Mundo de consumidores

Por María Fosado

 

Los medios masivos contribuyeron a la formación de la ciudadanía cultural. Es común que en las generaciones presentes el consumismo se encuentre por encima de todas las prioridades, con los ya conocidos “centennials”, hermanitos de los milennials, y cuya generación que con el paso de los años tendrán un lugar importante dentro del mundo laboral, comercial y serán los jóvenes influyentes del mañana.

Somos los verdaderos nativos digitales, autodidactas, considerados como “los superhéroes del futuro” porque al llegar al mundo laboral, queremos encontrar puestos que tengan impacto social, en beneficio del planeta, así como realizar labores de voluntariado.

Pero no todo es tan heroico como parece, porque a pesar de ser el cambio prometedor del que todos hablan, también somos los más consumistas. Centrándonos en el contexto actual en el que las generaciones presentes y futuras ahora son más tecnológicas que antes, se podría decir que conlleva un aumento en el consumismo, en que las redes sociales son prioridad de estas generaciones, en que los gadgets que compran llegan a determinar su status económico y social, así como también la ropa que usan a diario, las marcas que visten e incluso, las que los han hecho ser unos anuncios ambulantes en un mundo en el que lo más importante es llevar puesto un “valor” que en realidad, ni siquiera tiene nada que ver con el valor real de la persona que es.

Bien lo demostró Marx a través de “el nuevo sistema”, haciendo referencia al capitalismo, en la que quizá en parte se haya abolido la esclavitud, pero sabemos que en realidad seguimos siendo esclavos del consumismo. No somos libres ni lo seremos, porque estamos atados a apariencias, atados a cosas a las que le damos más valor que a nuestra propia persona.

Creo que lo más grave de ser una sociedad consumista, en la que no sólo se nos ha enseñado a ser de esa manera, sino que pareciera que ya las futuras generaciones están naciendo con una especie de chip integrado en que determinarán sus hábitos de consumo, tan sólo pensar en ello me aterra. Y no como si dijera que se fuese a acabar el mundo, o tal vez es algo que no sabemos, sino que en realidad me cuestiono ¿qué es lo que estamos dejando para esas generaciones? O sin ir más lejos, ¿qué es lo que estamos construyendo para nuestro futuro?

Pero viniendo de una sociedad de consumidores, la situación de querer repartir por igual el poder y las ganancias es muy difícil, ya que como consumidores no lo vemos de esa manera. Es decir, nos cegamos ante una realidad que nos grita en silencio que las cosas en el mundo no van bien, pero como nos encontramos tan “ocupados” en ver por nuestros propios intereses y no por el bien común, se nos olvida que hay un mundo que también existe aparte del nuestro en el que vivimos, y es así como nos vamos convirtiendo en seres narcisistas.

Si el consumo fuera relativo a las necesidades, nos llevaría a la satisfacción, pero como no sucede de ese modo, queremos seguir teniendo más. Como lo dijo alguna vez Aristóteles: “el fin último del hombre no deriva de los bienes externos, del cuerpo o del alma, sino que el bien último y al mismo tiempo, el bien supremo que persigue el hombre es la felicidad, puesto que ya no es ningún medio para alcanzar otro fin.”

El consumo ha hecho que la diferencia sexual se encuentre confundida, y no se trata de luchar en contra de las preferencias sexuales de las personas, de demostrar el odio a través de la homofobia, porque queda claro que México ocupa el segundo lugar mundial en crímenes de odio por homofobia. Lo más reciente ha sucedido con la terrible masacre en la discoteca gay, en Orlando, que tuvo como saldo 50 muertos y 3 de ellos, identificados como mexicanos.

La humanidad ha dejado de distinguir lo que realmente significa aceptar al prójimo, puesto que vive con el miedo y con la creencia que aceptar al otro significa que uno se convertirá en lo que el otro es. Existe algo que se llama libre albedrío y aun así, muchos se creen con el derecho de poder quitarles la vida a otros, porque son los que no comprenden que aquí venimos a vivir como queramos y sólo será juzgado en el cielo o por cualquier entidad en la que crea.

Ahora las catástrofes se han convertido en espectáculos, lamentablemente la ayuda humanitaria real se va perdiendo. Ahora creemos que todo se puede “solucionar” a través de tweets o colocando en nuestros perfiles de las redes sociales la bandera de un país con el que supuestamente nos estamos solidarizando. Como si el mundo sólo se tratase de nombrar como “Lady” o “Lord” a alguien por la falta de ética y moral frente a la sociedad y que cada dos días aparece como tendencia en las redes sociales. ¿De verdad no nos hemos cansado de aplaudir los 5 minutos de fama de todas personas?

Hay cosas que son inevitables pero no pueden pasar desapercibidas. Creo que todo lo que se padece en el mundo a mayor o menor medida en diferentes países, se debe a nuestra actitud para afrontar nuestros problemas. Nos quejamos de los acontecimientos, unos más que otros pero siempre se repite lo mismo.

Los jóvenes de hoy sentimos cierto interés por lo que está aconteciendo en el mundo, y pocos son los que logran el cambio, porque la mayoría sólo nos preocupamos en vez de ocuparnos.

Actualmente podemos decir que nuestras generaciones luchan por establecer sus identidades y construir lo que nos distingue a través del consumismo. Muchas veces las palabras no sirven de nada si no van acompañadas de acciones y sobre todo de comprometernos a realizar cambios.

 “En los ojos puedes ver las intenciones de una persona, y en sus manos puedes ver qué tan capaz es para llevarlas a cabo”.
Libro Hablando Sola


Imagen: https://www.flickr.com/photos/pabloaxpe/

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