Memorias

Por Guillermo Alvarado

Raymundo se terminaba de vestir mientras Teresa salía de bañarse, un par de meses atrás cumplieron tres años de casados.

 

Raymundo: ¿Te gustaría ir al teatro mañana?

Teresa: -asiente con la cabeza y añade- Sí, claro. ¿Que obra están montando?

R: -mirándose al espejo mientras se peina- No tengo idea, pero podemos llegar y que el azar nos sorprenda ¿no crees?

Silencio

T: Supongo que sí. ¿Pasas por mi al trabajo? (Ricardo no dejaba nada al azar, planificaba todo, incluso en la intimidad.)

R: -se detiene de arreglarse el cabello- No estoy seguro de que pueda pasar por ti, estaba pensando en que podríamos encontrarnos directamente en el teatro. ¿No crees? ¿o no?, claro que también puedo pasar por ti, no es que sea un inconveniente.

T: No, no, tienes razón mejor allá te veo.

R: No mejor paso por ti, y de allí…

T: No, te veo allá, tengo que terminar un informe y para no presionarme mejor te veo allá. (a Ricardo no le importaba esperar o llegar tarde lo importante era pasar tiempo juntos.)

R: Ok, entonces te veo allá. (Sonia era más independiente o despegada, no necesitaba que la acompañase constantemente.)

R: Si gustas podemos comer saliendo del teatro. -termina de arreglarse el cabello y vestirse la camisa-

T: No se, vemos al salir. Ya sabes que no me gusta comer en cualquier lado. (Ricardo conocía muy buenos lugares para comer y pasarla muy bien.)

R: Claro pero podríamos ir a algún lado que te guste (a Sonia le importaba más el tiempo juntos que el lugar donde lo pasábamos.)

T: Sí claro, lo vemos. – se ve al espejo que acaba de desocupar Raymundo y comienza a arreglarse el cabello y maquillarse.

Silencio.

R: Estoy listo, te espero en la cocina voy a preparar café.

T: Está bien, no tardo -le respondió sin ánimos y continua arreglándose con tranquilidad-

En el auto.

-ambos se miran, con la misma tensa tranquilidad que les sigue m la habitación-

R: Creo que la idea del teatro fue tonta.

T: ¿Por qué dices eso? ¿No te estás arrepintiendo verdad? (típico, Ricardo lo que decía lo hacíamos, a veces incluso en contra de mi opinión…)

R: No, pero quizás debí pensarlo mejor, quizás al llegar no haya boletos, daríamos la vuelta en vano.

T: No creo, no te preocupes, vamos y vemos qué pasa.

R: Supongo…(Sonia encontraba aventura en todo lo que hacíamos, no era un problema no tener un plan no era un fracaso que las cosas no resultaran, lo hacía ver más sencillo)

Silencio

El auto se vuelve un campo minado, a cada semáforo explotan más y más recuerdos acompañados de comparaciones, al dar vuelta en una calle, Raymundo se torna en Sonia, y Teresa en Ricardo, la carne se transforma y el sexo se contrapone, Raymundo que va al volante es ahora Sonia, y Teresa ahora convertida en Ricardo la observa, la mira con desaprobación, la minimiza por, según ella, tener ideas liberales y patéticas en el mundo real, la observa con su figura menuda y su cabello castaño, y la odia porque está siempre allí, siempre que mira fijamente a Raymundo, Raymundo por su parte, maneja torpemente, a veces se olvida de anunciar sus cambios de carril o sus vueltas, y de reojo mira a su lado, se topa con la imagen de Ricardo, más joven que él, más diestro para los autos y el baile, pero sobre todo más hábil para el amor, el amor de Teresa en particular, y seguramente con muchas más, Ricardo es la sombra que siempre le sigue, siempre que recibe un comentario dulcemente adornado pero malintencionado de Teresa, siempre que reprueba una de sus ideas o sus actos, siempre esta allí detrás de ella, tomando a Teresa por los hombros o la cintura, siempre allí, susurrando algo, en total silencio y ahora también está allí, sentado a su lado, el maldito perfecto de Ricardo.

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