Motivación

Por Miguel Téllez

 

En este escrito expondré algunas concepciones que responden a distintas preguntas en asuntos éticos y metaéticos. Así las cosas, el título de estas líneas puede haber causado la idea de que daré una serie de frases del cereal para que la gente esté motivada, pero no será así. En realidad, un par de aquellas concepciones que señalaré tienen que ver con el asunto de cómo es que estamos motivados para hacer determinadas acciones.

Al inicio mencioné dos tipos de asuntos: 1) éticos y 2) metaéticos. Con las cuestiones éticas estoy pensando en normas morales que debemos seguir, y una buena teoría tendría que explicarnos porqué esas normas y no otras; además de explicarnos cómo llegamos a conocer esas normas y no otras, etc. En el caso de las cuestiones metaéticas, estoy pensando en un estudio más abstracto, que abarca cuestiones metafísicas, ontológicas, semánticas y lógicas.

Entendemos por problemas metafísicos -en metaética- aquellos que se refieren a la existencia de hechos morales en la estructura del mundo. Es decir, así como hay hechos físicos, como la lluvia o la fuerza de gravedad, ¿existe también la maldad en el mundo? En el caso de dudas ontológicas, podríamos preguntarnos -si aceptamos que sí existen hechos morales- qué status ontológico -es decir, de existencia en relación con otras cosas- tienen esos hechos morales. Finalmente, el ámbito semántico se refiere al significado de nuestras proposiciones morales, y el estudio lógico consiste en averiguar -de entre otro tipo de cosas- si acaso esas proposiciones pueden tener valor veritativo.

Así las cosas, la primera pareja de concepciones que quiero exponer es 1) la cognitivista vs 2) no cognotivista. La tesis cognotivista asegura que nuestras proposiciones morales -por ejemplo, matar es incorrecto- son creencias, y como sabemos, las creencias intentan describir el mundo: si intentan describir el mundo, entonces pueden tener valor veritativo, es decir, ser falsas o verdaderas. ¿Cómo es que pueden ser falsas o verdaderas? La respuesta más intuitiva es responder que existen hechos que instancian la verdad o falsedad de las proposiciones morales: así como decir ‘está lloviendo’, y averiguar si es que está lloviendo.

La tesis no cognitivista señala que las proposiciones morales no son creencias, sino que expresan nuestras actitudes, emociones, sentimientos, disgustos, deseos, etc. Es decir, en las proposiciones morales no hay creencias -y por tanto, no se describe el mundo ni tienen valor veritativo-, sino otro tipo de cosas: que no pueden ser evaluadas en términos de verdad o falsedad. El ejemplo clásico en este tipo de teorías es el expresivismo. Para un exprevista, cuando tú dices ‘matar es incorrecto’, lo que dices es algo como ‘¡Buuu!’. Cuando dices ‘ayudar al necesitado es bueno’, estás diciendo algo como ‘¡Urra!’.

La siguiente pareja de concepciones que expondré es internalismo vs externalismo. Estas dos concepciones son la que responden -o intentan hacerlo- la duda acerca de cómo es que podemos estar motivados para actuar y, por tanto, realizar determinada acción. Lo que sostiene un internalista es que la proposición moral es ya una razón para actuar. Esta tesis supone que la proposición moral es una creencia -así que está (o puede) comprometido con un cognitivismo-, y nosotros actuamos por medio de creencias. Por ejemplo, nuestra proposición moral ‘torturar bebés es incorrecto’, al tomarla en serio, y saberla como creencia, es ya un motivo para que de hecho no torturemos bebés.

Un externalista lo que sostiene es que la proposición moral no basta para que actuemos, sino que se necesita de un deseo. Así las cosas, el externalista compra la tesis de la psicología estándar que heredamos del filósofo David Hume: para actuar se requiere de una creencia más un deseo. Un ejemplo en favor del externalismo sería nuestra proposición moral de ‘es correcto donar dinero, alimentos, ropa, etc., para mitigar la hambruna de “’x’ país”. El externalista diría que esa proposición no basta para que actuemos, de hecho, ¿cuántos no afirman que donar es correcto pero no lo hacen? Se necesita de un deseo de querer donar; sea un deseo porque creemos en el bien moral, sea porque deseamos irnos al cielo, etc.

Con este cuadro podemos darnos cuenta que nosotros vivimos muchos asuntos ahí presentes y de hecho no podríamos casarnos -o quién sabe- con alguna teoría sólo porque sí. Por ejemplo: imagina que -seas hombre o mujer (doy por hecho que creemos en la igualdad)- vas en el metro, muy cómodo en algún asiento, y sube un adulto mayor con bastón. Supongamos que le cedes el asiento; ¿lo haces porque ‘crees’ que es correcto o, bien, porque tienes algún deseo de hacerlo? Como yo lo veo, no es fácil dar una respuesta, porque seguramente alguien muy sensato podría darnos detalles muy curiosos que indiquen que ocupan un deseo, por ejemplo: si el asiento reservado para ellos está desocupado, pues no lo cedo. Y si está ocupado, pues esa persona debería cederlo. Esto supone, parece, que nuestro actuar depende de otras actitudes y hechos y no de nuestra creencia de ‘ayudar es bueno’.

Para finalizar, la discusión entre cognitivistas y no cognitivistas también la vivimos. Imaginemos que Pedro discute con Alejandra si el aborto es correcto moralmente. Ambos defienden posturas contrarias, y están seguros de dar buenos argumentos -supongamos que de hecho son buenos argumentos-. ¿Acaso necesariamente uno de ellos está mal? Es decir, ¿de verdad alguno expone argumentos que de hecho son falsos? ¿En virtud de qué? Recordemos que algo es falso o verdadero de manera interesante: no se trata de que es verdad porque ‘a mí me gusta’; no estamos describiendo algo como ‘a mí me gusta comer pizza y a ti no’. Lo que hay detrás es el asunto que parece que indica que hay una verdad; por eso discutimos. La pregunta para ti es: ¿y tú qué concepciones apoyarías?


Imagen: http://www.tribunadeloscabos.com.mx/tag/pgje/

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