es exactamente lo que parece, una esperanza inocente que los llevará a no tan inocentes desenlaces.

El final reafirma que en todos hay un precio, somos susceptibles a corrompernos, en todos hay un punto de quiebre y que incluso la libre expresión tiene una cuota que pagar.

Finalmente un vistazo a un futuro menos distópico, pero no por ello menos problemático, uno donde vivimos con la tecnología ayudándonos diariamente, donde hemos suprimido el error de la memoria y todos portamos un receptor y una cámara en el ojo, encargados de grabar toda nuestra vida, donde podemos retroceder cuando “olvidamos” algo, o donde podemos “recordar” una fiesta, una charla o incluso un momento intimo con un clic y la reproducción directa en un monitor.

La historia nos presenta a una joven pareja en una cena con amigos, la desconfianza da paso a los celos y la narrativa se va degradando junto con el protagonista, a tal grado que cerca del desenlace nos provoca cierto gusto agridulce el saber que nosotros conservamos el beneficio de olvidar, tenemos la ventaja natural de apreciar cada momento como irrepetible y dejar pasar ciertos eventos desagradables; olvidar o nublar traumas y por una psique sana  permanecer en la ignorancia de recuerdos que nos puedan llevar a una existencia dolorosa siendo incapaces de olvidar.

Es verdad que algunos soñamos con la capacidad de ver el futuro, adentrarnos en otra dimensión, explorar mundos con nuestras naves espaciales, conocer la respuesta a todo cuestionamiento existencial. La ciencia ficción en todo medio nos ayuda a manifestar estos deseos bajo la perspectiva humana, entrando a mundos extraños donde ver el futuro no siempre es halagador si lo que observas son destellos de tu propia muerte como en Recall Mechanism (Mecanismo de recuerdo) de P. K. Dick o entrar en dimensiones oníricas como el protagonista de The Dabba Dabba Tree (El árbol Dabba Dabba) de Yasutaka Tsutsui, idea que el autor retomaría y expandiría posteriormente en Paprika, o bien, explorar el universo, con una toalla y de la mano de tus amigos, acompañado de un libro que contiene casi todas las respuestas para andar de mochilero en el universo como Arthur Dent en The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (Guía del autoestopista galáctico) de Douglas Adams.

Confío en que la respuesta que buscamos está frente a nosotros, probablemente nosotros mismos seamos la respuesta que buscamos y no somos capaces de verla o de entenderla; no obstante, también disfruto de las aventuras interestelares, donde se llega a la trascendencia y a fundirse con el universo mismo, como le sucede a el doctor David Bowman en 2001: A Space Odyssey de Arthur C. Clarke o a la humanidad entera en el cuento The Last Question de Isaac Asimov, donde se pugna una carrera contra la entropía, la escases de energía que terminara agotándolo todo, incluso el universo mismo.

Black Mirror y todos los autores expuestos aquí y tantos más que han faltado, tanto en novelas y cuentos, como series de tv y películas, nos ayudan a mantener este mundo, nuestro melancólico mundo, como un mundo extraño y es labor nuestra recomendar estas historias para mantenerlo así.

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