Mundo Moral

Por Miguel Téllez

 

En distintas discusiones se suele hacer mención de un “criterio de demarcación”, con el fin de determinar qué cosas forman parte del debate o de un tema. Por ejemplo, en filosofía de la ciencia, el criterio de demarcación intenta filtrar aquello que es ciencia de lo que no es ciencia. Aquí  hablaré del criterio de demarcación de nuestro mundo moral, así que primero explicaré qué es eso, luego diré las implicaciones de tal tema y se verá por qué es que debe importarnos.

El criterio de demarcación (CDD) respecto a nuestro moral lo que quiere responder es ¿con quiénes tenemos obligaciones morales? Es decir, si decimos que el conjunto A cumple con el CDD, entonces tenemos obligaciones con sus miembros: ayudarlos, tolerarlos, etc. En cambio, si decimos que el conjunto B no pasa nuestro CDD, entonces no tenemos obligaciones con ellos. Dicho lo anterior, alguien podría decir: entonces podemos matarlos. Sin duda  sería un comentario interesante, y por ello es que el CDD es importante. Ahora bien, alguien más atento, podría sopesar más detalladamente al conjunto B y luego señalar si es necesario matar a los miembros (eso de asesinar aunque no existan obligaciones morales es complicado, y cruel en algunos casos).

A lo largo de la historia hemos tenido un abanico de criterios de demarcación: cuando los griegos, se tenían obligaciones sólo con hombres libres; cuando el Medioevo, sólo con practicantes de la religión establecida; y luego parece que comenzó a ampliarse el CDD. Sin embargo, Jeremy Bentham es quizá el paradigma interesante respecto al CDD: él propuso que si un ser siente, tiene la capacidad de que su felicidad sea aumentada o disminuida, entonces tenemos obligaciones con él. Claro, hoy día esto puede parecernos una obviedad, sin embargo, en tiempos de Bentham, esto era la locura: los animales sienten. Así que, ¿cómo? (podríamos preguntarle a Bentham) ¿tenemos obligaciones con los animales? Bentham nos diría que sí. Este filósofo pertenecía al pensamiento denominado “utilitarista”, y prácticamente a él se le debe el famoso Principio de Utilidad.

Hoy día, quienes defienden derechos de los animales y están informados de los asuntos teóricos (que sin duda son importantes) recurren a ese argumento que establece el CDD según Bentham. Podemos hacer el argumento: Si es el caso que un ser siente, tiene la capacidad de que su felicidad sea aumentada o disminuida, entonces tenemos obligaciones con él. Un perro cumple con el antecedente de nuestra implicación, así que ya sabemos la conclusión.

Poco antes de Bentham, ya alguien muy famoso también había propuesto su CDD: Immanuel Kant. Hoy día también simpatizamos con el CDD kantiano, sin embargo nos trae muchos problemas. Para Kant, con quienes tenemos obligaciones son con aquellos capaces de poder actuar bajo la representación de leyes que se dan a sí mismos. Esa es una primera postura, luego nos dirá que con aquellos capaces de representarse fines, y luego dirá que con aquellos que tienen dignidad. Esto ocurre no porque Kant nunca se decidía por cuál era CDD que más le gustaba, sino porque, según él, todas estas cosas implican la misma idea: su proceder es analítico. Todo esto se deduce porque Kant postula algo llamado Imperativo Categórico, la cual es una fórmula para orientan las acciones que debe hacer un hombre. Sin embargo, aquí no hablaré de las maneras de expresar esa fórmula –que son tres, por cierto-.

Aterrizando la idea, tenemos obligaciones con aquellas personas que son racionales –como podríamos entenderlo hoy día-. Es decir, si tú puedes fijarte un fin y consigues los medios adecuados para hacerlo, entonces eres racional, y por tanto tenemos obligaciones contigo.

Líneas arriba dije que esta visión nos trae problemas. Es bastante extendida la idea de pensar que la gente es racional, pero lo decimos nosotros, a nuestros 22 años, 34, 17, 57 y así. Ahora bien, ¿un bebé es racional? ¿Un enfermo mental es racional? ¿Los animales son racionales? ¿Las plantas son racionales? Es curioso que mucha gente suela responder afirmativamente a esas preguntas, poniendo casos aislados o ingeniando un suceso hipotético para decir que el bebé, el animal o la planta son racionales. No sé cómo una cochinilla podría ser racional, tampoco un árbol y un bebé. Claro que filósofos han intentando defender la postura kantiana, sin embargo suelen forzar las cosas.

En este caso, el argumento es: Si es el caso que alguien es racional, entonces tenemos obligaciones con él. Le cuento al lector que si queremos la negación de lo que decimos, no se procede diciendo: si no es racional, entonces no tenemos obligaciones con él: eso es una falacia. Lo que haríamos será negar el consecuente de la implicación y entonces ya sabemos que ese alguien no es racional. Así son las cosas de la lógica.

¿Con qué opción nos quedamos? ¿Le hacemos caso a Bentham o a Kant? ¿A ninguno? ¿Por qué? No son preguntas sencillas. Hoy día se siguen discutiendo estos asuntos, y las repercusiones son fuertes.

Como conclusión, quisiera agregar algo que han arrojado investigaciones en cognición: no somos racionales. ¡¿Cómo?! En efecto, no lo somos. Y quizá no deberíamos asustarnos, sino tranquilizarnos un poco: ya sabemos por qué es que nos equivocamos tanto. Por lo pronto, cabe preguntarnos a quiénes consideramos parte de nuestro moral, ya que eso significaría señalar con quiénes tenemos obligaciones. Y claro, debe ser una buena razón.


Bibliografía

-Gigerenzerd, Gerd y Sturm, Thomas, ¿Herramientas=teorías=datos? Sobre cierta dinámica circular en la ciencia cognitiva, Quaderns de Psicologia, 2011, Vol. 13, No 2, 35-61. No tengo más información bibliográfica del texto digital.

-Immanuel, Kant, Fundamentación metafísica de las costumbres, {Trad. de Manuel García Morente}, 2007. No poseo más información bibliográfica del texto en digital.

-Rachels, James, Introducción a la filosofía moral, {Trad. De Gustavo Ortiz Millán}, FCE, México, 2006.


Imagen: http://www.mundo-tecnia.com/tag/estacion-espacial-internacional/

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