Mirarnos

Por Miguel Téllez

 

Se suele creer que los humanos somos una especie egoísta y violenta, que no nos interesa el porvenir de los demás. Imaginen decirle esto a un ser humano desde su infancia; es probable que crezca dudando de todos, o bien, que la experiencia le enseñe que aquella suposición puede ser falseada mediante ejemplos. ¿Y por qué escribo esto? Porque me parece importante señalar que necesitamos de los demás, que es probable que nunca seamos absolutamente independientes, por tanto esto implica que debemos poseer ciertas disposiciones para hacer la vida menos desagradable y violenta.

Hay diversas teorías que nos dan herramientas para lograr –de alguna manera– la implicación que mencioné líneas arriba. Por mencionar algunas: pueden ser teorías éticas como el estoicismo o la teoría de las virtudes de corte aristotélico; también hay teorías políticas filosóficas como el republicanismo, el humanismo cívico y el liberalismo –pienso en autores como Rawls, Amartya Sen o Martha Nussbaum–. Sin embargo desde hace tiempo recibí la sugerencia de leer a Frans De Waal, un primatólogo.

Al inicio mencioné tres características que se suelen predicar de los seres humanos; De Waal critica esas suposiciones. La manera en que aborda las críticas –con su mirada de primatólogo y biólogo frente a argumentos de filósofos– es un ejercicio interesante. A continuación presentaré la manera de responder de De Waal frente a las tres características ya señaladas al principio. Al final diré por qué le presento al lector esta postura.

Todos hemos escuchado el famoso “Homo homini lupus”, un proverbio hobbesiano que significa “El hombre es un lobo para el hombre. Mucha gente cree que el egoísmo hace crecer a los humanos –lo que sea que eso quiera decir–. Algunos afirman que el egoísmo es propio de nuestra evolución; esta suposición va de la mano con la creencia de que no tenemos razones suficientes para preocuparnos por el porvenir de los demás. En el caso de ser egoístas, se justifica el hecho de que no ayudemos a los débiles. Lo anterior encaja como la última pieza del rompecabezas con nuestras actitudes violentas: dado que somos egoístas y por ello no ayudamos, es probable que para conseguir algo que buscamos pasemos por encima de otros, implique violencia o no. Esto nos orilla a hacerle caso a esa tesis que susurra a nuestro oído diciendo que desde que el hombre pisó la Tierra, todo es conflicto y por eso hay guerras.

De Waal nos cuenta sobre un experimento que realizó John Watson hace varios años. Watson creía que el amor maternal frenaba nuestro instinto de lograr cosas, que sólo produce debilidades y complejos de inferioridad[1]. Emprendió la lucha contra el mal del “bebé besuqueado”[2]. Cuando psicólogos revisaron a huérfanos mantenidos de manera aislada, que nunca recibieron abrazos, besos ni cosquillas, los resultados fueron terribles. Nos dice De Waal que su apariencia era de “(…) zombies, tenían la cara inmóvil y los ojos muy abiertos, inexpresivos.”[3]. Esos niños ni siquiera eran resistentes a enfermedades, la mortalidad por éstas era casi del 100%.

Debido a su formación, De Waal realizó comparaciones de humanos con chimpancés, bonobos y otras especies, ya que son parientes nuestros. Dada nuestra condición débil frente a depredadores en lugares hostiles, la convivencia fue la mejor arma de nuestros antecesores. Imaginen lidiar con depredadores nocturnos: “(…) la noche estaba reservada para los cazadores profesionales.”[4]. Una vez que nuestros antecesores se reunieron, entendieron que era mejor crear lazos entre las comunidades que la violencia, de ahí se prueba que no siempre hemos estado en conflicto o en guerra. De Waal sugiere que estas actitudes bélicas surgieron cuando apostarle a la violencia no traía consecuencias peligrosas para los que poseían un rango jerárquico alto.

Ahora, regresando al experimento de Watson, éste refleja que si fuésemos egoístas y una especie de cazadores que se debe moldear con actitudes rígidas –nada de besos ni cosquillas–, esos niños hubieran sido “superiores” pero no fue así. Sin duda necesitamos de otros cuando somos pequeños, por lo tanto, no nos da igual el porvenir de otros.

Hoy las condiciones son distintas, de eso no hay duda. Cuando hablamos de preocuparnos por los demás podemos referirnos a personas de nuestro país o de otro país que tal vez nunca visitaremos. Hoy nos preocupamos por las libertades individuales y eso nos orilla a olvidar ideas como el “bien común”. Alguien dirá que no todos son así, sin embargo tampoco todos se detienen a pensar en cuestiones de este estilo.

En alguna ocasión un profesor nos contó de un hecho científico: hay cosas que si no aprendemos antes de los 25 años, más tarde nos costará más trabajo o ya no las aprenderemos. No son cuestiones “intelectuales”, para eso podemos arreglárnoslas; se refiere más bien a actitudes como interesarse por los demás, ser razonable o tolerante, por decir algo. Incluso nos contó que podemos llegar a los 50 años y seguir pensando en aquella persona que nos rompió el corazón terriblemente antes de los 25 (seguirá siendo nuestra referencia cuando pensemos en el amor).

Ahora bien, si eres irracional o sigues interesándote en la vida de otros, no será fácil que cambies esas actitudes dañinas. Lo mismo pasa con las sugerencias de De Waal, pues en ocasiones creemos que somos invencibles y que no necesitamos abrazos ni cosquillas como los bebés besuqueados, pero es falso, hay que mirarnos bien para entender que somos frágiles. De igual manera, si creemos que no necesitamos del otro –que no conocemos–, que sólo la vida individual tiene sentido porque es la que nos atañe a cada uno, estamos perdidos. Hoy no tenemos miedo de extinguirnos porque somos millones en muchos lugares, pero sólo veamos los desastres naturales que hemos vivido y la solidaridad que surge: claro que nos importan los demás, y si fuésemos menos, nuestra especie estaría en peligro de extinción.

 


 

[1] Ver., De Waal, Frans, La edad de la empatía, {Trad. De Ambrosio García Leal}, Tusquets Editores, España, 2011, p.29.

[2] Ver., Idem.

[3] Idem.

[4] Ibid., p.36.

Imagen de: http://www.pixelbusters.es/2013/06/you-never-walk-alone/

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.