Mujeres: objeto de nadie, deseo de todos

Por María Fosado

 

Si bien dicen que un halago no hace daño, permítanme expresar que hasta para eso hay niveles. Un halago como cumplido sonroja a cualquiera, hasta a esa persona cuyo juramento es no creer en el amor.

Pero cuando los halagos se convierten en insinuaciones que pasan a ser de tipo sexual, entonces el sentido de algo inocente ahora es considerado como ofensivo. Porque no a todas las mujeres les gustan los piropos y si vienen de un completo extraño, las hace sentir inseguras y violentadas.

Un fenómeno social que no respeta edades y que en la actualidad afecta todos los días a la mayoría de las mujeres, es el acoso callejero. Se trata de una práctica no deseada ejercida por un desconocido y que suele ocurrir en los espacios públicos, llámense transporte, calles, centros comerciales; y que generan un impacto psicológico negativo a las víctimas, principalmente a las mujeres.

Millones de mujeres en el mundo, incluyendo a niñas, son diariamente acosadas y lo más lamentable es que los responsables no reciben ningún tipo de sanción.

Existe cierta controversia entre aquellos que piensan que las mujeres son provocativas y con ello justifican que sean acosadas y entre los que opinan que los piropos que se les dice a las mujeres en la calle son sólo para halagar su belleza.

En primer lugar, hay que mencionar que no es culpa de las víctimas el ser acosadas, cada quien es libre de vestir y andar por las calles como quiera y que esto no debe definir el tipo de trato que se les deba dar a las mujeres. Los tiempos han cambiado, pero la sociedad machista persiste en nuestros días, cuyo término no sólo hace referencia a los hombres, sino a todas aquellas personas que a través de palabras despectivas denigran a la mujer refiriéndose a ellas como “golfas”, “zorras”, entre otras más; incluyendo el “valor” que se les determine. Es decir, se les llega a considerar como objetos de satisfacción sexual; y no hay un ejemplo más claro que el que la misma publicidad hace para vender productos.

El valor de una mujer no se define por el escote o los tacones que lleve puestos, sino la calidad de persona, la actitud e intenciones que comunique a la sociedad.

Sabemos que los movimientos feministas se han considerado como “la voz de las mujeres”, luchan por sus derechos, por la igualdad de género y por ser tomadas en cuenta; y con fenómenos como el acoso callejero buscan protegerse a través de instituciones para la mujer. Aunque son pocas las que se atreven a denunciar, ya sea ante las autoridades correspondientes o a través de las redes sociales.

De esta manera, un grupo de señoritas decidieron “exhibir” a sus acosadores callejeros a través de un video que subieron a YouTube para dar a conocer esta problemática que a muchas mujeres aqueja pero que pocas lo expresan.

“Las morras”, como así se hace llamar el colectivo de mujeres que difundieron el video en redes sociales, se muestran caminando por las calles de la Ciudad de México a plena luz del día mientras van con una cámara oculta grabando su caminata y el momento en el que son acosadas por los hombres que pasan junto a ellas.

Pero ¿cuál ha sido la respuesta de la sociedad ante el fenómeno presentado en el video?

El objetivo, como ellas lo han expresado en numerosas ocasiones en las que han sido entrevistadas, era dar a conocer que sí existe, sigue existiendo y seguirá por los siglos de los siglos, el acoso callejero; claro, hasta que no se creen normas que realmente sancionen, pero no con multas insignificantes o con más violencia a los acosadores.

Que tú, yo o alguno de los que leen este artículo nunca hemos sido testigos de esto, no quiere decir que no existe, porque sí existe; sólo que a las mujeres se les ha enseñado  que deben quedarse calladas porque supuestamente es lo mejor que deberían hacer.  Se evitarían tantos problemas, como el que estas morras, que después de alcanzar el millón de visitas al video comenzaron a recibir amenazas de muerte.

Por supuesto que este video ha causado polémica (incluso ya es famoso en algunos países europeos), porque interpretaciones hay muchas, que si en realidad trataban de exhibir a cierto tipo de personas, que si es clasista, que si es racista o incluso que si la zona en donde  caminaban tendría que ver con el encuentro con acosadores: y las críticas continúan.

Lo que es verdad, es que la zona en la que se transite no va a determinar el tipo de “educación” que las personas poseen. Es decir, así como pudo haber sido en el centro de la ciudad, también pudo haber ocurrido en las zonas donde supuestamente la gente adinerada tiene mejor educación, porque sabemos que no es así. Tampoco se trata de un tema clasista porque la “clase” no determina la educación y valores que posee una persona.

¿Enfrentarse a los acosadores? Tal vez… Así como lo han hecho estas mujeres que al ser agredidas, encaran y sostienen la mirada a los acosadores para ver su reacción y les preguntan ¿Tienes algo que decirnos? para terminar dándoles una “cucharada de su propio chocolate” y decirles “¡Si no tienes nada bueno que decirnos ¡ahórratelo!

Lo que llama la atención es que los acosadores se quedan callados o se retractan, aunque yendo a casos más extremos, uno nunca sabe quién sí va a reaccionar y les pueda dar un golpe, las rapten en ese momento o incluso las violen.

A esto, las morras han dicho: Quizás enfrentar a los acosadores no sea la respuesta, pero es un buen ejercicio para arrancarles el poder y recuperarlo un poco nosotras (las mujeres)”.

Con esto no se ha llegado a una solución definitiva, sino que sirve para dar de qué hablar a la sociedad, cuando ni siquiera eran conscientes de la existencia del problema. De que aquellas mujeres que se callan, ahora alcen la voz y hagan algo al respecto.

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