México: en el desprecio por los Derechos Humanos

Por Ángel Arce

No es secreto que en México, existe una grave crisis de Derechos Humanos, con extrañamientos incluso internacionales hacia el Estado mexicano por parte de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), y ahora incluso los de la candidata a la Presidencia de los Estados Unidos de América por el Partido Demócrata, Hillary Clinton al respecto, es evidente que los casos de violaciones sistémicas a estos derechos universales han impactado negativamente en la opinión pública internacional, pero sobretodo, han transformado negativamente la vida de los más de 120 millones de mexicanos que hoy en día se sienten temerosos e inseguros incluso en sus propios domicilios. Casos emblemáticos como la desaparición de “Los 43” estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotizapa y las ejecuciones extrajudiciales sucedidas Tlatlaya en el Estado de México y Tehuanto en Michoacán (entre muchos más casos) dan testimonio de que para las autoridades de los tres niveles de gobierno en el país hoy, la protección y fortalecimiento de los Derechos Humanos ha pasado a último término.

El desdén de las autoridades (por muy dramático que esta afirmación “suene”), por las libertades y derechos de la población en general, no es noticia nueva, sin embargo, el desdén de una parte de la sociedad por los derechos humanos de otros sectores, es una noticia sumamente preocupante que nos debería ocupar en analizar y en conjunto resolver a través del diálogo, la libertad de expresión y el Estado de derecho. Recientemente un movimiento aparentemente social, pero de trasfondo religioso, ha pugnado a nivel nacional por la “defensa de la familia”, manifestándose por medio de un discurso de odio, intolerancia y discriminatorio en contra la posibilidad de que personas del mismo sexo, puedan contraer matrimonio y formar una familia legalmente. En nuestro país, así como en otras partes del mundo, el matrimonio igualitario es legal ya, recordando que sustentado bajo el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos,¹ que versa que; “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio”, éste es inatacable y aceptable en todo Estado laico tal y como lo es el Estado mexicano. Con el aval constitucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y con la Ciudad de México como el epicentro del avance progresista en favor de los derechos y libertades, ningún grupo social debiera pugnar por cuartar el goce pleno de estos ejes fundamentales para el desarrollo de una vida feliz y digna a ningún compatriota o ser humano, por lo que con toda claridad, las manifestaciones discriminatorias del Frente Nacional por la Familia, son inhumanas, inconstitucionales y totalmente condenables.

A pesar de escudarse en la libertad de expresión, las acciones del Frente por la Familia, buscan a partir de pensamientos religiosos que deberían practicarse en privado y personalmente, condenar la vida de millones de mujeres y hombres que, no sólo por su orientación sexual, sino por su decisión de vida, (recordemos que las familias conformadas sólo por una madre o un padre, integran entre 16% y 18% de las familias en México por lo que este movimiento en vez de defender a la familia como núcleo de la sociedad, la están atacando) buscan conformar familias diversas y plurales que sin duda, son reflejo de las características de la nación mexicana desde sus cimientos. El país cursa una de sus perores etapas históricas, la violencia, odio, pobreza, injusticia y desigualdad, se han profundizado como nunca antes, y es por ello, que necesitamos conformar una sociedad que en vez de luchar en contra de los derechos humanos, luche por enaltecerlos, fortalecerlos y hacerlos valer antes las autoridades que se han olvidado de ellos, alejarnos del oscurantismo ideológico religioso y político, garantizar que a partir de la pluralidad, podamos construir un país más desarrollado, justo e igualitario, pues estas son las características de las grandes naciones del mundo.

Enaltecer y luchar por los valores progresistas que pugnan por el humanismo, la justicia, la libertad y la equidad de ninguna forma es un retroceso ni una afrenta a la forma de vida de las familias mexicanas, al contrario, es una forma de garantizar el desarrollo de una vida feliz y plena para todos sin importar su color de piel, religión, orientación sexual, nivel socioeconómico y capacidades físicas, transformar el pensamiento colonial (que Pablo González Casanova señala en su libro La Democracia en México como uno de los principales lastres del país al contener a partir de preceptos conservadores la tendencia discriminatoria hacia grupos sociales específicos, sobre todo los de mayor vulnerabilidad) es transformar el destino de la sociedad mexicana, y no hay quien tenga mayor poder de transformación, que la sociedad misma, reconocerlo así, garantizará acciones de esperanza y patriotismo que en estos tiempos de necesidad podrían convertirse en historia.


¹Declaración Universal de los Derechos Humanos Artículo 16: http://www.un.org/es/documents/udhr/


Imagen: http://www.ambienteg.com/general/mexico-reconocera-matrimonio-gay/

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