Mujeres que luchan por la paz

El proceso reivindicatorio de lucha de madres afectadas por el feminicidio en el Estado de México

Por Aura Pérez

El Estado de México se ha convertido en el peor lugar para ser mujer en todo México, presentando un común denominador: la violencia contra las mujeres que culmina en el feminicidio como su máxima expresión, lo cual, es consecuencia de diversos factores sociales y culturales, así como de la falta de indagación, juzgamiento y búsqueda de sanción y reparación del daño a las familias por parte del sistema de justicia del Estado. Todo esto ha dejado cifras sorprendentes de mujeres muertas cada día por su condición de ser mujer, más impunidad, menos justicia y un daño irrevocable en millones de personas, familias y hogares que viven y enfrentan a diario esta violencia.

Por lo que diversas mujeres, al ser sus hijas víctimas de la problemática, han tenido que organizarse y alzar la voz ante autoridades y gobiernos incompetentes rebasados por la problemática, para que sus casos no queden impunes; iniciando con esto un proceso reivindicatorio en sus vidas, reconociéndose como ciudadanas mujeres sujetas de derechos, cruzando sin lugar a dudas esa frontera de lo privado a lo público que se nos ha impuesto a las mujeres por décadas, que nos hace situarnos de una forma diferente en el mundo, y por tanto, que surja la necesidad de crear nuevos espacios para la acción colectiva. Estos procesos son sumamente interesantes y particulares, pues surgen de coyunturas complejas que tienen que ver con procesos y contextos políticos, sociales, económicos y culturales, que muestran todo un cúmulo de experiencias cotidianas de cómo viven las mujeres la violencia y cómo se liberan de ella.

En el Estado de México son muchas las mujeres que se enfrentan a casos terribles de violencia no sólo doméstica, sino, gubernamental, estructural y sistemática, que tristemente como ya lo había mencionado culmina en el feminicidio. Esto desde mi punto de vista ha generado particularmente en las madres, mujeres pertenecientes a las familias que buscan la reparación del daño después de un feminicidio, su empoderamiento para luchar por que no queden impunes los casos de sus hijas y otras mujeres exigiendo: paz, justicia, respeto y el reconocimiento a sus derechos, a las instancias gubernamentales competentes.

Es por eso que considero importante hacer un espacio en el interés colectivo para hablar de esas mujeres que han llevado procesos reivindicatorios complejos y que ahora luchan transformando la vida y la historia de las mujeres en el Estado de México, y aunque sé que seguramente me hará falta nombrar en esta breve documentación a muchas más mujeres que luchan día a día por un mundo más equitativo, el objetivo es mostrar que hay a diario mujeres diversas que luchan para transformar realidades con sororidad.

Irinea Buendía

Madre de Mariana Lima Buendía, víctima de violencia doméstica que culminó en un feminicidio perpetrado por el policía Julio César Hernández Ballinas, quien la golpeó hasta matarla y después dijo que fue suicidio. Irinea después de varios años de lucha, de reunirse con Organismos No Gubernamentales y de salir a las calles a clamar justicia, logró que la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajera el caso y después de años de impunidad le otorgara el amparo para reabrir el expediente, para que la Procuraduría General de Justicia del Estado de México haga las labores correspondientes e investigue para determinar las causas verdaderas por las cuales murió Mariana Lima Buendía en 2010.

Leticia Moreno Nieto 

Madre de Georgina Ivonne Ramírez Mora, una de las 600 jovencitas desaparecidas en el Estado de México durante 2011. Ivonne, con 21 años de edad, desapareció en el municipio de Atizapán de Zaragoza, luego de salir de su casa para ir por unas compras para la cena. Desde entonces, Leticia Mora busca a su hija y encabeza ahora una red de madres de niñas y jóvenes desaparecidas, cuya reivindicación se basa en exigir justicia para que les regresen a sus hijas

Amparo Vargas

Madre de Eva Cecilia, víctima del feminicida detenido en 2012 y conocido como “El Coqueto”. Eva tenía 16 años cuando desapareció en 2011 al subir a un microbús que la llevaría a su casa en Tlalnepantla, desde ese momento nunca más se le volvió a ver. Amparo recuerda que ella misma dijo a las autoridades que quien desapareció a su hija podía estar en la ruta de microbuses que conducían a su domicilio, poco después se supo que “El Coqueto” era microbusero de la ruta. Sin embargo, los ministeriales nunca investigaron esa suposición. Amparo relata para Las muertas del Estado que, en la búsqueda de su hija, la PGJ le proporcionó dos agentes, a los cuales tuvo que pagarles la gasolina y el crédito de sus celulares para que pudieran realizar la investigación del caso de su hija. Amparo tenía que entrar a las casas a buscarla, arriesgando con esto su seguridad. Todo esto son sólo algunas de las cosas a las que Amparo Vargas tuvo que enfrentarse, la misma razón por la cual decide integrarse a la lucha de las madres de mujeres desaparecidas en el Edomex, para exigir justicia.

Como ellas hay muchas mujeres más que luchan en el Estado de México, y que gracias a su enorme lucha han dejado entrever la violencia no sólo feminicida en el Estado de México que viven a diario las mujeres. Sin su valor, su entrega y entereza, muchos casos no hubieran sido conocidos y mucho menos interesado a las autoridades, ni transcendido a la opinión pública. Con cada lágrima derramada y lucha ganada siembran en suelo mexiquense la esperanza de un mundo mejor para todas las mujeres.

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