Muestras de descontento

Por Brandon Ramírez 

 

Con lo acontecido la semana anterior, recordaba una conferencia impartida por Philippe Schmitter mientras cursaba mi licenciatura, titulada: ¿qué pasaría si desaparecieran los partidos políticos? Partiendo de la premisa de que cada vez más se habla de la decadencia de estos como organizaciones necesarias para la vida democrática.

El ejemplo más reciente, sin duda, lo tenemos en el proceso electoral estadunidense. El descontento ante la situación política, económica y social, con sus distintos matices, generó un terreno en el que Bernie Sanders logró competir más allá de lo previsible por la candidatura demócrata y Donald Trump por la republicana; en ambos casos outsiders y con un discurso antisistema. Más atrás en el tiempo, tenemos en España el caso de “Podemos”, que entre 2014 y 2015 se posicionaba como una alternativa, con apoyo social importante, proveniente principalmente del 15-M; que ponía en entredicho el bipartidismo imperante con un discurso igualmente antisistema. Sin embargo, en la mayoría de las democracias liberales existen manifestaciones más o menos del mismo estilo.

En aquella conferencia, Schmitter comenzó mencionando que la democracia existió antes de los partidos políticos y definitivamente, podría seguir sin ellos. Enumeró algunas de las funciones que se les atribuyen más o menos de forma consensuada en la literatura sobre el tema: desde la estructuración de las competencias electorales hasta su papel como agente de identificación y conformación de gobierno; concluyendo que todas éstas bien pueden ser impulsadas y ejecutadas por organizaciones distintas a los partidos como los conocemos hoy.

El papel representativo también ha ido desvaneciéndose con el paso del tiempo. La pérdida de contenido ideológico que distinga a un partido de otro, el cambio del contexto en que dichas ideologías fueron construyéndose, el crecimiento en número de los partidos catch-all y de sistemas cárteles (en que la oposición protege al partido en el gobierno, esperando que haya un trato similar, manteniéndose todos como compañeros del mismo juego entre quienes se reparte el pastel en un ganar-ganar) que generan la sensación de que todos son lo mismo, hace más difícil la identificación partidista que antes era heredada o producto perenne de la condición socioeconómica, en torno a los grandes temas del país.

Ante esto, un elemento relevante que comienza a tener presencia en países democráticos es el uso de los desarrollos electrónicos para facilitar muchas de las funciones que hoy día tienen los partidos políticos, que bien pueden comenzar a realizarse desde los hogares de las personas de manera más directa, sin intermediación y con mayor capacidad de vigilancia para la rendición de cuentas (el intento de Constitución en Islandia construida entre toda la ciudadanía vía internet, es un buen ejemplo). De igual forma, los mecanismos de participación política no representativa, como las consultas ciudadanas, referéndums, etcétera, con carácter vinculatorio, de ser respaldados por las sociedades y adoptadas como practicas comunes, son una posibilidad cada vez más presente.

Históricamente, los partidos han modificado sus estructuras para adaptarse a la realidad siempre cambiante; tampoco podemos descartar que mantengan su papel preponderante transformándose y adoptando a su interior nuevas formas de participación política que canalicen los reclamos y las insatisfacciones sociales. Los momentos de crisis siempre son oportunidades para replantearse el camino a seguir.

Que la legitimidad de los partidos se cuestiona en todo el mundo, nadie lo niega. Siguiendo a Schmitter, basta ver los niveles bajos de ciudadanos que forman parte de los mismos de manera activa para percatarse que no rebasan el 2% o 5% en la gran mayoría de los países.

En el futuro, Schmitter planteaba dos caminos por los que los sistemas de partidos podrían comenzar a perder su presencia y la monopolización de ciertas atribuciones: una gran catástrofe nacional-mundial cuasi estructural o bien una gran movilización social que impida que los sistemas de partidos se mantengan como se conocen hoy día en la mayoría de los países (aunque una no excluye la otra, ciertamente). Otras formas de organización política podrían comenzar a surgir en los próximos años, siempre que los ciudadanos del mundo reconozcan la importancia que la política tiene y no prevalezca el desdén que suele imperar hacia ésta.

En España, el descontento hizo crecer a dos partidos más allá de los tradicionales y ha generado problemas para construir gobierno. En México, se encontró en algunos candidatos independientes una forma de manifestar el descontento con los partidos, pero al parecer no con un peso que ponga en entredicho el estado actual de las cosas, al menos para 2018. Será interesante ver cómo resulta en los Estados Unidos elegir a un presidente tan ajeno a la política profesional y qué camino siguen otras democracias como la francesa en los próximos meses.


Imagen: http://mundoejecutivoexpress.mx/sites/default/files/imagecache/nota_completa/Elecciones%202015.jpg

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.