Melancolía

Por Teolinca Velázquez

“Tristes fuimos bajo el sol que el aire dulce alegra” -Dante Alighieri.

Dicen que los millenials somos la generación de la melancolía; que porque hemos nacido y crecido en una era de constante cambio. Una era en la que, citando a Gramsci, lo viejo no se acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer; el antiguo orden preestablecido ha demostrado vacíos incapaces de cubrirse, vacíos que dejan a los jóvenes en una sensación de incertidumbre, añorando el pasado infantil sin preocupaciones: “Cuando las cosas eran más sencillas”; “Cuando no había que tomar decisiones”; “Cuando eramos libres.”

En otros tiempos, cuando nuestros padres tenían nuestra edad, la vida tenía muchos cambios pero eran concebidos no como agresiones sino como progreso. Al terminar la escuela, muchas veces desde antes, se comenzaba a laborar en un trabajo estable en el que se esperaba durar un tiempo considerable para acumular los beneficios necesarios; la vida era segura, confiable, las decisiones que se tomaban eran en función de la estabilidad, nada realmente malo podía suceder.

En estos tiempos nosotros no tenemos nada claro. Terminamos la escuela si logramos estudiar en el tiempo determinado, porque ya ni la educación está garantizada; ¿Y luego qué? ¿Un trabajo? Obtener un empleo tampoco está garantizado y el empleo que consigamos, si conseguimos uno, no será por mucho tiempo porque ni tenemos el deseo echar raíces ni obtenemos beneficios por echarlas. La vida es volátil, incierta, insegura, ¿Qué puede salir mal? Todo, absolutamente todo.

Como resultado tenemos entonces a una generación asustada, insegura, indecisa, melancólica. Añoramos entonces los tiempos infantiles,cuando la seguridad de nuestros padres se extendía hacia nosotros, ¿Qué podía salir mal cuando ellos están seguros en todo? Añoramos un pasado en el que no estábamos presos por las exigencias de esta época que apenas se estaba formando. Nos imaginamos siendo niños, corriendo libres sin presiones por espacios verdes, quizá hasta rurales, que ahora la masa urbana ha absorbido.

Esta melancolía se manifiesta también por esa sensación en masa que se ha generado alrededor de los artefactos que guardan alguna reminiscencia del pasado. Los millenials hemos crecido con ese constante cambio: beta, vhs, dvd, blu ray, por ejemplo; nuestros tesoros de la infancia se encuentran más allá del olvido y pasados de moda, avejentados. Nos encontramos así en un constante duelo por aquellas cosas que van quedando atrás rápidamente.

Pero la melancolía también se ha convertido en un obstáculo que nos impide liberarnos de esta sensación de incertidumbre. Añorar el pasado es también una razón para no echar raíces en el presente ni mirar con confianza al futuro. El pasado se ha vuelto se ha vuelto una pesada carga en nuestra espalda amarrada con fuertes lazos que llamamos “melancolía”. Necesitamos comenzar por cortar esos lazos, cortar esos episodios melancólicos para poder salir de ese círculo vicioso; comenzar a sentir más aprecio por las circunstancias actuales y generar una mayor confianza por la temible incertidumbre de lo que ha de ser.


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